Después de la matanza

Dice el Gobierno israelí que la Operación Margen Protector ha conseguido sus objetivos, lo que podría hacer pensar que superar la cifra de 2.000 muertos era uno de ellos. ¿Demasiado cínico? Quizás no. Estamos tan acostumbrados a dejarnos enredar por las palabras que ya no oímos lo que dicen los hechos. Y lo que dicen de esta última matanza (¿será de verdad la “última”?) y de las anteriores en 2012, 2009, 2006, 2004, 2002, 1996, 1982... es que los muertos, el número de muertos, siempre que sean palestinos, no importa. Todas las ofensivas israelíes, en Gaza, en Cisjordania, en Líbano, se han caracterizado por un absoluto desprecio hacia las víctimas de la población palestina. Se diría que el término “civiles palestinos” no figura en el vocabulario militar israelí, quizá para el ejército israelí no hay civiles palestinos, hay simplemente palestinos. Simplemente, el enemigo.

p63_palestina-paulaLa eficaz maquinaria de propaganda israelí, que cuenta con muchos, muy poderosos y muy activos colaboradores no sólo en los grandes medios de comunicación sino también y cada vez más en la red y en las redes sociales, suele hacer hincapié en que antes de bombardear el Tsahal avisa para que la población abandone el lugar. El argumento es tan falaz que resulta insultante. En realidad esos supuestos avisos forman parte de una vieja práctica de los grupos armados sionistas que llevaron a cabo la campaña de limpieza étnica en Palestina en los meses previos y posteriores a la creación del Estado de Israel. El esquema consistía en rodear una localidad y anunciar con altavoces a la población: “abandonad inmediatamente el pueblo o moriréis todos como en Deir Yasin”[1]. Nada muy diferente al “abandonad el edificio” que de vez en cuando escuchan los vecinos de Gaza diez minutos antes de que su barrio sea bombardeado. El anuncio del horror que está por venir no es indicativo de una preocupación humanitaria sino de una estrategia del terror.

La victoria militar que la incomparable superioridad de fuerzas garantiza siempre no es suficiente, se busca aterrorizar, escarmentar, quebrar la capacidad de resistencia de la población palestina. Por eso los ataques han de ser devastadores. No es algo nuevo, ha sido la práctica habitual de este y los anteriores Gobiernos de Israel. Desde las operaciones de limpieza étnica de 1947-48 hasta la matanza de este verano de 2014 en Gaza, el objetivo último de las operaciones del ejército israelí no es otra fuerza militar, sino la población palestina.

No son los cohetes de Hamás los que desencadenaron está última ofensiva contra Gaza, sino algo mucho más político y, a ojos del Gobierno israelí, mucho más peligroso: el acuerdo entre Hamás y Fatah para un Gobierno de unidad nacional. Destruir ese acuerdo era el objetivo. De momento fallido. Y hay que preguntarse, ¿por qué el anuncio de la recuperada unidad palestina puso tan nervioso al primer ministro, Netanyahu, y a todo su gabinete? Pues porque volvía a situar en primer plano la cuestión crucial: la ocupación. Y la ilegalidad de las colonias en territorio ocupado. Ahora el primer plano lo ocupa una vez más la reconstrucción de Gaza, de lo destruido por Israel en Gaza. Y así, casi de tapadillo, apenas una semana después de acordado el alto el fuego, el Gobierno israelí anuncia la confiscación de más de 400 hectáreas de tierras palestinas en la localidad de Wadi Fakia, al sur de Jerusalén, para anexionarlas a las colonias de Kafer Etziom y Gevaot.


Después de la matanza, el robo de la tierra prosigue.

Teresa Aranguren es periodista y autora de los libros Palestina: El hilo de la memoria y Olivo Roto: Escenas de la ocupación.
Es miembro del Consejo de Administración de RTVE.

Artículo publicado en el nº63 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2014.


NOTAS:

El 9 de abril de 1948, las milicias del Irgun y el Stern, entre cuyos dirigentes figuraban dos futuros primeros ministros de Israel, Menajen Beguin e Yitzak Shamir, llevaron a cabo la matanza de más de trescientas personas (en su mayoría niños, mujeres y ancianos, ya que los hombres estaban trabajando en los campos) en la localidad de Deir Yasin, al oeste de Jerusalén. En su libro de memorias Rebelión, Menajen Beguin sostiene que Deir Yasin fue fundamental en la lucha por la creación del Estado de Israel.


 

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