Leer… El último europeo: reflexiones sobre una Unión Europea que parece crecer y romperse a la vez

La Unión Europea amplía fronteras y gana Estados a la vez que se incrementan las tensiones internas, avanza la extrema derecha elección tras elección y crecen las especulaciones sobre la ruptura de la eurozona. ¿Cómo es posible que se den todos estos fenómenos a la vez? El libro 'El último europeo', publicado por La Oveja Roja, intenta diseccionar la esencia de la UE, su comportamiento y jerarquía de intereses, abordando temas diversos pero complementarios: geopolítica, energía, armamento, migraciones y extrema derecha. En estas páginas preguntamos a Àngel Ferrero, Corina Tulbure y Roger Suso, coautores de la obra junto a József Böröcz, por algunas de estas cuestiones clave para entender dónde nos encontramos.

p63_ultimo_europ_01_web¿Quién es “el último europeo”?

– Àngel Ferrero: Es una referencia a El adolescente, de Fiódor Dostoyevski. En la novela, Andréi Versílov, el padre del protagonista, narra un sueño en el que es testigo de una Europa dividida en la que él, como ruso, era el único europeo. El título es lo bastante flexible como para englobar todos los capítulos. Los países de Europa oriental que entraron en la Unión Europea en el año 2004 y 2007 y los inmigrantes extracomunitarios son “el último europeo”. Frente a ellos, el militante de extrema derecha se ve a sí mismo como “el último europeo”, en un sentido racista. Y está la idea de fin de ciclo: la política de austeridad promovida por Bruselas que ha alimentado el euroescepticismo conseguirá que, efectivamente, cada vez haya menos gente convencida de la idea de una Europa unida (y convendría matizar igualmente qué entendemos por “Europa”) y, quizá, la situación termine no muy lejos de la del sueño de Versílov, con la idea de “Europa” sostenida, irónicamente, por quienes viven fuera de ella.

Corina Tulbure: Como dice Àngel, el inmigrante también puede ser el último europeo. Una persona no se tira al mar sólo por conseguir un sueldo de unos miserables euros, sino por todo un mundo mejor, tal y como se ve Europa de lejos. En este sentido existe una posibilidad de emancipación de la sociedad autóctona que llegue precisamente desde el fenómeno migratorio. Ahora, cuando en Europa se cae la fachada de los valores solidarios o democráticos, tal vez un inmigrante nos enseñe a creer de nuevo en esos ideales que estimularon su viaje.

– ¿En qué se basa principalmente la construcción de la Unión Europea?

– Àngel Ferrero: La Unión Europea es una organización supraestatal basada principalmente en la cesión por parte de sus Estados miembros de parte de su soberanía, a cambio de la cual, como dice un folleto de la Comisión Europea, los Estados “ganan fuerza y disfrutan de las ventajas del tamaño”. Aunque ha habido muchos proyectos para una Europa unida (desde uno siguiendo el modelo republicano estadounidense hasta una Unión de Estados socialistas e incluso una confederación anarquista), ésta es la Europa “realmente existente”.

La versión oficial es que la integración europea fue un intento por superar las divisiones que llevaron al continente a la II Guerra Mundial. Pero, tras una mirada más atenta, en sus raíces encontramos consideraciones geopolíticas, como crear un bloque económico que contuviese cualquier intento de expansión (por victoria electoral o avance militar) del comunismo soviético, o compensar la pérdida de las colonias. Por separado, apenas hay ningún país europeo capaz de competir con Estados Unidos o economías emergentes como Brasil, Rusia, la India o China, que cuentan con amplias extensiones geográficas, grandes recursos naturales y una enorme cantidad de mano de obra, cuando no varias de estas cosas a la vez, y, a diferencia de lo que ocurría hace unas décadas, ya no carecen de conocimientos técnicos. Una mayor integración y coordinación también permite defender a los Estados miembros de la UE sus intereses en los organismos internacionales.

– Si lo militar tiene un peso tan enorme en la UE (es el primer exportador de armas a nivel mundial), ¿cómo se las apañan para que entre la población haya calado tanto eso de que la UE promueve la solidaridad y los derechos humanos frente a la “barbarie”?

– Àngel Ferrero: Por una parte, está lo que Noam Chomsky describió como “producción de consenso”, un entramado institucional, mediático y académico con vínculos con el poder político y económico que promueve esta imagen positiva de la Unión Europea y, al mismo tiempo, bloquea el espacio a la crítica. Pero evidentemente, todo este discurso no prosperaría si no hubiera un suelo fértil donde crecer. Ahí es donde entra en juego la idea de “Europa” como un espacio de progreso y una extensión de lo que en su día caracterizó a los Estados del Bienestar de Europa central y Escandinavia (Estado de derecho, nivelación social, una mejor redistribución de la riqueza, etcétera), pero que existe cada vez menos. Esta idea sigue siendo un motor importante de la ideología europea que no conviene subestimar. Es lo que hizo que países que salían de una dictadura que los aisló internacionalmente, como Portugal o España, se encontrasen durante mucho tiempo entre los más europeístas. Lo mismo ocurrió en el caso de Europa oriental, y el año pasado esto jugó un papel importante en las protestas en Ucrania. Gerardo Pisarello ha hablado de “Europa eurocéntrica”, expresión útil para describir de lo que hablamos aquí. Obviamente, hablar de “valores europeos” e incluir en ellos la democracia o los derechos humanos es, por utilizar una expresión de József Böröcz, un ejercicio de violencia simbólica. A los filósofos ilustrados les habría sorprendido mucho. Todo lo que se atribuye a los “valores europeos” son, en propiedad, valores universales.

Roger Suso: Las tensiones con Rusia por Ucrania y el temor de Polonia y los países bálticos a un expansionismo ruso en la región han sido utilizadas por la UE para reintroducir la vieja canción de las maldades de Rusia, hasta hace cuatro días socio comercial de primer orden de la UE, a la vez que las tropas de la OTAN han sido desplegadas en Polonia y Estonia. Desmantelado el Pacto de Varsovia, los EEUU han usado el bloque del Este para sus intereses geopolíticos, respecto a Moscú y también Bruselas. La UE fue escenario de varias operaciones de los servicios de inteligencia de los EEUU, que se silenciaron conscientemente a cambio de dinero: los centros clandestinos de detención de la CIA, donde interrogaron y torturaron a supuestos “líderes del terrorismo islamista” que después fueron enviados a Guantánamo. Ahora se ha destapado el caso de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA).

El último europeo, publicado justo antes de las elecciones de mayo de 2014, auguraba un gran aumento de votos para los partidos ultraderechistas. ¿Cómo se conjuga el aumento de las tensiones centro-periferia y los vínculos, parece que crecientes, entre los distintos países de la Unión Europea?

Roger Suso: La idea de que las crisis económicas llevan al aumento del apoyo a los partidos ultraderechistas se remonta a la República de Weimar y el ascenso de Hitler después del crac del 29. Una idea que ha vuelto a llenar páginas de periódicos después de dos rescates económicos y la llegada del partido neonazi Amanecer Dorado a las instituciones griegas. Pero también por la victoria del UKIP (Reino Unido), con el 27,5 por ciento de los votos, del Partido Popular Danés (Dinamarca), con el 26,6 por ciento, y del Frente Nacional (Francia), con el 25,4 por ciento en las últimas elecciones europeas. Pero no toda la derecha radical es igual y el componente nacional las hace distintas, lo hemos presenciado con la imposibilidad de que se creara un grupo ultra en el Parlamento de Estrasburgo. Hay una derecha radical que abraza postulados del strasserismo y del fascismo de acción social, anticapitalista y organizándose, en algunos casos clandestinamente, como los grupos autónomos de camaradería libre neonazis. Hay otra que se posiciona de manera populista “más allá de la derecha y los liberales”, que opta por desarrollar una identidad de “civilización europea” en contraposición y confrontación directa con la inmigración, el islam y las instituciones europeas.

– ¿Qué podemos hacer para frenar el auge de la extrema derecha?

Roger Suso: Cualquier lucha contra la extrema derecha debe plantearse teniendo en cuenta las condiciones sociales que le sirven de caldo de cultivo para propagar el mensaje de la xenofobia y el miedo y las organizaciones fascistas que se aprovechan de ellas. Más allá de la lucha del movimiento antifascista, existe también una marea contra el racismo y la derecha radical inspirada en la movilización contra la guerra de Irak y las experiencias británicas contra el fascismo. Existe en el Estado español la Red Unitaria Contra el Fascismo y el Racismo, un espacio de coordinación contra la extrema derecha que abarca el movimiento vecinal y sindical, además del tejido asociativo y de varios partidos políticos, de izquierdas y derechas. Allí cada cual trabaja desde ámbitos muy diversos, coincidiendo en la necesidad de construir un espacio con unos mínimos comunes, para divulgar ampliamente la verdadera naturaleza del fascismo, un peligro que amenaza con destruir la convivencia fomentando el odio desde premisas falsas y populistas.

– Tanto el blindaje de fronteras como la actuación de la Unión Europea en Ucrania parece satisfacer a la ultraderecha. ¿Hay otras políticas de ultraderecha que se estén llevando a cabo desde países miembro o la Unión Europea en su conjunto?

– Roger Suso: La preponderancia de la derecha radical yace en que ha llevado al centro político y social de la sociedad temáticas y discursos que tienen sus orígenes en el extremo, en la ultraderecha. Su discurso, propagado a través del miedo, temores, mentiras, resentimiento, chovinismo y odio, ha sido abrazado y adoptado en repetidas ocasiones y, para contrarrestar sus subidas electorales, por los partidos del establishment, tanto por la democracia cristiana como por la socialdemocracia. En paralelo, el auge de estas formaciones ultraderechistas se ha traducido también en la presencia de representantes neonazis en las instituciones (como Udo Voigt, del partido alemán NPD, o Béla Kóvacs, del húngaro Jobbik) y en el acercamiento entre los grupos extraparlamentarios, clandestinos y violentos, y los partidos ultraderechistas que participan en las elecciones.

Corina Tulbure: Las expulsiones de población gitana en Francia han sido protagonizadas tanto por el Gobierno de Sarkozy como por los posteriores. Manuel Valls, ministro francés de Interior, declaraba que quería mandar a los gitanos a la frontera. Las expulsiones colectivas de ciudadanos de la UE están prohibidas por la misma legislación de la UE y, sin embargo, la expulsión de los gitanos se lleva a cabo por Gobiernos que no se definen de extrema derecha, son expulsiones directas o inducidas. Son una práctica habitual que tampoco despertó recelos en la población, cosa que ocurre cuando se trata de la expulsión de ciudadanos europeos que no son de etnia gitana.


El último europeo. Imperialismo, xenofobia y derecha radical en la Unión Europea

Àngel Ferrero, József Böröcz, Corina Tulbure y Roger Suso. La Oveja Roja, 2014.

p63_ultimo-europeo_port62-64Hablar de la crisis del proyecto europeo parece hoy un lugar común. Pero recordar su pujanza como sistema imperialista en busca de recursos no parece estar en demasiadas agendas. Como tampoco recordar sus discriminaciones xenófobas o la actividad de la derecha radical en su seno.

Àngel Ferrero (Alicante, 1984) se formó en el campo de la comunicación audiovisual, pero ha desarrollado su trayectoria entre el periodismo y la traducción. Ha participado también en la vida del sindicalismo catalán y, desde que emigrara a Berlín, alemán. Colabora regularmente con el semanario Directa y el semanario digital Sin Permiso, donde forma además parte de su comité de redacción. En 2013 publicó, junto a otros autores, La quinta Alemania: Un modelo hacia el fracaso europeo (Icaria).
Roger Suso (Castellar del Vallès, 1982) se formó como politólogo en universidades de Barcelona, Umeå y Upsala (Suecia). Desde entonces, ha desarrollado su carrera desde Alemania, Líbano y Guatelama. Es coordinador de la sección Internacional del semanario Directa y corresponsal en Berlín, colaborador de La Marea y co-autor, junto con el periodista Bertran Cazorla, de La claveguera marró (Tigre de paper).
Corina Tulbure (Iasi, Rumanía, 1977) se licenció en Letras en Rumanía, antes de viajar a Barcelona con una beca sin retorno. Desde entonces ha ido entrelazando estudios doctorales con una inmersión forzada en el submundo laboral barcelonés. Escribe en Público, en el semanario digital Sin Permiso y en Criticatac (Rumanía) y participa en los movimientos sociales de defensa de las personas migrantes.
József Böröcz (Budapest, 1956) es profesor de Sociología de la Universidad Rutgers, Estados Unidos y miembro de la Academia Húngara de las Ciencias. Es autor de The European Union and Global Social Change: A Critical Geopolitical-Economic Analysis (Routledge) y de varios artículos académicos sobre la Europa oriental post-comunista y la ampliación oriental de la Unión Europea.

Más información: www.laovejaroja.es


Andrea Gago Menor coordina Pueblos-Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº63 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2014.


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