Ramón Reig, investigador: “Todo poder necesita una estructura mediática que lo defienda”

A mediados del siglo XIX Émile de Girardin, fundador y redactor de “La Presse” dio con una idea que cambiaría la suerte del periodismo. Pensó que si introducía o aumentaba la publicidad en su medio de comunicación, podría abaratar el coste de los periódicos y aumentar las audiencias. “Fue el inicio del final de la libertad de expresión del periodista”, ha afirmado el catedrático de Estructura de la Información en la Universidad de Sevilla, Ramón Reig, en el seminario “Comunicación, Poderes y Democracia” organizado en Donostia por la revista Pueblos y la asociación Paz con Dignidad.
Ramón Reig. Fotografía de Enric Llopis.

Ramón Reig. Fotografía de Enric Llopis.

En ocasiones se pinta a los medios como un panóptico totalitario que todo lo controla y no deja resquicios por los que escapar a la uniformidad. El periodista, docente e investigador pone ejemplos de “disfuncionalidad” del mensaje y de que la gente “no está tan muerta como pensamos”. En la convocatoria de referendos a la Constitución Europea, las grandes corporaciones mediáticas y el poder económico pidieron el “sí”, pero los ciudadanos de Francia y Holanda, en 2005, votaron mayoritariamente en contra.

En la consulta celebrada en 1980 para decidir si Andalucía accedía al estatuto de autonomía en las mismas condiciones que Catalunya, Euskadi o Galicia, la UCD, que tenía bajo su control los medios estatales como RTVE, apostó por la abstención o el voto en blanco. Pero el resultado fue el contrario (salvo en Jaén y Almería). La condición era que, en todas las provincias, al menos la mitad más uno de los electores votaran afirmativamente. Concluye Ramón Reig que todavía “no hemos llegado al Mundo Feliz ni a 1984, pero la obligación de todo poder es llegar a ese mundo en que otros piensen por nosotros”.

El poder existe desde tiempo inmemorial, desde los primeros homínidos, pero cambia en la manera de presentarse ante la gente. Según el periodista, “se va moviendo de lo tosco –sin pulimento ni labor- a lo refinado; hay una sofisticación progresiva del poder”. El primer ejemplo es la representación de Carlos I de España en una vidriera de la catedral de san Miguel y santa Gúdula de Bruselas. Aparece el monarca con un mapa del mundo (símbolo de la globalización) y una cruz arriba. Figuran, asimismo, comerciantes y banqueros como los Fugger, que actuaban de prestamistas. “Hay en esta representación una estructura de poder que se le mostraba a la gente; esto es como un periódico o la televisión de la época”.

Ramón Reig cita otro ejemplo. Puede encontrarse en Chile. Es la ilustración de un Jesús niño del siglo XVIII, con la vestimenta imperial y el símbolo del poder Inca. En un salto de varios siglos, llegamos al estado español. Pueden observarse las mutaciones del poder con una esencia que pervive. La bandera de la España franquista mantiene los colores de la época de Carlos III (siglo XVIII) y el escudo con el águila de los reyes católicos. La Constitución española de 1978 conserva la bandera y modifica el anagrama.

“Todo poder necesita una estructura mediática que lo defienda”, afirma el catedrático. En 1999 Thomas Friedman, consejero de la secretaria de Estado de los Estados Unidos (Madeleine Albraight), definió la esencia del poder: “La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible; McDonalds no puede entenderse sin McDonnell Douglas, el fabricante del F-15; el puño invisible que mantiene el mundo seguro para las tecnologías de Silicon Valley es el ejército, la fuerza aérea, la fuerza naval y el cuerpo de marines de Estados Unidos”. Según Ramón Reig, “la finalidad de las estructuras mediáticas es mantener este orden, a través de mensajes más o menos sutiles”.

Estas estructuras o grandes corporaciones tienen nombres y apellidos. La ratio de los 25 grupos mediáticos más rentables del mundo, publicada en 2013 por la consultora SNL Kagan, destaca en primer lugar a Liberty Global (con unos ingresos de 9.000 millones de dólares en 2013), seguida de 21st Century Fox (7.300 millones de dólares), Disney (6.636 millones de dólares), Time Warner, Viacom y CBS. La lista de los 30 grupos mundiales de comunicación más poderosos en 2014, según Zenith Optimedia, la encabeza Google (beneficiado por el incremento de las búsquedas en smarthpones y tabletas), seguida por DirecTV, The Walt Disney Company, 21st Century Fox, Comcast, Time Warner y Cox Enterprises. Es la primera vez que compañías de origen chino entran en este listado (CCTV, la televisión estatal, en el número 23; y Baidu, motor de búsquedas digital, en el 28).

¿Cómo se manejan y extienden los tentáculos estas corporaciones? Según Ramón Reig, “el mundo de los medios conectados al poder se caracteriza por la diversificación y por la concentración; sucede lo mismo que en otros sectores de la producción, en el automóvil o en la construcción aeronáutica, cuando McDonnell Douglas y Boeing se fusionan para competir con Airbus; estos fenómenos se vienen dando desde finales del siglo XIX, pero hoy con la mundialización, se realizan a una velocidad mucho mayor”.

Así, el grupo Time pasa en 1989 a ser Time Warner; una década después habría ya que referirse a Time-Warner-TBS- America Online-Emi (discográfica). En mayo de 2009 Time Warner se escinde de America Online, y Emi desapareció en 2011. Por otro lado, TBS es propietario de la cadena CNN, pero también de Cartoon Network y TNT, entre otras. “Hay en términos generales una tendencia a la concentración de poder -resume el investigador- aunque algunas compañías vayan desapareciendo y otras desuniéndose”. A primeros de octubre de 2014, Facebook adquirió Whatsapp por cerca de 20.000 millones de dólares. Aunque en unas dimensiones menores, en el estado español, los grandes grupos de televisión se reducen a dos, Atresmedia y Mediaset. Entre los dos controlan el 90% de la publicidad y cerca del 70% de la audiencia.

La unión de Cuatro y Tele 5 se produjo después que El País comprara en exclusiva para su publicación las fotografías de Berlusconi con prostitutas y menores. Ello demuestra que las dinámicas de fusión y concentración no entienden de ideologías. Prima el dinero. Lo mismo ocurre con la “diversificación”. La segunda fortuna del mundo según la revista Forbes, Carlos Slim, controla el 9% de las acciones del New York Times, y podría pasar al 17%. Todo ello a través de la empresa Carso, que también participa en los comercios mexicanos Sanborns, telecomunicaciones, bancos, hoteles, grandes superficies comerciales o distribución de aguas, entre otros sectores.

“¿Son libres los periodistas del New York Times para elaborar sus informaciones?”, se pregunta Ramón Reig. El otro gran rotativo estadounidense, The Washington Post, tiene como propietario a Jeff Bezos, dueño y fundador de Amazon, empresa que comenzó como una librería online y que actualmente vende también electrónica, ropa, muebles o comida. El gestor de “fondos buitre” Paul Singer es alguien bien conocido en Argentina. Además, desinvirtió en Time Warner para entrar como accionista en la Fox (mayoritariamente participada por Murdock).

La gran cuestión que sigue a estos procesos es qué margen les queda al periodismo y a los periodistas. Turner Broadcasting ha anunciado recientemente el despido de 1.400 profesionales, de los que 300 afectarán a la CNN. “Una cadena de todo noticias no es rentable”, apunta Ramón Reig. “La gente está continuamente migrando a Internet, además, la crisis del papel ha hecho que se reduzca la tirada de todos los periódicos importantes del mundo”. La conclusión es tajante: “Hay una crisis del periodismo”. La crisis económica implica una mengua de los ingresos publicitarios en los medios. A ello se añade el impacto de las nuevas tecnologías e Internet. Nueva Orleans, por ejemplo, fue la primera ciudad de Estados Unidos en quedarse sin periódico impreso (The Times-Picayune, premio Pulitzer en 2005, se ha pasado exclusivamente a la red). Lo mismo ha ocurrido en ciudades españolas como Cuenca y Guadalajara.

Se ha consolidado una tendencia, sobre todo en los más jóvenes, a la gratuidad de los contenidos. Otra novedad es la irrupción del “nativo digital”, cuyos conocimientos proceden casi exclusivamente de la pantalla. Uno de los grandes retos de la mercadotecnia es, precisamente, captar a este mercado que “picotea” en la red para vendérselo a los anunciantes. Las nuevas tendencias conducen, por lo demás, al “periodista digital”. Ramón Reig lo define como una especie de “supermán”. Maquetador, corrector, redactor, diestro en las redes sociales, en la edición de vídeo, presto a colaborar en otros medios del mismo grupo… “A esto, que llaman sinergias positivas, yo lo llamo explotación de la mano de obra”. Sin invención de neologismos. “Como toda la vida”.


Fuente: Rebelión, 31/10/2014.

Información sobre el seminario “Comunicación, poderes y democracia”


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