La red rompe barreras. Periodismo ciudadano y libertad de prensa

Las redes sociales y las herramientas de la 'web 2.0' han aportado al África subsahariana un indudable avance en cuanto a libertad de prensa. La cruz de la moneda es que, debido a la todavía escasa penetración de internet en el continente, el impacto de esta novedad no está siendo todo lo transformador que podría llegar a ser. Estas herramientas hacen que no sea difícil crear un, aunque sea frágil, medio de comunicación 'online'. De hecho, la inquietud de jóvenes (y veteranos) periodistas expulsados de un mercado laboral lastrado, en la mayor parte de los países, por la precariedad, ha hecho que estas iniciativas se multipliquen.
Fotografía: Sebastián Ruiz.
Fotografía: Sebastián Ruiz.

Más allá de proyectos que pueden requerir una cierta estructura o una mínima planificación, como las páginas web, el ecosistema de la pluralidad informativa se ha visto animado por una pléyade de ciudadanos y ciudadanas conscientes de la importancia de la sociedad de la información. En las condiciones actuales basta con una cuenta en alguna de las redes sociales más habituales (Facebook, Twitter), un blog en cualquiera de las plataformas existentes (Blogger o WordPress, o algunas de proyección más reducida, como Overblog o Mondoblog), o, por ejemplo, un canal en YouTube, para convertirse en referentes informativos a la altura de agencias de noticias locales. Y son muchos los ciudadanos y colectivos comprometidos (y conectados) que han echado mano de estas herramientas en todo el continente.

Un quiebro a la censura

Los esfuerzos de algunos gobiernos africanos por controlar los medios de comunicación han saltado por los aires con la llegada de las herramientas digitales. La censura o las dificultades de acceso a las plataformas de difusión han sido una maniobra habitual para mantenerse en el poder por parte de algunos regímenes, en África como en cualquier otra parte del mundo: ningún sistema totalitario permite la libertad de prensa, una población desinformada es más fácil de controlar. Los reporteros clásicos defendían que la verdad era la primera víctima de la guerra y, en muchos países africanos, mantenerse en el poder es una auténtica guerra. Con el paso de los años, algunos de los regímenes del continente se han convertido en campeones del control de la información, aunque son estos casos, precisamente, los que mejor muestran las capacidades de las redes sociales para superar estos obstáculos.

En Eritrea el control de los medios es absoluto, con unas barreras tan férreas que hacen igual de difícil acceder a información producida en el extranjero que difundir al exterior la información local. Es un país vetado para la prensa internacional. Desde 2007 ocupa el último puesto de la clasificación de la libertad de prensa que elabora Reporteros Sin Fronteras, por debajo de Corea del Norte, y el Committee to Protect Journalist (CPJ) lo consideraba en 2012 el país más censor del mundo. La estrategia de limitación de la información combina el control de los medios convencionales con restricciones en la red de telecomunicaciones.

En este contexto, sin embargo, aparecen algunas ventanas, o más bien túneles, pasadizos, capaces de burlar metafóricamente esa alambrada imaginaria que rodea el país. Además de las páginas web informativas mantenidas desde la diáspora que tienen ya una considerable trayectoria, en las redes sociales aparecen usuarios que establecen puentes entre las y los eritreos del interior y los del exterior y que intentan construir un canal de información y de crítica que ponga en jaque al gobierno. Durante algunos meses, Arbi Harnet (Viernes de libertad) fue un grupo de Facebook que llamaba a la rebelión y a la movilización ciudadana, aunque es cierto que hace más de un año que no tiene actividad.

Junto a periodistas eritreos exiliados, @EritreaInMyMind, @EritreaActivist o @EriRevoltMay24 son algunas cuentas de Twitter que, con más o menos éxito, suponen un contrapunto informativo a los monolíticos y oficialistas medios convencionales. El último de los tres ejemplos citados tiene más de 3.000 seguidores. Corresponden formalmente a movimientos o colectivos ciudadanos y no es posible saber desde dónde tuitean, aunque la conexión con la actualidad del país resulta indudable. Un ejemplo algo más anecdótico es el de @AgameDictator, un usuario que se hace llamar H.E. Isaias Afewerki (el nombre del único presidente que ha tenido Eritrea desde su independencia) y que se adorna con una foto del mismo político. Sin voluntad de simular autenticidad y desde esta identidad ficticia, ironiza sobre las dificultades que vive el país, tuiteando, por ejemplo: “#Eritrea2014 porque, ¿quién necesita agua o electricidad?”

Otro caso, próximo al de Eritrea, es Zimbabue. Robert Mugabe se encuentra al frente del país desde hace más de tres décadas y las denuncias por presuntas violaciones de los derechos humanos se hacen cada vez más habituales, más numerosas y firmes. En cuanto a la libertad de expresión, las y los periodistas, con el paso de los años, se ven atenazados por el miedo a las continuas detenciones y condenas. En medio de este clima, el anonimato da la libertad y ninguna herramienta como las redes sociales para facilitar las mínimas garantías.

Seguramente por estas condiciones de anonimato, flexibilidad y (casi) ubicuidad, Facebook fue el espacio al que se asomó Baba Jukwa (Papá Jukwa, en shona), un personaje ficticio con apariencia inocente que lleva desde marzo de 2013 sacando los colores a Robert Mugabe y a todo su entramado político. Utiliza un estilo que recuerda a WikiLeaks que combina la filtración de documentos con, en algunas ocasiones, chismes y rumores. Una de cal y otra de arena, con contenidos serios y contrastados junto a otros menos fiables, que han llegado a exasperar al presidente zimbabuense hasta el punto de poner “precio a su cabeza” y ofrecer una recompensa por informaciones sobre la identidad real de Baba Jukwa.

Fotografía: Sebastián Ruiz.
Fotografía: Sebastián Ruiz.

Los documentos que Baba Jukwa ha hecho públicos a través de su cuenta de Facebook (documentos sensibles y al parecer procedentes de fuentes muy bien informadas) han desatado una paranoia persecutoria en el seno del ZANU-PF (el partido gobernante) y han provocado que se fuese señalado sucesivamente a periodistas críticos e, incluso, altos cargos del gobierno. La página, boicoteada y cerrada en varias ocasiones, ha llegado a tener más de 400.000 seguidores. El anonimato del personaje ha permitido que se multiplique y que muchos intenten apropiarse de él. En cualquier caso, ha sido una fuente de información alternativa en un país muy controlado y, a pesar de encontrarse en horas bajas en las últimas semanas, mantiene que seguirá informando.

Atentados contra la libertad de expresión y campañas de defensa

Los blogueros y tuiteros se han convertido en una preocupación para muchos gobiernos africanos precisamente porque acaban con el control de los medios de comunicación. En los últimos años hemos observado acciones más o menos espectaculares contra estos usuarios, periodistas ciudadanos o periodistas profesionales que han buscado otras herramientas para difundir su información. En todo caso, en paralelo a estas operaciones, hemos comprobado cómo también las comunidades de ciberactivistas se han movilizado a favor de estos periodistas (con apellidos diversos) y de la libertad de expresión, en general.

El 7 de mayo de 2013, el chadiano Makaila Nguebla fue expulsado de Senegal con destino a Guinea Conakry. Nguebla es un periodista y bloguero crítico con el régimen de Idriss Déby, lo que le ha obligado a vivir refugiado desde hace más de una década. Primero se exilió en Túnez, donde estudiaba, pero en 2005 se vio obligado a trasladarse a Senegal debido a la persecución. Ocho años después, el acercamiento entre el gobierno chadiano y el senegalés se cobró al bloguero como víctima propiciatoria. El presidente del país de África occidental quiso hacer un guiño a su homólogo chadiano poniendo al opositor en la frontera de la noche a la mañana. Durante ese tiempo, Nguebla había continuado realizando críticas a través de un blog y colaborando con diferentes medios.

La respuesta fue una campaña que movilizó a la comunidad de ciberactivistas senegaleses y recibió apoyo de otros países, fundamentalmente francófonos. Mientras los tuiteros senegaleses interpelaban a su gobierno y a la comunidad internacional a través del hashtag #FreeMakaila, las organizaciones de defensa de la libertad de expresión también presionaban y Nguebla buscaba soluciones desde su precario exilio en Conakry. En poco tiempo, como resultado de todas esas fuerzas combinadas, Francia recibió al bloguero de urgencia e inició la tramitación de su asilo político.

Los días 25 y 26 de abril de 2014, seis blogueros y tres periodistas de medios convencionales fueron detenidos en Etiopía. Los blogueros formaban parte del colectivo más activo del país, que mantiene activa una página web y colabora con la versión en amárico de la plataforma de blogs internacional GlobalVoices. A los arrestados se les acusaba de tener contactos con organizaciones proscritas, pero también de haberse instruido en el uso de herramientas de código abierto para encriptar las comunicaciones y asegurar la información, las mismas herramientas que usan grupos de lucha por la libertad de expresión en diferentes países.

Como respuesta se puso en marcha una campaña virtual a través de las redes sociales, principalmente
de Twitter, con el hashtag #FreeZone9Bloggers. Las organizaciones de defensa de la libertad de prensa han denunciado estas detenciones y periodistas de todo el mundo se han unido a esta campaña, que además ha tenido repercusión en diferentes medios internacionales. Hasta el momento, los nueve periodistas profesionales y ciudadanos continúan encarcelados, acusados de terrorismo, pero la campaña también sigue viva.

Efectos en los medios

El uso de las redes sociales como instrumentos de información y el periodismo ciudadano, a pesar de su controvertida figura, tienen efectos directos sobre los medios de comunicación convencionales africanos. El panorama mediático está marcado por la precariedad y por las estrategias de control por parte de los gobiernos (en la mayor parte de los más de cincuenta Estados), así que la aparición de estos nuevos canales puede interpretarse como una amenaza, pero también como un soplo de aire fresco.

Como ocurre en el resto del mundo, el periodismo ciudadano recibe críticas relacionadas con la falta de profesionalidad, que desemboca en un supuesto déficit de responsabilidad, de rigor y de veracidad. A pesar de ello, en el mencionado panorama mediático del continente, redes sociales y blogs tienen, al menos, dos efectos positivos, que muchos periodistas ya han descubierto y aplauden.

Por un lado, en un contexto de falta de medios, de ausencia de una red tejida en todo el territorio, a menudo muy amplio, las redes sociales multiplican las fuentes. Muchos profesionales se toman estos canales como una fuente de alertas, una fuente primaria, como una forma de saber qué se respira en las calles y cómo piensa la ciudadanía.

Por otro lado, en un clima de tensión y de autocensura, el periodismo ciudadano supone un acicate para el profesional. Las redes sociales ponen al descubierto episodios y “obligan” a los medios convencionales a hacerse eco, pudiendo escudarse en la excusa de que una información (en los casos en que es sensible) ya ha sido publicada. Además, ante el riesgo de que estos nuevos canales sustituyan el papel de control que se atribuye a la prensa, los medios convencionales no tienen más remedio que ir más allá para evitar perder prestigio. Finalmente, son muchos los medios convencionales que, en África, como en el resto del mundo, buscan fórmulas de integración de redes sociales, blogs y periodismo ciudadano.


Carlos Bajo Erro es periodista, miembro del Centre de Estudis Africans de Barcelona (CEA) y cofundador del portal sobre artes y culturas africanas wiriko.org.

Euskaraz:

Artículo publicado en el nº63 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2014.


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