Experiencia

Crea Banda Sonora irrumpe en la educación musical

Todos tenemos una banda sonora, la banda sonora de nuestra vida, compuesta por aquellas canciones o melodías que nos evocan momentos importantes y casi siempre emotivos de nuestra existencia. Son melodías que se fijan en la mente para siempre y que al escucharlas producen en nosotros un salto automático en el tiempo y en el espacio, porque el poder evocador de la música es más que potente, es imponente.
Fotografía: Alberto Diéguez Trigo (2º Bachillerato,  IES Peñalba, Chiloeches-Guadalajara).
Fotografía: Alberto Diéguez Trigo (2º Bachillerato,
IES Peñalba, Chiloeches-Guadalajara).

No sé si ésta fue la causa o no de llamar CBS Crea la Banda Sonora de tu Vida al proyecto de innovación educativa y musical que desde el curso pasado desarrolla un cada vez más nutrido grupo de profesores de dicha asignatura en sus aulas de secundaria, y este curso también de primaria, en Castilla La Mancha. Habría que preguntárselo, quizás, a los dos artífices y gestores de la idea, Antonio Domingo y Óscar Ávila, dos grandes músicos con éxito profesional más que probado fuera del campo pedagógico, que consideran que la educación musical es la base de la formación integral del individuo y, por ello, cada uno desde su ámbito, han logrado convencer a la administración regional y al profesorado de música de que ha llegado el momento de demostrar con la práctica, con la realidad y con la puesta en escena, algo que científicamente está más que probado: que la música es necesaria en la educación del individuo, que da igual que vivamos en un país donde su ministro de educación considera que “la educación artística distrae de las demás asignaturas” porque sabemos que está equivocado. Hay, también, que cambiar esa inercia que hace que la mayoría de los padres y madres intenten que sus hijos reciban una educación artística fuera de las aulas aunque ello les cueste un considerable esfuerzo económico, pero no presionan ni exigen que las enseñanzas artísticas y, en concreto, la música, formen parte sustancial de los currículos educativos que cada poco tiempo nuestros gobernantes tienen la manía de modificar, en detrimento, siempre, de las artes.

Pero, ¿en qué consiste realmente CBS? Podríamos decir que el proyecto, que ha recibido ya dos premios (la Fundación A3 Media nos ha otorgado este año el premio en la categoría “Iniciativas que educan” y la administración regional nos ha considerado el “mejor colectivo de profesores del curso 2013-2014”), tiene dos vertientes, una destinada a las y los docentes y la otra al alumnado, las dos con igual importancia y las dos con la misma finalidad.

Es bien sabido que la inteligencia tiene tres grandes vertientes (la emocional, la social y la cognitiva) y que, muy al contrario de lo que piensan las corrientes educativas y sociales más conservadoras, una educación emocional satisfactoria redunda automáticamente en el éxito de las otras dos. Si un alumno está bien emocionalmente y se siente en armonía con lo que está aprendiendo, le gusta, le satisface, y puede compartirlo con los demás, es muy probable que obtenga un rendimiento positivo en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es por ello que CBS propone hacer música en vez de hablar de música. De nada sirven los conceptos teóricos musicales abstractos y los datos sobre historia de la música si los alumnos y alumnas no son capaces de hacer música, de sentirla, de disfrutarla, de compartirla y de desarrollar su mente a través de este lenguaje tan complejo como natural e intuitivo para el ser humano.

Clases-orquesta

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Fotografías: Isabel Duque Colmenero.
Fotografías: Isabel Duque Colmenero.

La manera de conseguirlo es convertir las clases en orquestas/grupos musicales reales. Una orquesta es una agrupación de personas con perfiles y capacidades diferentes que se unen para hacer música juntos. Tocando, cantando o bailando, se activan muchas más funciones cerebrales y muchas más emociones que analizando el hecho musical desde fuera, como mero observador. La esencia del proyecto se basa no en la acumulación de conocimientos, sino en que el individuo, su cabeza, sea estimulado de la mejor y mayor manera posible.

Y la ciencia, pero también la experiencia, nos demuestran que la música es capaz de ello. Si echamos mano de las investigaciones científicas encontraremos las obras de Jordi A. Jauset, Daniel J. Levitin u Oliver Sacks, por poner sólo algunos ejemplos donde se habla de la influencia positiva de la música en el desarrollo de otras habilidades cognitivas, en particular de las relacionadas con el lenguaje, el cálculo, la memoria verbal y el razonamiento temporal-espacial. Pero si recurrimos al empirismo, también tenemos el ejemplo de la Joven Orquesta Simón Bolívar de Venezuela, que lleva varias generaciones sacando a chavales de las calles tocando instrumentos clásicos, algo que, en principio, podríamos pensar que les resultaría ajeno y rechazable.

Una orquesta es algo vivo que interacciona de manera constante. Es verdad que siempre hay una dirección (el papel del profesor o profesora en el aula), pero entre los miembros se repartirán roles de responsabilidad de tal manera que el resultado final sea fruto del esfuerzo y el quehacer de cada uno de sus integrantes. Introducimos aquí un elemento fundamental e innovador en la educación actual, el de lateralidad: sin quitarme yo (docente) le doy espacio a mis alumnos y alumnas; juntos formamos parte de un proceso educativo, pero ninguno somos imprescindibles.

Pero estas orquestas educativas se apoyan también en otros dos elementos que aportan temporalidad al proyecto y que lo acercan al momento social y cultural en el que vivimos: el uso de los dispositivos móviles y de las redes sociales también dentro del aula, dos aspectos que levantan no pocas suspicacias y recelos entre los miembros de los claustros y los equipos directivos de los centros. La gran mayoría de nuestros alumnos disponen de dispositivos móviles con acceso a internet y con posibilidad de utilizar una inmensidad de aplicaciones musicales que suponen un nuevo mundo de posibilidades en la educación musical. En vez de penalizar el uso de los móviles en los centros por sistema, CBS se propone y está consiguiendo utilizar la destreza mayúscula que nuestros alumnos tienen en el manejo del mundo digital para una finalidad educativa. Con estos dispositivos móviles nuestras orquestas pueden tener cualquier instrumento musical que podamos imaginar a golpe de pulgar, además de servirnos como herramienta en el desarrollo de la creatividad a través de la composición, la improvisación o la creación de cualquier tipo de material audiovisual con el que queramos trabajar. De hecho, CBS está siendo en la actualidad objeto de un estudio que la Universidad Autónoma de Madrid está realizando sobre el uso de dispositivos móviles en el aula.

Muchas personas pensarán que estamos jugando con fuego y que es difícil controlar el uso que realmente hacen esos alumnos de los móviles en el aula. La experiencia de año y medio nos demuestra que los alumnos saben perfectamente diferenciar para qué sí y para qué no pueden utilizar su teléfono móvil en clase. Es más, si hacemos música, ¿por qué no compartirla en las redes sociales? Los participantes en el proyecto hemos apostado en principio por algunas de ellas, como Twitter, Edmodo y YouTube, y los resultados son absolutamente satisfactorios. Docentes y alumnado pueden compartir archivos de audio, enlaces a contenidos de interés, dudas e inquietudes, conocer a alumnos de otros centros educativos que trabajan de la misma manera, compartir experiencias y, muy importante, dar visibilidad al trabajo que se hace en el aula. Aparte de los conciertos que se puedan realizar con público a lo largo del curso académico, las redes sociales nos dan la oportunidad de que los alumnos y alumnas compartan con otros miembros de la comunidad educativa, incluidos los padres, aquello que van aprendiendo, aquello que son capaces de hacer.

Docentes que no son islas

Dice el musicólogo, director de orquesta y violagambista español Jordi Savall que la cultura empieza en la escuela y que “si educamos a los niños y a los jóvenes en lo bello, sabrán apreciarlo, disfrutarán con ello y serán más felices en todos los ámbitos de su vida”.

Por eso, el otro gran pilar del proyecto está enfocado hacia las y los docentes, ese colectivo que en palabras de Antonio Domingo “ha vivido durante muchos años sintiéndose profesores-isla” y que es el responsable primero y último del proceso educativo que se desarrolle en su aula. El objetivo es claro y se resume en la siguiente frase: “como es arriba es abajo”. Es decir, que según sea el profesor así son y se comportarán los alumnos. Somos conscientes de que nuestra profesión es muy poco valorada por la sociedad en general y de que las administraciones y las políticas educativas no suelen acompañarnos, pero la realidad final es que el docente es quien se mete en clase con los alumnos y quien tiene que desarrollar la labor educativa en primer término.

Si queremos alumnas y alumnos diferentes, motivados con el aprendizaje y no meros receptores de conceptos que olvidarán una vez terminado el examen, nosotros, quizás, también tengamos que cambiar, que convertirnos en profesores nuevos. Para ello el proyecto conlleva la asistencia a talleres y reuniones tanto presenciales como virtuales donde se intenta que los docentes pierdan los posibles miedos y reticencias a dar un giro metodológico en su trabajo y a desprenderse de las rutinas educativas que muchas veces se quedan en un volcar conocimientos de manera unidireccional. Para ello se trabaja tanto la parte emocional como la cognitivo-formativa del docente. Hablamos pues de saber encontrar soluciones a bloqueos administrativos y educativos, a generar ilusión eliminando la soledad en la profesión y también a complementar el perfil del docente (elaboración y gestión de los roles de los alumnos y alumnas dentro de las orquestas, creación de bases musicales, uso educativo de las redes sociales, conocimiento y uso de las aplicaciones móviles relacionadas con la música o conocimiento e intercambio con otros proyectos de innovación educativa, entre otros).

Los resultados hasta ahora avalan este proyecto, que comenzó siendo el patito feo del Centro Regional de Formación del Profesorado de Castilla La Mancha y que logró ya el pasado mes de junio reunir en el Palacio de Congresos de Albacete a 850 alumnos y alumnas y a 19 profesores y profesoras de diferentes puntos de la región en un concierto de los estudiantes con el músico Carlos Jean.

Este curso académico, el número de docentes participantes asciende a 58 y se prevé que en el concierto final de proyecto que tendrá lugar en el Palacio Multiusos de Guadalajara el próximo seis de mayo intervengan alrededor de 2.500 alumnos de las cinco provincias de la Región. El proyecto ha crecido y ha incorporado novedades este año. La primera de ellas es que se ha ampliado a la educación primaria, y la segunda es que son los profesores y profesoras participantes ya el curso pasado quienes han pasado a tutorizar a los recién incorporados, de tal manera que el proyecto se está ramificando en forma de árbol. Aunque todos los participantes mantienen unas bases de actuación comunes, el trabajo más cotidiano se realiza en grupos de cuatro profesores (tres nuevos y uno veterano), de tal forma que la lateralidad de la que hablábamos antes de las aulas se lleva aquí a cabo también en la formación del profesorado.

Parece que otras comunidades, como Castilla León y Aragón, están interesadas en unirse al modelo. Sólo falta que esta renovación educativa convenza a nuestros compañeros de otras especialidades y que con ello consigamos cambiar la percepción que de la educación se tiene en este país en general y de la educación musical en particular.


Isabel Duque Colmenero es periodista y profesora de música en Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en el IES Peñalba (Chiloeches-Guadalajara).

Artículo publicado en el nº65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.


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