El impacto de la caída del precio del petróleo en el contexto de América Latina

El crecimiento económico registrado en América Latina en las últimas décadas y la inversión en políticas sociales han permitido que la región avance en diversos indicadores de desarrollo humano, hasta el punto de que algunos países de la región ya han podido cumplir con las metas fijadas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Millones de personas salieron de la pobreza extrema gracias al acceso a la educación, el empleo, la vivienda o la salud, inversiones sociales que, en mayor o menor medida, se cubren mediante unos ingresos procedentes de la extracción energética que se han visto severamente afectados por la caída del precio del petróleo.

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Las economías de América Latina han sido históricamente dependientes de unas materias primas que, en función de su cotización en los mercados internacionales, han podido generar ciertos periodos de auge económico o, al contrario, llevar a la ruina a un país entero como consecuencia de la caída del precio del café, el cacao o el banano. La disminución de la dependencia de las exportaciones de productos tradicionales y la diversificación productiva han marcado la estrategia de la mayor parte de los gobiernos de la región, pero la realidad es que, a día de hoy, el papel de los países periféricos en la economía global sigue siendo esencialmente el mismo.

América Latina cuenta con el 20% de las reservas mundiales comprobadas de crudo. México, Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia son los principales países exportadores de petróleo de la región, aunque con diferentes políticas energéticas. Mientras que México y Colombia apuestan por la privatización del sector y ceden la explotación de sus recursos energéticos a empresas transnacionales; en Venezuela, Ecuador, Argentina y Brasil son las empresas estatales las que realizan la explotación del recurso petrolero (en el caso de la brasileña Petrobras, también con participación privada).

El alza del precio del petróleo en la última década permitió un notable incremento del Producto Interior Bruto (PIB) en los países que habían nacionalizado el sector y que, por tanto, recibían directamente los ingresos de la exportación de crudo. En el caso de Venezuela, la renta petrolera ha sostenido el gasto público realizado a través de las Misiones Socialistas, en las que se incluyen la Gran Misión Vivienda, Misión Rivas, Mercal, Madres de Barrio o Barrio Adentro, que han logrado reducir las brechas sociales y a las que se ha destinado un 18 por ciento del PIB.

El cambio de matriz productiva y la transición hacia un nuevo modelo no dependiente del petróleo marcan la estrategia para lograr el Buen Vivir o Sumak Kawsay en el Ecuador, pero lo cierto es que los ingresos procedentes de la extracción petrolera continúan siendo fundamentales para el país de la región con mayor gasto público en relación al PIB. Tanto es así que desde el propio gobierno se justifica la explotación de crudo de reservas naturales, como la del Yasuní, como medio para obtener los recursos necesarios que permitan acabar con la pobreza en el país.

El precio del petróleo llegó a unos mínimos históricos que rebasaron las previsiones más pesimistas. Durante 2014, el precio del barril WTI (en el que se vende el petróleo ecuatoriano) se mantuvo a unos cien dólares por barril antes de que se produjera el desplome de los precios. Hoy, el mismo barril cotiza a menos de 56 dólares, lo que significa que el estado dejará de percibir cerca de 20.000 millones de dólares por ingresos petroleros.

Pronóstico incierto y dependencias

El derrumbe del precio del barril en los últimos meses ha venido provocado por diversos factores, como la caída de la demanda global, consecuencia de ralentización económica, y el aumento de la oferta procedente de Estados Unidos o Rusia, que a través de la técnica del fraking han podido incrementar la producción y, por tanto, la puesta en circulación de millones de barriles. Aún se desconoce cuál será la evolución del mercado y no hay pronósticos claros sobre la recuperación a los niveles de los últimos años, lo que crea aún una situación más compleja que genera imprevisión para los países dependientes.

La reducción de la previsión de ingresos ha dado un duro golpe a la planificación del gasto y la inversión social en países como Venezuela o Ecuador, pero, en el caso de este último, la crisis petrolera coincide con la apreciación del dólar, algo que, en palabras del presidente de la República, Rafael Correa, tiene consecuencias más graves para el país, con una economía dolarizada desde hace quince años.

El fortalecimiento de la moneda estadounidense en un 27 por ciento ha supuesto el encarecimiento de los productos ecuatorianos dirigidos a la exportación y el abaratamiento de aquellos que entran desde el exterior, especialmente, los de los vecinos Perú y Colombia, cuyas monedas se han visto devaluadas. Con una economía dolarizada que impide tomar medidas en relación a la moneda, el país se ve en una difícil situación que incluso podría conllevar consecuencias de carácter político.

Con el fin de frenar la salida de dólares y favorecer la entrada de la moneda, el gobierno impuso hace unas semanas salvaguardias arancelarias sobre el 32 por ciento de las exportaciones con sustitos nacionales, una medida temporal que se mantendrá por un periodo de quince meses y que ha servido a los movimientos y partidos opositores como argumento de ataque al gobierno. Aunque las asociaciones patronales preveían un incremento de la inflación, los precios se han mantenido estables e, incluso, algunos sectores productivos nacionales se han visto beneficiados al tener que aumentar su oferta.

Desde el gobierno ecuatoriano no se niega el impacto que está suponiendo la caída del precio de un rubro que conforma más del 50 por ciento de las exportaciones y, en caso de que continúe la bajada, se prevé la revisión en el Programa Anual de Inversiones (PAI) y la reducción del gasto de inversión, “lo que significa menos inversión y menos empleo”, en palabras del presidente Correa.

El caso de Venezuela

El presidente Nicolás Maduro visitó varios países pertenecientes a la OPEP para tratar de poner en marcha una estrategia que lograra frenar la caída y estabilizar la situación de los hidrocarburos. Venezuela es, junto a Rusia e Irán, uno de los países con mayor vulnerabilidad a este desplome y, no por casualidad, el presidente venezolano vio en la caída de precios una estrategia de Estados Unidos para desestabilizar y llevar a la crisis económica a estos países y, a su vez, debilitar a la OPEP.

Aunque los ingresos por la venta de crudo proporcionan a Venezuela un 90 por ciento de sus divisas, desde el gobierno se asegura que la reducción de la entrada de moneda (sólo en el mes de noviembre se perdió un 30 por ciento de los ingresos en dólares) no afectará al desarrollo económico del país, ya que aseguran contar con los recursos necesarios para mantener las misiones sociales insignia del gobierno bolivariano.

Diversos expertos prevén que la situación creada en el mercado del crudo conducirá a una nueva crisis financiera global, con la probable deflación en las economías de la zona euro, mientras que no existen certezas acerca de la evolución en torno al petróleo. Lo que sí es seguro es que esta situación perfila un nuevo contexto geopolítico global, en el que los países dependientes del petróleo deberán asumir un complicado panorama para evitar que los notables avances sociales sostenidos por el gasto público se vean amenazados.


Mª Cruz Tornay forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. Actualmente reside en Quito (Ecuador).


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