Esperando a Syriza(s)

La Coalición de la Izquierda Radical cumple cien días al frente de Grecia volcada en las medidas contra la austeridad. Sin ministras pero con mujeres en puestos relevantes, pide tiempo para implementar las políticas de género incluidas en su programa. ¿Acaso ahora tampoco es el momento?
Mª José Comendeiro.

Mª José Comendeiro.

– ESTRAGON[1] (renunciando de nuevo): No hay nada que hacer.
– VLADIMIR: Empiezo a creerlo.
(Silencio)

Fryganas vive en Madrid. Por sus venas corre sangre compartida, la azul y blanca de su madre griega junto a la roja y amarilla de su padre español. Nunca antes había votado en Grecia. Simplemente cree que, esta vez sí, es el momento. El de “cambiar completamente el panorama político”. Enero de 2015 se despide. En desempleo y realizando un máster de Filosofía, Fryganas no quiere renunciar a participar en ese cambio aunque se sepa condenado. Sin ir más lejos, por el coste de los billetes de ida y vuelta.

Se juega su última carta, apenas 24 horas antes de la apertura de los colegios electorales, en una campaña de crowdfunding para recaudar fondos. “Me fui a dormir pensando que no podría ir, buscando cómo deshacer el chiringuito que había montado”. Los apoyos aparecen en el último momento.

El avión aterriza en el Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos. Trece horas y cuarenta minutos por delante. Fryganas se siente parte de quienes han ganado. “Soy contrario a la austeridad y al sufrimiento causado. Me parece escandaloso poner toda la carga del sacrificio en las capas más bajas de la sociedad. Hay otras formas de hacer economía y política”, explica. Y los argumentos se le agolpan: representantes cualificados y eficaces, readmisión de funcionarios, electricidad gratuita para las personas en exclusión social, talante negociador, austeridad no para la gente sino para los viajes oficiales, un gesto reivindicativo de soberanía frente a la “humillación” de la Troika…

¿Y las mujeres? Admite que no había caído en ello. “De hecho, creo que la mayoría de los votantes de Syriza no han prestado mucha atención a las políticas de género”, responde. La pregunta cae como una losa sobre el partido de la izquierda radical (de raíz) griega, a cuyo líder, Alexis Tsipras, le basta un día para anunciar la composición del nuevo Ejecutivo: doce hombres y ninguna mujer. Como antes, la Grecia Clásica y sus ciudadanas de segunda categoría, como hoy y el ahora no toca, como siempre. Las críticas acechan desde todos los frentes posibles, desde dentro y desde fuera del país, desde la prensa y desde las redes (los hashtag #SinMujeresNoHayDemocracia y #TsiprasMachista inundan Twitter), desde la derecha y desde la izquierda.

¿No hay griegas capacitadas para liderar un ministerio? ¿Ninguna? ¿Por qué es importante que las mujeres estén también en la primera línea política? ¿Con cuántas ministras hubiera sido suficiente? ¿Acaso es sólo una cuestión de número? ¿Es posible desactivar las proclamas neoliberales contra las que supuestamente clama Syriza sin políticas de género? ¿Qué lugar deja la esperanza griega por la izquierda a las voces de las mujeres, los feminismos y los colectivos LGBT? ¿Tiene la formación nombres capaces de presentar una agenda transformadora? ¿Acaso ahora tampoco es el momento?

– VLADIMIR: ¿Los de siempre?
– ESTRAGON: ¿Los de siempre?
(Silencio)

Un partido neonato para una alianza con solera. Así es Syriza[2]. Sus raíces se remontan a la década de los años 90 y a una decena de grupos con matices ecologistas, maoístas, trotskistas, eurocomunistas y euroescépticas. Su primer hito fueron las legislativas de 2007, cuando la Coalición de la Izquierda Radical se erigió como la gran sorpresa con el 5,04 por ciento de los sufragios. Después llegaron los comicios de 2012, ya en plena crisis global, que hicieron temblar el bipartidismo monopolizado por el centro-izquierda del Pasok y el centro-derecha de Nueva Democracia.

La imposibilidad de estos últimos para para formar un Ejecutivo estable obligó a repetir las elecciones un mes más tarde. “El entusiasmo entre la gente es enorme”, dice la socióloga Christina Kourkoula, integrante del consejo editorial del periódico feminista griego Το Μωβ (Morado, en griego). Hasta aquí la historia más conocida. Pero ¿quién y qué es Syriza por dentro?

El primer paréntesis es que hay liderazgo más allá del líder… aunque relativo. La coalición eligió en su congreso fundacional de 2013 a Tsipras como cabeza de lista con el 74,04 por ciento de los votos, frente al 4,69 por ciento que cosechó la histórica feminista Sissy Vovou.

Analizado con lupa, su consejo político refleja una cuota femenina que ronda el 16 por ciento (si bien el mínimo establecido por las estructuras es de un tercio). Mientras que en su representación en las Cortes, el 30 por ciento son mujeres; es de facto el grupo parlamentario con mayor número de mujeres (45) en una Cámara de 300 escaños y 68 diputadas, es decir, el 23 por ciento. Así lo recoge la base de datos Quota Project[3] para un país que, antes de la llegada de Syriza, ya ocupaba los últimos puestos en la lista paritaria que elabora el proyecto Politikon[4] con los países considerados desarrollados. Esta lectura detenida también enseña que el programa político[5] de Syriza incluye expresamente la “igualdad salarial” y que la Coalición tiene varias a mujeres en cargos de responsabilidad. Entre los nombres más destacados está la abogada Zoe Konstantopoulou, presidenta del Parlamento, la tercera autoridad del país.

También la histórica excomunista Nadia Valavani, primera ministra adjunta en el Ministerio de Finanzas (mano derecha por tanto de Yanis Varufakis); la especialista en igualdad de género Rania Antonopoulou, ministra adjunta en el de Trabajo; la activista por los derechos humanos Tasia Christodoulopoulou, vicepresidenta en el de Inmigración y con la tarea de extender la ciudadanía a los hijos e hijas de inmigrantes nacidos en Grecia; la inmigrante búlgara y sindicalista Konstantina Kuneva en el Parlamento Europeo; y Elena Kountoura, viceministra de Turismo. Una más: Rena Dourou, que gobierna la región más poblada de Grecia, Ática, donde vive el 40 por ciento de la población.

La siguiente parada la dictamina su logotipo, una suerte de triple bandera roja (izquierda), verde (ecología) y morada (feminismo), coronada por una estrella de cinco picos representando la unidad. Es la simbología de una opción que presume de ser más inclusiva que el resto de formaciones griegas y así se lo reconocen sus votantes: “Siempre van a favor de la igualdad, de los derechos de las mujeres y de los homosexuales. Se expresan contra el comportamiento machista. Y en su interior hay feministas”, explica la ateniense Faidra.

Ella también votó por Syriza. Como tantas otras ellas, la mitad de la ciudadanía griega (en concreto el 51 por ciento del censo electoral). Y es que el cinco por ciento más de mujeres que de hombres confió sus sueños a las promesas de Tsipras, asegura basándose en diversos estudios la socióloga Kourkoula. Las más visibles, las 595 trabajadoras de la limpieza del Ministerio de Finanzas, despedidas en 2013 para poner sus puestos en manos de una subcontrata privada. Sus guantes rojos reivindicativos, puño apretado en alto, acapararon el interés mediático.

Se despertaron con un triunfo que hoy dudan si es también el suyo. “Duele que nos hayamos alegrado tanto, (…) para ahora darnos cuenta de que quizá esa victoria no sea tan nuestra como pensábamos. Es posible que los griegos recuperen su dignidad y la capacidad de decisión sobre sus vidas. (…) Pero si eso nos deja fuera a las mujeres, para nosotras no habrá valido la pena, aunque suene duro”, escribía desde la distancia la escritora y feminista española Beatriz Gimeno[6]. “No hay demasiado progreso”, sentencia indignada Kourkoula.

– VLADIMIR: ¿Y si nos arrepintiésemos?
– ESTRAGON: ¿De qué?

– VLADIMIR: Pues… (Piensa) No sería necesario entrar en detalles.

La remuneración de las griegas es de media el 25 por ciento más baja que la de sus compañeros. Sufren la violencia machista, una lastra que no cesa. La prostitución, como solución ante la situación laboral, ha subido un 1.500 por ciento durante la crisis, confirma el Centro Griego para la Investigación Social[7]. Mujeres. Las principales víctimas de la crisis, a priori la misma que denuncia Syriza. “Los problemas son múltiples y han afectado más a los eslabones más débiles de la sociedad, o sea, a las mujeres, los inmigrantes y los homosexuales”, explica Faidra

Syriza sólo puede entenderse plenamente como parte de la sociedad en la que ha crecido. Una sociedad tradicional, patriarcal y machista influenciada por la religión ortodoxa, coinciden las fuentes de este reportaje. Tres ejemplos: no hay una ley que favorezca la igualdad de géneros, las uniones civiles de personas del mismo sexo no están reconocidas y el propio Tsipras afirmó que la adopción por parte de parejas LGBT es una cuestión “científicamente controvertida”, si bien más adelante ha matizado sus palabras.

La letra pequeña recuerda que la victoria de Syriza no fue absoluta. Le separaron dos escaños de la mayoría absoluta, distancia que salvó pactando con Griegos Independientes (ANEL), un partido nacionalista y conservador, abiertamente antiabortista[8]. Este acuerdo “ha sido un punto de preocupación para muchos votantes y también para las feministas, pues se trata de una formación con fuerte visión patriarcal sobre la mujer, la familia, la nación y los homosexuales. Pero entendemos que era necesario que Syriza pudiera hacerse cargo del Ejecutivo”, aclara la socióloga Kourkoula.

“El camino contra la austeridad es muy apreciado por las mujeres”, añade. Como sin decir diciendo, Syriza les ha pedido tiempo. Tiempo para solucionar primero el problema de la deuda, para el que han conseguido una prórroga hasta el 30 de junio. Tiempo para centrarse en lo que consideran su prioridad absoluta, algunos denuncian que la única: acabar con esa austeridad que ahoga a su gente.

Syriza, esa coalición de corrientes a la que se ha sumado ANEL, a la que amenazan los actuales tiempos y a la que escrudiñan desde Europa, empezando por Alemania, pretende cuadrar el círculo dejando para otro momento las políticas que no saben a deuda, las que no huelen sólo a troika. Después de cien días de gobierno, en esa espera a regañadientes están los feminismos. Lo condensa Kourkoula: “Es demasiado pronto para saber qué va a pasar en la práctica. Por el momento el nuevo gobierno está luchando realmente duro contra la senda de la austeridad. Confío en el futuro cercano”.

– ESTRAGON: Vayámonos.
– VLADIMIR: No podemos.
– ESTRAGÓN: ¿Por qué?
– VLADIMIR: Esperamos a Godot.
– ESTRAGON: Es cierto. (Pausa)
¿Estás seguro de que es aquí?


J. Marcos y Mª Ángeles Fernández son periodistas freelance, especializados en temática internacional. www.desplazados.org

Artículo publicado en el nº65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.


NOTAS:

  1. Estragon y Vladimir son los dos protagonistas de Esperando a Godot, la obra teatral de Samuel Beckett que sirve como estructura de fondo para este reportaje.
  2. Página web en inglés de Syriza: http://syriza.net.gr/index.php/en/
  3. Perfil de la República Helénica, según la base de datos global de cuotas de mujeres Quota Project: www.quotaproject.org/es/uid/countryview.cfm?id=89
  4. Claveria, Silvia: “La baja representación de mujeres en los gobiernos: factores explicativos y una ¿solución?”, en Politikon, 18/11/ 2014. Ver en http://politikon.es.
  5. El programa de Syriza para las elecciones generales griegas de 2014: www.izquierda-unida.es/sites/default/files/doc/programa_syriza.pdf
  6. “Gimeno, Beatriz: “Decepción”, artículo publicado en Eldiario.es el 27/01/2015.
  7. Versión inglesa del Centro Griego para la Investigación Social: www.ekke.gr/index.php?lng=en

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