Honduras: de los grandes titulares a la conciencia popular

El mundo no terminaba de salir de su asombro cuando la imagen del rey del pop, Michael Jackson, y la del no tan conocido presidente de Honduras, Manuel Zelaya, compartieron las portadas de los diarios el 26 de junio de 2009. Del primero se decía que había muerto, del segundo se contaba la crónica de cómo había ingresado a la base principal de la Fuerza Aérea de Honduras a tomar por la fuerza unas boletas para realizar dos días después una consulta que iniciaría el proceso de crear una nueva Asamblea Nacional Constituyente de naturaleza popular.
Corresponsales en las inmediaciones de la Embajada de Brasil el 28 de septiembre, día del desalojo de las personas que acompañaban a Zelaya. Foto: Leonel Estrada.

Lo que pasó en Tegucigalpa en la madrugada del 28 de junio fue uno de los acontecimientos más importantes que registró 2009. El mismo día en que se iba a celebrar una consulta nacional, el presidente Zelaya era secuestrado por parte del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas en confabulación con el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia. A partir de entonces, y durante varias semanas, los titulares de todos los grandes medios destacaban la llamada “crisis política” o golpe de Estado militar que atravesaba la otrora conocida como la República del Banano.

Los ojos del mundo

El día de la consulta, los hoteles circundantes a Casa Presidencial amanecieron llenos, con decenas de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), que ha bían llegado al país para verificar el proceso (esta misma organización había avalado dicha iniciativa en su Asamblea General, llevada a cabo 25 días antes en San Pedro Sula). Este marcado apoyo generaba gran expectativa, sobre todo porque se contraponía a las denuncias de ilegalidad emitidas por el poder legislativo y el judicial. También había llegado un considerable grupo de periodistas de distintas nacionalidades.

La acción militar no tomó en cuenta este importante aspecto y arremetió con violencia y poco tino, a pesar de tener los ojos del mundo vigilando de cerca. En la capital se cortó la luz, los diarios no salieron a la hora acostumbrada y las emisoras de radio permanecían en silencio. A pesar de esto, y gracias a los tan abundantes teléfonos móviles, la información comenzó a fluir vía mensajes de texto o “mensajitos”, como se les suele llamar, en una especie de “pasa la voz” abrumadoramente efectivo. El mensaje más difundido decía: “Secuestraron a Mel, hay que ir a presidencial”.

Este aspecto también se les pasó por alto a los golpistas. Acostumbrados a la década de los setenta, creyeron que con callar a los tradicionales medios de difusión masiva se lograba el objetivo del silencio. Sin embargo, y debido al aviso a menos de una hora del secuestro [1] la gente comenzó a llegar a las afueras de Casa Presidencial a exigir noticias del mandatario. Cuatro horas más tarde, durante los primeros enfrentamientos entre soldados y civiles, se anunció la creación de la página www.hablahonduras.com, el primer órgano de divulgación popular abiertamente contrario al golpe.

Al regresar la luz también se iluminó el verdadero rostro de los medios tradicionales, propiedad de los grandes empresarios del país, que llevaban cámaras y micrófonos al legislativo en donde se leía una carta falsa con firma falsa, que supuestamente era de autoría de Zelaya y que anunciaba su renuncia. Los periodistas y presentadores celebraban la defensa de la democracia y colocaban a los diputados en el podio de los héroes de la patria.

Este grupo empresarial mediático lo lidera Carlos Roberto Flores Facussé, ex-presidente de Honduras (1998 – 2001) y dueño de La Tribuna. Este periódico fue el pilar fundamental del golpe, junto a los diarios La Prensa y El Heraldo (del multimillonario Jorge Canahuati Larach) y los canales de televisión [3], 5 y 7 (del magnate Rafael Ferrari), así como al resto de las familias opuestas al presidente Zelaya que controlan el 90 por ciento de la riqueza que produce el país (Juan Canahuati, el banquero Camilo Atala y el maderero José Lamas, entre otros)[2].

Justo al mismo tiempo, CNN en español mostraba a Zelaya en pijama negando su supuesta renuncia, contando lo que le había sucedido y llamando la atención del mundo, que rápidamente mostró su indignación. Por otra parte, las posiciones contrarias al golpe de la radioemisora Radio Globo y del Canal 36 de Televisión Cholusat Sur rápidamente convirtieron a estos medios en los referentes y posteriores acompañantes del movimiento que se consolidaba ese mismo día en los alrededores de la Casa de Gobierno, tomada por asalto por la milicia. La noticia recorrió el planeta en cuestión de segundos y las principales cadenas, que no habían hecho el viaje por la consulta, lo hacían por el golpe de Estado. Honduras se convertía por primera vez en su historia en el asunto más importante de la agenda política mundial.

La comunidad internacional y la estrategia

La primera instancia en condenar al régimen fue la OEA, debido a su cercano seguimiento de todo el proceso, que se había convertido en una guerra campal en las calles de Tegucigalpa. De un lado, las Fuerzas Armadas, con toda su parafernalia, y, del otro, una población desarmada obligada al repliegue.

Previendo lo que podría suceder, la noche del 27 de junio Zelaya había convocado a una reunión urgente a los embajadores de los distintos países europeos. Logró hacer público el reconocimiento del funcionariado extranjero al proceso de consulta, y su solidaridad en caso de que sucediera lo peor. Este acuerdo se materializó cuando, como bloque, Europa no reconoció al gobierno de facto y suspendió toda la cooperación internacional incluso antes de que el tema fuera planteado seriamente en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Los países miembros de la OEA y de la Unión Europea (UE) dieron a conocer su posición a favor del retorno de Zelaya y en contra del gobierno que, por decreto del Congreso Nacional, encabezaría Roberto Micheletti (quien, precisamente, presidía el Congreso).

En el país se formó un apresurado gabinete de gobierno que anunció en cadena nacional que no le importaría el no reconocimiento de todo el mundo, pues estaban dispuestos a luchar “por la democracia y en contra de Chávez”. Culpaba a un enemigo externo del divorcio de la comunidad internacional a su proyecto político, siguiendo al pie de la letra el manual de propaganda y control de masas del nacionalsocialismo.

En esos primeros momentos al régimen no le estaba yendo nada bien en la arena internacional, mientras que Zelaya era bien recibido en todos los destinos.Fue entonces cuando los autores intelectuales saltaron a la cancha. Dejando a un lado el teatro, Washington empezó a mover las piezas, y la firma The Cormac Group (que llevó los escandalosos casos de Bill Clinton) envió a uno de sus mejores hombres, Tom O’Neill, a hacer trabajo de cabildeo entre el funcionariado norteamericano para modificar su opinión sobre lo que pasaba en Honduras.

Tras el desliz de inicios de julio de Obama en China, cuando dijo que lo que pasaba en Honduras era un golpe de Estado, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, tomó las riendas y manejó los tiempos.

El primer paso fue mantener el apoyo económico, argumentando que sólo era ayuda humanitaria (cuando en realidad era ayuda canalizada por los militares). Luego comenzó a utilizar el término de expresidente cuando se refería a Zelaya, y llamó sucesión constitucional a lo que todo el mundo estaba de acuerdo en reconocer como un golpe de Estado.

Las reuniones en la OEA perdieron claridad, pues ya no se podía exigir el retorno de Zelaya con la vehemencia de los primero días: la unanimidad se había perdido y el consenso se diluía en largas discusiones. Esto permitió que se llevara a cabo la segunda parte de la estrategia, en la que la solución al conflicto pasaría al presidente de Costa Rica y ganador del Nobel de la Paz, Oscar Arias. Esta medida colocaba toda la presión en una sola persona, que a pesar de todas sus habilidades no tenía capacidades para solucionar un enfrentamiento profundo entre el sector empresarial y la gran masa de ciudadanos que todos los días sin interrupción salían a las calles a marchar en forma de protesta.

La resistencia y su voz

A pesar de que según el nuevo discurso unas elecciones ilegales lo solucionarían todo, la insistencia del pueblo hondureño de permanecer en las calles cautivó a muchas personas a medida que pasaban las semanas.

La solidaridad internacional comenzó a materializarse. De todas las latitudes y con todos los acentos llegaban semanalmente cientos de personas a presentarse como si fueran combatientes a las instalaciones del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y Similares (STIBYS)[3] para acompañar las marchas diarias, comunicar lo que sucedía y ponerse a la orden. Llegaban, en otras palabras, para ser parte del Frente de Resistencia Contra el Golpe de Estado, que luego asumió su nombre actual: Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

“La resistencia me cambió la vida, y nuestro trabajo es permitir que el mundo se entere de algo de lo que está pasando, es darle voz a los muertos para que hablen” comentó Ida Garberi [4], periodista italiana que está en Honduras desde septiembre del año pasado, cuando se iba a realizar un Encuentro Internacionalista al que habían confirmado su asistencia 600 periodistas independientes de varios países. El encuentro fue suspendido por el decreto de Estado de Sitio emitido por el régimen el 22 de septiembre, un día después del repentino regreso de Manuel Zelaya y su resguardo en la embajada de Brasil. Con el estado de sitio se cerró temporalmente Radio Globo, Radio Progreso y Cholusat Sur, y la policía destruyó todos sus equipos.

Al realizarse las elecciones en noviembre (con Zelaya custodiado) se intentó convencer de que todo volvía a la normalidad, cumpliendo así la tercera etapa del plan de Clinton. Con la salida del país de Zelaya el 27 de enero del 2010, el mismo día de la toma de posesión de Porfirio Lobo como presidente electo, se pretendía que se firmara el pacto.

Pero la realidad ha sido otra. Una vez que se ha roto el cerco mediático, principalmente gracias a los medios alternativos, se han conformado comités de solidaridad con la resistencia que mantienen una permanente denuncia ante el régimen, el mismo aunque con alguien nuevo a la cabeza. Entre marzo y abril de 2010 murieron asesinados ocho periodistas, y más de diez están bajo amenaza de muerte. Recientemente se dictaminó el cierre de la radio comunitaria de la aldea de Zacate Grande y se recuerda la quema de Radio Coco Dulce, que cubría las aldeas garífunas [5] del litoral atlántico.

Radio Globo potenció su página web: www.radioglobo.com, así como el periódico mensual El Libertador (www.ellibertador.hn), que es el referente de la prensa escrita contraria al régimen de facto. También ha jugado un papel trascendental Radio Progreso, manejada por jesuitas que tradicionalmente han tenido una política muy cercana a las mayorías. Su coordinador, el sacerdote Ismael Moreno, está amenazado.

Cada vez aparecen más blogs y más personas han asumido la tarea de divulgar información. El FNRP presentó hacia finales de abril su sitio oficial, www.resistenciahonduras. net, desde el que se mantiene un constante flujo de comunicación. La lucha se libra entre la comunicación y el accionar social. En Europa se realizaron acciones de divulgación y presión para que no se reconociese a Porfirio Lobo como presidente legítimo de Honduras en la VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, El Caribe y la UE, celebrada en mayo en España. Las redes de Sudamérica y Norteamérica trabajan para que Honduras no sea reincorporada en la OEA en su próxima asamblea, que se realizará en junio en Lima, Perú.

En Honduras la represión se recrudece y la población ha decidido no dar marcha atrás en su objetivo de refundar el Estado. Este pequeño país pasó del anonimato a cubrir las principales portadas de los medios, pero de esa vorágine ha entrado en una nueva etapa en la que ahora no sólo se escribe sobre la coyuntura: Honduras ha comenzado a escribir su propia historia ante los ojos atentos del mundo.


Gerardo Torres es periodista, miembro activo de la organización política Los Necios (OPLN) y de la Comisión Internacional del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), donde es el responsable de las relaciones con el pueblo de los Estados Unidos y Canadá.

Este artículo ha sido publicado en el nº 42 de la revista Pueblos, junio 2010.


NOTAS:
[1]: La acción del asalto a la casa del presidente y su captura se realizó a las 5:30 am.
[2]: Ensayo Honduras Reprimida, del periodista César Omar Silva. Actualmente vive en el exilio, tras haber sido capturado y secuestrado por escuadrones paramilitares a las órdenes del régimen en diciembre del 2009.
[3]: El STIBYS ha sido desde finales de los 80 el sindicato más combativo. Su sede principal, ubicada en la colonia Las Brisas, en la capital, se ha convertido en la casa matriz del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).
[4]: Ida Garberi es una periodista italiana radicada en Cuba. Trabaja para Prensa Latina y para la revista digital Rebelión.
[5]: Etnia hondureña de ascendencia africana. Llegó a la costa atlántica del país hace más de 200 años, luego de una rebelión de esclavos en la isla de San Vicente.


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