Cosechas para el olvido: los costes ocultos del ébola

La epidemia de ébola no es sólo una crisis de salud pública sino una crisis de seguridad económica y alimentaria aún más alarmante. Los efectos se harán sentir, lamentablemente, durante mucho tiempo después. Repasamos la situación del campo un año después del brote centrándonos en Sierra Leona.

1504_juan-fender_ebola01bLa llamada fue un tanto extraña. La cobertura iba y venía, cosa que la puso nerviosa. Preguntaron por su nombre completo y eso la asustó. “- ¿Sí?” Su hijo había muerto y la frialdad del comunicado la terminó de calar después de saber que no habría entierro. Fue el 2 de octubre del 2014 y para Melanie Genokua, auxiliar de enfermería en el distrito de Kono de Sierra Leona, su vida se desmoronó sin pausa. Cuando su hijo de 17 años cayó enfermó siguió, a sabiendas, todo el protocolo de prevención del ébola que les habían explicado hacía semanas. Y llevó a su hijo al hospital local…

No mucho después de que la muerte atravesara la juventud de su hijo, los agentes de policía, que usaban los vestidos protectores azules sobre sus uniformes de camuflaje, llegaron a su casa en el pueblo de Borbodu. Clavaron una barrera de madera frente a la entrada y les advirtieron que durante 21 días Genokua y sus 15 miembros de la familia tendrían que quedarse dentro. En cuarentena. Literalmente era una prisión de seguridad. Por seguridad.

Detrás de la barrera, Genokua agonizó sobre el trauma inmediato mientras observaba que algunos de sus otros hijos enfermaban, temiendo por sus vidas y la suya propia. Pero también le preocupaba lo inevitable: cómo sacaría a su familia adelante en el caso de sobrevivir.

El arroz es el alimento básico en Sierra Leona y, junto al maíz, prácticamente de todo el continente, por lo que sus siete hectáreas necesitaban ser plantadas antes de que fuera demasiado tarde para la cosecha de la temporada 2015. Aunque ella y su familia tenían las semillas, no podían abandonar la casa para sembrarlas. En una situación similar, pero sin ébola de por medio, los vecinos y vecinas habrían salido a su ayuda, pero la gente no quiere arriesgarse a contagiarse trabajando cerca de una familia que se encuentra en cuarentena. La vida en estado puro.

La mayoría de la población rural de Sierra Leona, un 60 por ciento de los seis millones de personas que conforman esta nación de África Occidental, como la familia de Genokua, comen cada día en gran medida lo que se cultiva en los pequeños huertos. Así que, si la siembra no fue plantada, ¿qué iba a comer su familia?

El arroz del miedo

A pesar de que las tasas de infección del ébola parecen estar estabilizándose en el país, efectos menos visibles y a largo plazo de la enfermedad en las comunidades y la economía están tomando forma. El 17 de diciembre, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) estimaban que 120.000 habitantes de Sierra Leona pasarían a englobar el triste epígrafe de la “inseguridad alimentaria” como resultado del ébola; es decir, que no tendrían los alimentos necesarios ni tampoco podrían comprarlos. Ahora, las cifras son otras. Al alza. En otras palabras, el número de personas en Sierra Leona que han muerto infectadas por el virus, más de 3.800 hasta la fecha, será sólo una fracción de la cantidad que pasará hambre a causa de él.

1504_juan-fender_ebola03bEsto es en gran parte debido a que esta epidemia plantea un dilema casi imposible en este país donde el brote ha tenido el mayor número de víctimas humanas. La prevención de la enfermedad requiere que las personas se distancien entre sí. Pero la agricultura, la sangre vital del país, se basa en personas que se unen. “Si la imagen por excelencia de la agricultura americana es una figura solitaria que monta un tractor o una cosechadora, la imagen en Sierra Leona es el lugar donde decenas de hombres y mujeres usan machetes, palas y sus manos desnudas para trabajar. A medida que se tocan, hablan, y sudan su camino a través de un campo, el trabajo que realizan es inherentemente próximo”, explicaba en el diario The Atlantic la fotógrafa y escritora Lisa M. Hamilton, quien centra su trabajo en comunidades rurales a través del mundo.

En las zonas más afectadas, un incontable número de granjas se encuentran en barbecho porque los agricultores murieron, porque las familias campesinas fueron destrozadas por la muerte, o porque la gente simplemente abandonaron sus tierras; huyeron para escapar de la amenaza de la enfermedad o del dolor de perder a sus seres queridos. Sin embargo, algunas áreas indemnes han luchado: a pesar de que los agricultores han cosechado buenas cosechas de arroz y otros alimentos, muchos han pugnado para venderlos a pesar de que los mercados estaban cerrados y las carreteras bloqueadas.

Efectos del ébola en el campo [1]

En una encuesta publicada en el Banco Mundial alertando sobre los efectos de fondo del ébola, y dirigida por Gallup Organization en asociación con el Liberia Institute of Statistics and Geo-Information Services, se subraya que un 60 por ciento de las mujeres habían dejado de trabajar, que un 80 por ciento de los agricultores del país habían visto reducidas sus cosechas alarmantemente y que el precio del arroz, desde enero, continúa un 40 por ciento más caro que el año pasado. Tres ejes del mal: vulnerabilidad, empobrecimiento e inseguridad alimentaria.

En el caso de Sierra Leona, los datos ofrecidos por el Banco Mundial provienen de Statistics Sierra Leone en colaboración con Innovations for Poverty Action. Apuntaban cifras parecidas a las de Liberia con una problemática aún más alarmante en el sector laboral: un 40 por ciento de los negocios directos o indirectos. La causa de la pérdida de estos trabajos ha sido precisamente los efectos de las necesarias medidas para prevenir y restringir el contagio de la enfermedad, afectando a muchos cultivos que no han podido ser trabajados.

  • Se estimaba para diciembre de 2014 que 230.000 personas serían severamente vulnerables a la seguridad alimentaria debido al impacto del virus. Las cifras para marzo eran demoledoras: más de 470.000. La producción de maíz será un 3 por ciento menor que el año pasado.
  • 170.000 personas se encontraban en diciembre en riesgo de seguridad alimentaria y en marzo el número se ha expandido a unos 300.000. La rápida diseminación de la enfermedad coincidió con los períodos de siembra y los resultados agrícolas estiman unas pérdidas totales de un 8 por ciento.
  • Sierra Leona. La FAO y la WFP estimaban para noviembre que unas 120.000 personas se verían afectadas en términos de seguridad alimentaria. En marzo, las cifras han aumentado a 280.000. En términos agregados, la producción de alimentos se verá reducida en un 5 por ciento con respecto a 2013. Sin embargo, en áreas como Kailahun, una de las zonas más infectadas del país, los números rojos apuntan a pérdidas que rondan el 17 por ciento de la producción.

Sebastián Ruiz Cabrera es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. Actualmente reside en Nairobi (Kenia).


NOTAS:

  1. Datos obtenidos según los informes del BM, FAO y WFP.

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