“Misántropo” o la crónica del dolor

“La verdad es siempre un tema delicado”, dice el programa de mano de la obra de teatro 'Misántropo' presentada esta temporada por la Compañía Kamikaze Producciones y basada en la tragicomedia de Molière 'El Misántropo'. Imaginamos que la frase que declama desesperadamente Alcestes, el protagonista, está escogida con una ingenuidad y sarcasmo perfectamente calibrado, porque de lo que no cabe duda, y más después de ver este brillante espectáculo, es que la verdad no sólo es un tema delicado, sino que es un valor en muchos ámbitos y desde hace muchos siglos absolutamente 'demodé'. Peor todavía: practicar la verdad puede llegar a resultar inoportuno, maleducado, grotesco, ramplón…
'Misántropo', dirigida y adaptada por Miguel del Arco y producida por Kamikaze Producciones, ha sido elegida mejor espectáculo teatral por el jurado de los Premios Ceres de Teatro 2014. Fotografía: Eduardo Moreno.

‘Misántropo’, dirigida y adaptada por Miguel del Arco y producida por Kamikaze
Producciones, ha sido elegida mejor espectáculo teatral por el jurado de los Premios
Ceres de Teatro 2014. Fotografía: Eduardo Moreno.

La parresia es un término de la retórica clásica de origen griego que se refiere a la libertad de expresión, acompañada ésta de la obligación de hablar con la verdad y de expresar su relación y compromiso con la verdad de quien la practica, y todo ello asumiendo estoicamente y de manera voluntaria el riesgo y peligro que ello conlleva. Ésta es la naturaleza humana, el tormento y el dolor de Alcestes, un hombre que ha renunciado voluntariamente a la sinceridad para practicar cartesianamente la verdad como un deber moral; que ha renunciado a la persuasión frente a la franqueza, y que ejercita la crítica mordaz y sin paños calientes frente a la adulación y el interés particular. El resultado de esta actitud es que Alcestes es un parrhesista (término acuñado por Michel Foucault) cuya derivada le lleva a la misantropía, es decir, a desarrollar una aversión y animadversión general hacia los seres humanos y la humanidad, y que, como es fácil de entender, le conduce a la autodestrucción sin remedio.

A su ejemplar moralidad se añade su irracional amor por Celimena, una bella burguesa pretendida por una pléyade de abyectos que representa la contradicción de los valores que Alcestes se empeña en practicar. Su amada reúne muchos de los peores defectos que un parrhesista de manual pretende ver reflejados en la persona a la que más quiere. Pero Celimena, a pesar del afecto y apego que siente por Alcestes, es tan frívola y caprichosa como superviviente e interesada: lucha por ocupar un sitio en una sociedad que a lo mejor no le corresponde, pero está dispuesta a todo, incluso a sacrificar su relación con el protagonista y llevarlo a un violento y turbador desquicie.

Miguel del Arco, director de este montaje, renuncia a los miriñaques, a las caras empolvadas y a los pañuelos de hilo y puntilla, y se lleva El Misántropo del Molière a un original escenario que resulta ser la parte trasera de una discoteca en la que se está celebrando una desfasada fiesta de empresa o similar, y de la que los personajes, móvil y gin-tonic en mano, entran y salen a conspirar, drogarse, beber, mal hablar, sufrir, pelear y desesperar. En ese efectivo callejón en penumbra, de paredes semihúmedas mal enfoscadas, con sus bajantes de desagüe, sus farolas a medio gas y donde se amontonan las cajas de plástico de bebidas, bidones y cacharrería de trastienda de local de copas, es donde Alcestes, compadecido por su buen amigo Filinto, pena, sufre y transita hacia la misantropía más irracional. Sin duda la escenografía es el aderezo perfecto para la representación de la desolación y dolor del protagonista, y donde la hipocresía, la ambición y desfase del resto de personajes cobra una fuerza magistral. Todo para que en definitiva Del Arco logre hacer transcender una obra del siglo XVI a la actualidad, con una vigencia que parecía a priori impropia, pero, finalizado el espectáculo, con una verosimilitud de contemporaneidad y vigor de la que Molière hubiese estado, creo, muy contento.

Dicho esto, el principal y primer mérito del montaje está en el texto, no sólo en el original del autor francés, sino en la cuidadosísima adaptación y traslación del mismo al lenguaje y contexto actual. Del Arco rearma casi de cero una nueva dramaturgia que, siendo absolutamente respetuosa y apegada a la propia de Molière (aunque con menos personajes), compone una nueva obra de autoría y lectura contemporánea de una altura literaria muy importante. Aborda con tanta precisión como desinhibición los viejos y nuevos temas de la verdad, el dolor y la hipocresía; incluyendo una ranchera (Cansado corazón, interpretada por Asier Etxeandía), un poema de Cernuda, rayas de coca y alcohol por doquier, inoportunos y delatores whatsapps, o una espectacular vídeo-proyección.

El segundo valor está en la dirección e interpretación del elenco, así como de la solvencia técnica del grupo. La obra desde el principio tiene una intensidad y velocidad de éxtasis que requiere de una concentración y una precisión interpretativa no apta para actores y actrices sin oficio y talento. Y en este caso el cuadro de intérpretes resuelve con una maestría encomiable, y sobre todo con motivación y entusiasmo por hacer una gran obra, que contagia rápidamente a todas las personas que estamos en el patio de butacas. El engrase, complicidad y solape de los técnicos y actores en escena es de compañía de teatro de las de plantilla estable, de las de carretera y manta, de las de bolo-furgoneta-pensión y vuelta a la dada. Todos y todas saben de las holguras y de los repuntes de sus compañeros de tablas, y eso se nota, y eso se agradece, y eso se admira, no sólo por la obra que vemos, sino por el modelo empresarial y de producción desde el que proyectan su oficio.

Kamikaze Producciones, desde que en 2009 presentó su primer montaje, nació de pie y con un pan bajo el brazo. Cuenta sus trabajos por merecidos e incontestables éxitos rutilantes, y eso supongo que motiva para no parar y no cejar en el empeño. Pero la persistencia y la fidelidad con su proyecto requiere especial atención y allí está el resultado de esta obra, que si no hubiese sido por montajes de equipo como La función por hacer (2009) o por Veranenantes (2011), entre otros, los Alcestes, Filinto, Oronte, Celimena, Clitandro y Arsinoé, estoy seguro no hubiesen tenido la altura dramatúrgica, la calidad interpretativa y la excelencia técnica y escenográfica que en este Misántropo tienen.

Quiero destacar nuevamente la esencia de El Misántropo de Moliére y el Misántropo de Kamikaze, regresar a la reflexión de la verdad como valor de difícil encaje y falta de sentido. El angustioso viaje de Alcestes y sus principios, rodeado de babosos y maniqueos personajes con innumerables réplicas de actualidad en numerosos ámbitos, se nos muestra como una perfecta metáfora sobre la inocuidad de la indignación y la filfa del concepto mundano de lo verdadero.

En el ambiente en que se desenvuelve, el protagonista podía haberse convertido en un progresista de salón que, con sólo reír interesadamente alguna gracia y sin renunciar a ninguno de sus íntegros pensamientos humanistas, podría haber sobrevivido, atraer a Celimena, que hubiese visto en él cierto exotismo extravagante, interesante e incluso erótico; y también, por qué no, haber acuñado cierta aura y dignidad de librepensador integrado y aceptado, todo ello sin quitarse la peluca de rizos ni los zapatos de tacón grueso con hebilla de latón. Pero decide dar un paso adelante y cambiar la virtualidad de la transitoria indignación por el ascético camino del dolor, de manera que su reacción adquiere un estadio vivencial donde la furia y las consecuencias de los hechos que desencadena son definitivas y sin retorno. Alcestes en proscenio, víctima y dueño de sus principios, lanza una mirada atrás buscando la complicidad de quien se la quiera dar. Todos rehúyen… y él, volviéndose al público, baja al patio de butacas y sale a la carrera por el pasillo central… Se hace oscuro… Aplausos… ¿O te atreves a seguirle?


José Alberto Andrés Lacasta es colaborador de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº63 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2014.


 

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