Denia Mejia, activista social hondureña: “El país sale de la mirada internacional. Se sabe que se está matando a gente, pero se atribuye a la delincuencia común’’

Desde que Honduras, en mayo de 2009, vivió el golpe de Estado y la destitución de Manuel Zelaya, hablar sobre Honduras obliga a hablar de injusticia y violencia. Conocer al pueblo de Honduras más allá de estas dos cuestiones significa adentrarse en una madeja de hilos que, entretejidos entre sí, constituyen una realidad a veces apasionante, a veces desesperante. En Bilbao nos encontramos con Denia Mejia, una activista social hondureña que trabaja desde hace varios años para el Instituto Ecuménico de Servicios a la Comunidad (INESCO), una organización de servicios comunitarios cuyo trabajo se basa en defender la vida.
Denia Mejia. Fotografía: Beatriz Plaza.

Denia Mejia. Fotografía: Beatriz Plaza.

¿Cómo se “defiende la vida” desde una organización?

Desde el inicio de la organización creamos la Defensoría de Derechos Humanos, cuyo trabajo se centra en la denuncia a las violaciones de Derechos Humanos.  Defendemos  la vida desde  el comer, el buen vivir. Hemos rescatado la cultura ancestral alimenticia y curativa, también agrícola, que no sólo es la agroecología sino que contempla todo el contexto de cómo nuestros ancestros sembraban de acuerdo a los astros, a la luna…  nuestro principal objetivo es la defensa de la vida.

Nos articulamos con diferentes organizaciones del país para luchar contra la militarización, contra las transnacionales, contra la opresión para defender los territorios indígenas, hacemos luchas en común, contra la explotación minera además damos acompañamiento a varias organizaciones. Esto último lo hemos venido trabajando sobre todo a raíz del golpe de Estado, porque a raíz de ello nos tocó dar las otras luchas; luchar contra el golpe, la dictadura, y fuimos  parte del Frente Nacional de Resistencia que nace con el golpe, y más tarde también formamos  la Plataforma de los Movimientos Sociales. Desde ahí hacemos de todo un poco, desde acompañar a las y los campesinos y campesinas con sus luchas hasta luchar en el proceso de recuperación de tierras. Y la soberanía alimentaria.

Denia Mejia. Fotografía: Beatriz Plaza.

Denia Mejia. Fotografía: Beatriz Plaza.

Actualmente, ¿en qué territorios trabajáis?

Estamos en el occidente de Honduras, que es la región más pobre, o más postergada, o empobrecida, porque no es que sea pobre en sí sino que es rica en recursos naturales, sino que ha sido la región más postergada. Digamos que el centro de Honduras simboliza el poder político; el norte, el económico; el sur, entre político y económico, también pobre, y el occidente es donde más se ha empobrecido la población. Desde el occidente hemos extendido nuestro trabajo al resto del país, especialmente a la zona norte, y también hemos hecho trabajos con algunas comunidades de países vecinos como El Salvador y Guatemala. Últimamente hemos venido haciendo incidencia sobre todo en la zona norte del país, en el Valle del Aguán, donde la palma africana tiene mucha presencia, puesto que es la zona más fértil del país. El dominio de esta zona se ha acentuado desde el golpe de Estado, por parte de terranientes

¿Y cuáles son las empresas que tienen ellos?

La empresa más grande y más visible es Dinant, que se dedica a procesar la palma para los aceites. Don Miguel Facusse es el rostro más visible. Tienen sus propios ejércitos, contra los que también luchamos. Cuando digo sus propios ejércitos me refiero a que tienen empresas de seguridad privada, que son los que reprimen y asesinan a las campesinas y a los campesinos en este sector, es algo  grave. Sólo en este sector del Valle del Aguán, desde el golpe hasta ahora, hay más de 100 campesinos asesinados y otros desparecidos.

¿Podríamos decir que estos grupos de seguridad privada son paramilitares?

No podemos decir “paramilitares” porque no están oficialmente constituidos como tal, pero en la realidad actúan de igual manera. Además también hay sicariato, porque en Honduras hay que ver el tema del narcotráfico. Es un poder oscuro, que también está matando y reprimiendo. Hay que decirlo aunque con ello arriesguemos nuestra vida. El narcotráfico también está vinculado al gobierno, hay supuestos narco diputados, hay supuestos narco alcaldes… Se cuenta que hay narcotraficantes que han financiado campañas, Ahí están nuestras hermanas garífunas, en una lucha en ese mismo sector contra narcotraficantes que las han desplazado de sus territorios, que les han pertenecido ancestralmente.

¿Podrías describirnos cuál es, a grandes rasgos, la situación actual de Honduras?

No es un trofeo muy bonito el que tenemos de ser el país más violento del mundo según datos absolutos y relativos. Tenemos un índice de homicidios de 90 por cada 100.000 habitantes, es escandaloso. Cada día están matando alrededor de 25 ciudadanos y ciudadanas, mujeres, jóvenes. Lo terrible es que en algunas estadísticas se anota que cada 20 horas están matando a una mujer y el resto que matan son menores de 35 años. Parece como si hubiera algún proyecto, así no muy claro, de exterminio de la juventud. Honduras está remilitarizado, se han creado nuevas fuerzas opresoras. Aparte de lo que se ha tenido siempre (la policía civil y el ejército)), ahora se ha creado la policía militar, FUSINA es la Fuerza Nacional de Seguridad Interinstitucional, algo así como ejército con policía. Han creado otros batallones de elite como los TIGRES Y GOET. Lo más terrible es que también hay un programa, llamado ‘’Guardianes de la Patria”, que están dirigido por militares a niños y niñas. Dicen que es para prevenir la violencia, para dar a los niños clases de moral, ética cívica… Todos los domingos grupos de niños y niñas van a la escuela, de momento en las principales ciudades, pero se va a extender por todo el país. Son las fuerzas armadas, los militares, los coroneles…  Es muy grave, significa seguir profundizando en la militarización en el país, llegando a las mentes de las generaciones más jóvenes. En vez de acabar con la violencia, se está profundizando en ella.

¿Y cómo viven esa violencia los movimientos sociales, las organizaciones?

Denia Mejia. Fotografía: Beatriz Plaza.

Denia Mejia. Fotografía: Beatriz Plaza.

Llenos de pánico, de alguna manera, porque han logrado que llegue el pánico a la población civil organizada. Los movimientos sociales han sido muy golpeados, los asesinatos a dirigentes sociales son casi cotidianos, y ahora mismo estos asesinatos ya se han extendido a dirigentes intermedios, no tan visibles. Hace 40 días que asesinaron a Margarita, una campesina que llevaba más de 40 años de lucha. También en el movimiento LGTB están asesinando, criminalizando a cada sector. A los periodistas que de alguna manera apoyan al movimiento social también los van asesinando poco a poco. Es increíble, pero ahorita mismo somos el país donde más periodistas han asesinado, más de 30.  Otro sector afectado es el de los abogados, pero lo más terrible de todo es que siempre los vinculan con otras cosas. Vinculan los asesinatos con violencia común o que tenían nexos con el narcotráfico, porque desde el gobierno hay una política de que todo lo que ocurre hay que culpar al narcotráfico, si no es la delincuencia común es el narcotráfico, sino son las maras…

¿Y los medios de comunicación se encargan de hacer creer esa información?

Honduras ha sido un cerco mediático en esto, tanto a nivel internacional como nacional. Las bases hacemos esfuerzos por la comunicación comunitaria con la intención de romper  un poquito  por lo menos sectorialmente, con ese cerco. Porque los medios están al servicio de las grandes cadenas, y algunos son también socios de transnacionales y de la oligarquía hondureña.

¿Cómo es la relación entre las transnacionales y el gobierno tras el golpe de Estado?

El golpe de Estado tiene tantas aristas…. La cara visible del golpe es que el gobierno de Zelaya quería quedarse, o porque estaba siguiendo los pasos de Venezuela. Pero detrás estaba todo el tema de la transnacionalización. Zelaya había detenido las concesiones. En los primeros siete meses tras el golpe se dieron más de 300 concesiones. Han desnacionalizado, porque está concesionado prácticamente todo el país, a mineras, hidroeléctricas, a turismo… a las empresas transnacionales de turismo. Estamos ahí, en esa lucha. Quienes más lo sufren son los territorios indígenas, que son los que van a ser desplazados o están siendo desplazados, como los garífunas en el caso del Caribe. Toda la zona del Caribe está concesionada para los megaproyectos turísticos, para el turismo rico. Por otra parte también está la concesión de los territorios para las famosas ‘’ciudades modelo”, unos pequeños “estados” dentro del Estado hondureño.

¿Qué son esas “ciudades modelo”?

Inicialmente, siete territorios repartidos en el norte y en el sur, en donde tenemos acceso al mar; Pacífico y Atlántico. Son territorios que son concesionados a un comité internacional de desarrollo. Nosotros las llamamos “ciudades modelo”, pero en el proyecto legislativo el nombre bonito es” Zonas Especiales de Desarrollo”. Han vendido la idea de que va a ser un Hong Kong, un Dubai… la idea de estas ciudades construidas artificialmente. Van a ser empresas, personas extranjeras. Hoy sólo conocemos nombres, pero no conocemos a quienes representan en sí. Sólo aparecen dos nombres de personas que estarían en esos comités de las ‘’ciudades modelo”. Estas ciudades van a llevar sus propias industrias, a hacer sus propios parques industriales, se pierde la autonomía y la soberanía de los pueblos.

¿Qué se tiene pensado hacer con las personas que ya viven en los territorios donde se piensa construir estas “ciudades modelos”?

Efectivamente, ahí radica el gran problema. Dicen que no va a haber desplazamientos, pero nosotros pensamos que sí, porque si buscan un territorio es porque van a ocuparlo todo. Como son un estado dentro de otro estado, con su propio primer  ministro, van a tener su propio sistema judicial. Van a decidir quién entra y quién sale de estas ciudades. Las propias personas hondureñas vamos a ser extranjeras dentro de nuestro propio territorio. Hemos dado una lucha con esto, hemos puesto recursos de inconstitucionalidad. En un  momento lo declararon inconstitucional, fue un triunfo, pero una “alegría de pobre”, como digo yo, que dura muy poco.  Lo que hicieron después, desde el legislativo, fue cambiar el nombre de “Zonas Especiales de Desarrollo” por “Zonas de Empleo y Desarrollo”. También  destituyeron a los magistrados de la Corte Suprema que votaron para declararlo inconstitucional, los sustituyeron. Dieron un golpe técnico a la sala de lo constitucional de la Corte Suprema, nombraron  a otros magistrados, afines al gobierno. Recientemente volvimos a poner nuevos recursos y unos nos lo declararon “sin lugar”, o sea, que ya hemos terminado el proceso de resistencia judicial. Lo que nos queda es la resistencia territorial.

¿Cómo ves el futuro político de Honduras?

Nebulososo. Hubo esperanzas en el año pasado, cuando se fundó el Partido Libre y la esposa de Zelaya se lanza de candidata. Había un buen ambiente, parecía que se iban a ganar las elecciones… Yo nunca fui tan triunfalista, siempre dije que si fueron capaces de dar un golpe, no nos van a dejar que ganemos en las urnas así tan fácilmente. No es imposible pero tampoco está muy fácil. La dictadura, el golpismo, se ha fortalecido, se han blindado, han creado leyes para poderse blindar, para poderse proteger.

¿Y a nivel internacional, qué complicidades existen con el gobierno golpista?

Algunos países reconocieron el golpe de Estado. Pero luego se celebraron elecciones en Honduras, todo vuelve a la normalidad… Honduras vuelve al conjunto de las Naciones Unidas, de la OEA…. Se vuelve a restituir el reconocimiento internacional de democracia. Internacionalmente la visión es que en Honduras hay paz y tranquilidad, y eso es un gran problema para nosotras, las organizaciones y movimientos sociales. Salimos de la mirada internacional, se sabe que en Honduras se está matando a gente pero “allí no pasa nada”, lo atribuyen a la delincuencia común.

¿A qué crees que responde esta estrategia?

Debe ser por todo este juego de la geopolítica imperialista, porque la militarización después del golpe ha sido muy clara, desde Estados Unidos… Hay más bases militares, incluso hemos tenido la base militar más grande de Latinoamérica allí en Honduras, y ahora mismo se han instalado nuevas bases, tenemos seis o siete bases militares más de Estados Unidos. Hay un juego geopolítico estratégico, para lo pequeñitos que somos es demasiada presencia de bases militares estadounidenses. En la zona donde hay petróleo, que es una zona indígena, solo allí, hay dos bases militares, en el oriente de Honduras, en el Atlántico oriente. En las Islas de la Bahía, toda la zona del Caribe hay otras bases militares. Honduras estaba militarizada, pero ahora se ha profundizado en esto. Es algo que responde al imperialismo, en el sentido de que no es tanto de Honduras sino que llega impuesto.


Beatriz Plaza es investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)-Paz con Dignidad.


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Un pensamiento sobre “Denia Mejia, activista social hondureña: “El país sale de la mirada internacional. Se sabe que se está matando a gente, pero se atribuye a la delincuencia común’’”

  1. Siempre EEUU en el centro del huracán. Toda su politica exterior está basada en desestabilizar paises, en favorecer golpes de estado, en vivir unos cuantos a cuenta de la desgracia de mas de medio mundo. No arreglan sus problemas, a la vista está…. Da igual a quien pongan de presidente, siempre será una marioneta en manos de los fabricantes de armas, de las multinacionales. El mundo los odia, la tierra los odia y ellos nos desprecian y nos odian a todos. Deberian psicoanalizarse como pais y ponerse a tratamiento intensivo. A ver si asi no acaban con el planeta.

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