La unión hace la fuerza. El trabajo de las ONG contra el ébola

Este año que está a punto de finalizar hemos vivido de cerca la propagación del virus del Ébola, que se ha cobrado miles de vidas en África y ha dejado huérfanos a cientos de niños en un continente que, previamente a este suceso, ya se encontraba desprotegido. La emergencia sanitaria sigue activada y todavía hoy se lucha por erradicar una enfermedad que ha desplazado a un elevado número de profesionales de diferentes organizaciones no gubernamentales, confíados en que la solidaridad mueve montañas.
Fotografía: Médicos Sin Fronteras.
Fotografía: Médicos Sin Fronteras.

En 1949, el austriaco Hermann Gmeiner fundó Aldeas Infantiles SOS, organización que a día de hoy sigue esforzándose por proteger a los niños más desvalidos. En un primer momento, los menores que llegaban a las aldeas eran los huérfanos de la Guerra Mundial y sus “nuevas madres” eran las señoras que se habían quedado sin sus maridos o sin sus hijos durante la contienda. Con el paso del tiempo han ampliado el campo de actuación a 134 países, lo que ha llevado a incorporar en plantilla a profesionales dispuestos a trabajar por y para los más pequeños.

Gracia Escudero Macías es una de ellas, una de esas mujeres comprometidas que intenta preservar el legado y principios de su fundador desde hace dos décadas. Actualmente, como jefa de prensa de esta organización no gubernamental (ONG), se encarga de atender a los medios de comunicación, así como de gestionar un programa de educación en valores para los menores. Igualmente, trabaja con tesón desde la sede madrileña en diversas actividades que prepara para los niños. Ésta es su forma de ayudar a los demás.

Esperanza Santos también se dedica en cuerpo y alma a atender a personas, en este caso, con serios problemas de salud. Tras varias experiencias de voluntariado en países en vías de desarrollo, a esta enfermera le apetecía embarcarse en proyectos más duraderos. El destino quiso que entrara a formar parte de Médicos Sin Fronteras, la organización médica y humanitaria de referencia a nivel internacional. Esperanza realizó un curso sobre enfermedades tropicales, superó el proceso de selección y, de ahí, a Darfur, a Sri Lanka, a Nigeria, a Yemen… “Y cada día más contenta y más agradecida por lo bien que me trata esta vida”, sentencia esta trabajadora.

Su alegría es más que comprensible, ya que empezó de enfermera en el terreno, haciendo supervisión de equipos locales, encargándose también de la gestión de la farmacia y el control de infección, hasta que, posteriormente, logró intervenir en varias emergencias. Así, ha participado en las diversas crisis nutricionales que han acaecido en África, las vacunaciones masivas o las epidemias de cólera. Como se puede comprobar, toda una vida dedicada a tratar a los más vulnerables.

Nos encontramos ante dos mujeres constantes que no son más que una muestra de todas las personas que forman parte de instituciones cuya finalidad es social y de mejora de la calidad de vida en toda su amplitud. Estas protagonistas, a las que en principio nada más las une, se integran en significativas organizaciones que sí que comparten un objetivo común en la actualidad: combatir una enfermedad devastadora, el ébola.

El nombre de este virus se asignó por el río Ébola, ubicado en la República Democrática del Congo (antiguo Zaire), donde el Doctor David Finkes lo identificó por primera vez en 1976, durante una epidemia que costó la vida a un elevado número de personas.

Fotografía: Médicos Sin Fronteras.
Fotografía: Médicos Sin Fronteras.

Cruda realidad

Esta enfermedad infecciosa registró el último brote a principios de marzo de este año en Guinea y, debido a su facilidad de propagación, rápidamente se extendió a otros puntos del continente africano, entre ellos, Liberia, Sierra Leona, Mali o Nigeria. Según un informe publicado en la revista médica New England Journal of Medicine, el paciente cero de este nuevo y viral brote de ébola pudo ser un niño de dos años, Emile Ouamouno, que vivía en una aldea al sur de Guinea. El pequeño falleció tan sólo cuatro días después de mostrar los síntomas (fiebre alta, diarrea…), al igual que posteriormente lo harían el resto de sus familiares más cercanos.

Fotografía: Médicos Sin Fronteras.
Fotografía: Médicos Sin Fronteras.

Hasta el momento, se considera que este virus de naturaleza letal se transmite a los seres humanos a través del contacto con un animal huésped infectado, principalmente murciélagos, vivos o muertos. Posteriormente, la enfermedad sacude a una comunidad determinada debido a la transmisión de persona a persona, ya sea por contacto directo con sangre y secreciones del infectado en cuestión, o por contacto indirecto con materiales contaminados, como por ejemplo, una aguja. La falta de medios en países africanos ha propagado la enfermedad, ya que en muchos centros de salud había agujas que fueron infectadas por el virus y se volvieron a reutilizar, contagiando a más pacientes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a día de hoy se han registrado más de 13. 600 infecciones y 5.000 muertes en todo el mundo a causa de este último brote. Por ello, el Comité de Emergencias de este organismo considera que se han cumplido las condiciones para declarar una emergencia de salud pública a nivel internacional. Hasta el momento no hay vacunas contra el virus, pero se está produciendo una repuesta humanitaria por parte de los países del denominado “primer mundo” que se suman a la lucha para erradicar esta enfermedad.

Fotografía: Médicos Sin Fronteras.
Fotografía: Médicos Sin Fronteras.

Lucía Berruga Sánchez, integrante del Departamento de Prensa de la sede madrileña de Médicos Sin Fronteras, considera que “hay diferentes formas de afrontar lo que está ocurriendo”. Según ella, “en el centro de tratamiento de Guéckédou (Guinea), un equipo de siete personas de Médicos Sin Fronteras, proporciona apoyo psicosocial a las personas y comunidades afectadas por el virus del Ébola. Es una tarea difícil pero indispensable para responder a la epidemia”. Y es que si un paciente ha sido rechazado y, en consecuencia, expulsado de su comunidad, este equipo acude a visitarle y le explica que se puede sobrevivir al ébola.

Médicos Sin Fronteras trabaja conjuntamente con las autoridades sanitarias de los países donde centra su labor, como con la OMS, para hacer frente a un virus como el reciente. Por su parte, Aldeas Infantiles SOS, presente en países africanos desde la década de los setenta para luchar, principalmente, contra la erradicación de la pobreza y de los “niño-soldado”, también se enfrenta ahora a un gran desafío con esta enfermedad. Por ello, desde el inicio de esta epidemia, los equipos humanos de esta organización se han centrado en suministrar a las familias vulnerables alimentos y material sanitario y de protección para los trabajadores de los centros médicos.

Juguetes rotos

Según las primeras estimaciones de UNICEF, más de 4.000 niños en África han quedado huérfanos a raíz del último episodio de ébola. Debido a esto, han puesto en marcha programas para garantizar que los niños sean atendidos porque, a pesar de no ser propiamente una enfermedad infantil, su impacto en los menores está siendo cada vez más dañino. De hecho, está llegando a afectar en los niveles educativos; en Liberia y Sierra Leona, especialmente, más de tres millones de niños no pueden volver a la escuela hasta que el impacto del virus esté más controlado.

Fotografía: Médicos Sin Fronteras.
Fotografía: Médicos Sin Fronteras.

En relación con este impacto, desde Aldeas Infantiles SOS recalcan que los niños de origen africano están sufriendo la estigmatización y el rechazo de su entorno. Por ello, los especialistas han decidido contactar con los gobiernos nacionales y con otras instituciones internacionales para proponer medidas a largo plazo y, juntos, evitar que estos críos se conviertan en juguetes rotos.

La situación es tan grave que Gracia Escudero adelanta que no saben si tendrán que construir una aldea sólo para huérfanos del ébola: “Con el VIH ya tuvimos esa experiencia. Y cuando el tsunami de 2004 en Indonesia construimos aldeas sólo para huérfanos del tsunami. Primero hay que ayudarles y aislarles un poco de la tragedia. Cuando ya no aparezca ningún familiar  Aldeas se tiene que plantear qué va a hacer y, dependiendo del número, no se descarta hoy por hoy el tener que abrir una aldea infantil sólo para huérfanos de ébola, porque son muchos”.

Se puede comprobar que todas las organizaciones humanitarias tienen clara la prioridad de los menores ante este tipo de circunstancias. De hecho, Esperanza, la enfermera de Médicos Sin Fronteras, piensa que “los menores de cinco años son la población más vulnerable”. Por ello, dan preferencia, especialmente, a los niños y a las mujeres embarazadas, sea el proyecto que sea. “A mí no deja de sorprenderme su espontaneidad, su alegría…Y, según el contexto, por ejemplo en Níger, su instinto de supervivencia. Es increíble la capacidad de superación de las adversidades que tienen esos niños”, concluye la sanitaria.

Las otras víctimas invisibles

El 6 de octubre llegaba la peor de las noticias en el panorama internacional: el ébola había salido de África, registrándose el primer caso en España. Teresa Romero, una auxiliar de enfermería del Hospital Carlos III, se contagiaba por un error en el protocolo sanitario tras atender al misionero Manuel García Viejo, quien había sido repatriado a Madrid después de contraer el virus en Sierra Leona.

Fotografía: Paula Olvera.
Fotografía: Paula Olvera.

Entre tanto caos y tanta información emitida en los medios de comunicación, una gran parte de la población mundial empezó a temer por su seguridad y, en definitiva, por su vida. La consecuencia más evidente, por temor al contagio, fue mirar con cierto recelo a los profesionales que, desde diferentes organizaciones, se encargaban de cuidar a los pacientes infectados por este virus. Y, sobre todo, se comenzó a examinar con lupa, sin importar la edad, a todos aquellos que habían viajado a África subsahariana. La raza se convirtió por unas semanas en un síntoma de discriminación y, una vez más, “el africano” se transformó en el “otro” por excelencia, en la víctima que nadie ve, pero a la que es fácil juzgar.

Afortunadamente, el pasado 2 de diciembre, la OMS comunicó que España volvía a considerarse “un país libre de ébola”. A pesar de esta positiva información, desde Médicos Sin Fronteras se lamentan de la nula o mínima repercusión que hubiera tenido el brote si no hubiera llegado a Europa. En ese caso, probablemente, se hubiera relegado a un segundo plano como otra enfermedad de tantas que sufren los africanos. “Lo que es obvio, y de sentido común, es que mientras no se ataque en el origen, seguirá habiendo un goteo de casos en otras partes del mundo. El ébola es como un incendio y mientras no se pongan los esfuerzos en eliminar el origen seguirán saltando chispas”, dictaminan desde la organización humanitaria.

Es evidente que la preocupación aumenta cuando la enfermedad está a la vuelta de la esquina y esto, en España, se ha traducido en una mayor concienciación. Por ello, desde Aldeas Infantiles SOS siguen interpelando a la solidaridad de la población española ante esta situación de emergencia sanitaria. A pesar de la respuesta positiva, todavía queda un largo camino por recorrer. Como expresa Gracia Escudero, “la gente en España es muy solidaria, pero no muy comprometida. Aquí somos de pelotazo. La gente más joven yo creo que viene cambiando esto, es decir, es una gente solidaria que quiere dar su trabajo por alguna causa”.

A nivel internacional, la respuesta al ébola sigue siendo bastante irregular, por lo que las organizaciones no gubernamentales continúan realizando llamamientos con el objetivo de captar recursos humanos y materiales. Al mismo tiempo, no cesan en su labor, desplazándose hasta los focos donde se concentra la mayor parte de la población infectada por el virus. Por norma general, casi todo el personal es local, lo que ayuda mucho a los equipos para poder entenderse con las personas a las que tienen que atender. Sin embargo, como recalcan desde Médicos Sin Fronteras, “siempre contamos en terreno con trabajadores ajenos al país en el que sucede la emergencia, como es el caso de la epidemia de ébola en África Occidental, donde hay unos 3.300 trabajadores de la organización en la región, de los cuales unos 270 son internacionales”. Esto genera un mayor clima de interculturalidad, en el que resulta impensable cuestionar el origen de un paciente. Desde la organización médica mencionada lo tienen muy claro: “El origen es algo que no pone fronteras para poder ayudar a una persona o a una población necesitada”.

Este mismo pensamiento se aprecia en Aldeas Infantiles SOS. Según comenta su jefa de prensa, “la forma de actuar de Aldeas es, tanto en España como en Burundi, con la gente del lugar. Esto es muy importante porque lo lógico es que sea la gente del propio lugar la que cuida a esos niños de su propio lugar”. No obstante, al igual que en Médicos Sin Fronteras, envían personas desde España a otros países para trabajar en situaciones muy específicas.

Precisamente este envío de profesionales para lidiar, en este caso, contra el ébola, se ha cobrado la vida de cuatro trabajadores de Aldeas Infantiles SOS y de otros miembros de más organizaciones. Pero no todo son desgracias. Las personas que integran este tipo de organismos coinciden en que reciben más de lo que dan, porque se establece un lazo que no se rompe, aunque finalice la labor. Esperanza Santos, orgullosa, cuenta que “hay pacientes que siguen acudiendo a visitarnos, sobre todo si el proceso ha sido largo. Por ejemplo, es muy frecuente con los niños que sufren malnutrición, incluso cuando ya han salido completamente recuperados del programa, las madres los traen, de vez en cuando, para que veamos cómo van creciendo. También tenemos casos de pacientes que tras haberse recuperado se quedan trabajando con nosotros, como educadores en la comunidad. Esto, por ejemplo, lo he visto en epidemias de cólera”. El vínculo que se genera entre los trabajadores sanitarios y los pacientes es sumamente especial. “Es importante mantener en todo momento la profesionalidad, sin dejar de ser cercana y atenta. En situaciones de crisis, los sentimientos están más a flor de piel y puede resultar más complicado no implicarse emocionalmente con cada paciente”, concluye la enfermera de Médicos Sin Fronteras, que se siente afortunada de trabajar con personas de distintos orígenes y culturas.

De igual manera, Gracia Escudero presume de mantener la relación con la mayoría de los niños a los que atienden. “A partir de los 18 años, ellos son absolutamente mayores de edad y libres para decidir si quieren seguir en contacto con la organización o no, pero nosotros somos muy pesados y sí que lo intentamos. Tenemos nietos, hemos ido a bodas, a bautizos y comuniones. Yo tengo los teléfonos de muchos que llaman de vez en cuando”, afirma sonriente la comunicadora.

Sin apenas darse cuenta, trabajadoras como las mencionadas están desarrollando una lucha conjunta desde diferentes organizaciones que, sin duda, harán este mundo mucho mejor. Un mundo en el que los niños sonreirán independientemente de dónde se encuentren. Que prosiga la lucha, porque no ha hecho más que empezar.


Paula Olvera Pérez es periodista. Está cursando un Máster especializado en Periodismo Cultural y Nuevas Tendencias (Universidad Rey Juan Carlos).


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Un pensamiento en “La unión hace la fuerza. El trabajo de las ONG contra el ébola”

  1. Un completo e interesante compendio de lo que viene siendo el ébola en los últimos años desde la visión de las colaboradoras de distintas ONG, se merecen tantos halagos… A veces echando la vista atrás cabe preguntarse si una propagación de mayor incidencia en la “Vieja Europa” hubiese sido mejor para la erradicación de la enfermedad. Por hablar en términos absolutos, una decena de muertes en Europa por ébola seguro que salva miles de vidas en África.
    Que no abandonemos desde el ‘primer’ (o segundo) mundo las investigaciones que se han iniciado “por si se propagaba”, se finalicen y terminemos creando vacunas para el tercer mundo que ninguna farmacéutica pueda bloquear….

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