Portugal y las excolonias, falsos amigos

A pesar de considerarse una de las prioridades de la política exterior de los últimos gobiernos portugueses, la relación de Portugal con sus excolonias es todo menos horizontal o poco problemática. Ha ido oscilando entre momentos de total desinterés a, cuando ha convenido, una voluntad de “fortalecer los lazos”. En 2015 proliferarán las conmemoraciones de los 40 años de las independencias, declaradas por los movimientos de liberación nacional tras largas guerras que el régimen fascista portugués alimentó hasta el absurdo.
Fotografía: Paolo Margari.

Fotografía: Paolo Margari.

Casi toda África estaba descolonizada a partir de 1960. Sólo la persistente metrópolis portuguesa no se había dado cuenta de que la fiesta imperialista se había terminado. Este breve análisis se centra en los países africanos de lengua portuguesa (PALOP), cuyas realidades son muy diferentes en un espacio tan asimétrico como es el de la lusofonía, de por sí una consecuencia de ese pasado colonial.

Los periodos turbulentos que siguieron a las independencias permiten algunos paralelismos: el régimen de partido único de inspiración socialista hasta 1991, la apertura a los mercados y el inicio del multipartidismo (1992) y, en el caso de Mozambique y Angola, violentas guerras civiles (hasta 1992 y 2002, respectivamente) en el que fueron juguetes de la Guerra Fría de potencias que disputaban recursos y posiciones de fuerza. Después, el ensayo de democracias facilitadoras del capitalismo, un neocolonialismo en que que dominan los numerosos intereses extranjeros y, a la vez que ciertas grandes fragilidades en ciertos sectores, una mala gestión de las dependencias.

Cabo Verde y Santo Tomé no sufrieron guerras pero fueron explotados duramente en los tiempos coloniales (por ejemplo, el desplazamiento forzado de las personas contratadas para las plantaciones de café y cacao). Tienen otros condicionantes, como ser archipiélagos y la numerosa población descendiente cabo-verdiana en Santo Tomé.

Lusofonía y diferencias

La familiariedad con el país excolonizador es claramente desigual, más visible en el caso de Angola y Cabo Verde que en el de Mozambique, que se relaciona más con los países de su subregión, África del Sur (aunque en los últimos años, debido a la explotación de recursos minerales, gas natural y carbón, haya vuelto a acoger población inmigrante portuguesa).

Fotografía: Marta Lança.

Fotografía: Marta Lança.

En términos de situación social y económica las diferencias son numerosas, aunque estos países comparten, además de la inexistente separación de poderes entre Estado y partido, prácticas de abuso de poder y privilegios por parte de las elites, abusos mayores cuanto menos justa es la distribución de la riqueza, en un proceso de naturalización de las jerarquías que no precinde de prejuicios clasistas y raciales. El gran capital irrumpió y aumentó las tasas de crecimiento económico sin que esto influyese en la distribución de la riqueza o en sectores fundamentales como educación y salud. Gran parte de la población autosubsiste, vive de la economía paralela o de lógicas caritativas de no aportan nada al desarrollo.

Sin embargo, para no transmitir una imagen de completa desesperanza, en ocasiones coartada para discursos nostálgicos, destacamos aspectos positivos: se va restableciendo el tejido social y se curan las heridas de las guerras; una pequeña parte de la juventud reivindica nuevamente las libertades y la sociedad civil gana una voz activa. Y, atravesando todo ello, dos cuestiones más: la creatividad y la solidaridad dan respuesta a muchos problemas cotidianos.

Las excolonias como tabla de salvación

Pasaron los tiempos en los que “colono” y “portugués” eran lo mismo, pero “Portugal” sigue siendo hoy una palabra recurrente. Defendiendo determinado espacio transnacional en un abstracto patrimonio cultural, histórico y lingüístico, Portugal promueve las relaciones con estos “sus” territorios privilegiados con un ojo sobre todo en los negocios. La lusofonía se ha convertido en el campo ideal para estos negocios, en cuanto posibilidad para minimizar una crisis profunda, a pesar de que ello provoque contradicciones entre el discurso y las prácticas políticas.

Fotografía: Marta Lança.

Fotografía: Marta Lança.

Y es que son inmensas las potencialidades de la Comunidade dos Países de Língua Portuguesa (CPLP), comunidad que, además de los países africanos, incluye Brasil y Timor Oriental, y que todavía está debatiendo la entrada de la dictadura de Guinea Ecuatorial. Son 250 millones de personas; el 3,6 por ciento del PIB mundial; el seis por ciento del petróleo y el uno del gas. Al mismo tiempo, las economías de los PALOP dependían, y dependen, en general, de “ayuda” pública internacional, en la que Portugal tenía el papel de eje (como Brasil) ante la Unión Europea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y otras instancias, además de las ONGD.

En 1961 se formalizó una zona de libre comercio entre Portugal y estos territorios, el Espaço Económico Português. La metrópolis dependía mucho de productos como el algodón, el café y el cacao. Tras las independencias, cada uno de los países optó por formas políticas y económicas que determinarían sus relaciones económicas externas. A la vez, Portugal se integró en en espacio económico europeo.

La grave situación financiera que vive Portugal desde 2011 ha hecho volver la vista a estos mercados. Tras años de relativa indiferencia y visiones reduccionistas, ahora el discurso dominante es que las excolonias son una tabla de salvación para una economía deprimida por la crisis de la deuda y los rescates. Hay que sacar partido del privilegio del espacio lusófono y se suceden las propuestas con respecto a estos nuevos-viejos mercados.

Además de la cuestión del idioma, destaca que los sistemas jurídicos tienen bases comunes. Durante años, los inversores portugueses estuvieron atentos a la Angla que se formaba. Surgieron nuevas áreas, como el crecimiento verde, energía, mar, turismo. Se creó recientemente una comisión para poner en marcha la futura Unión de Bancos, Aseguradoras e Instituciones Financieras (UBIF-CPLP), que se prevé garantice mayor seguridad a inversiones y transacciones financieras.

Aunque todavía vea riesgos, Portugal pasó a mirar hacia Angola de otra manera desde que terminó la guerra. La antigua “joya de la corona”, su crecimiento económico centrado en el petróleo, convirtió este país en un El Dorado para empresas y recursos humanos. También entraron con fuerza en el capital de empresas portuguesas algunas empresas y millonarios angoleñas. Portugal firmó un pacto de silencio en nombre de los intereses de una minoría. Vende el desmantelamiento de sus recursos estratégicos, banca, sector inmobiliario y de la comunicación, y obedece a las intimidaciones de gobernantes que asaltan los intereses del Estado. Y con la disculpa de la crisis muchas maniobras van pasando impunes…

¿Casa común en construcción?

La lusofonía parte de un imperio en el que Portugal era el centro y que motivó otros contactos, sobre todo la relación histórica entre Angola y Brasil o entre Cabo Verde y Santo Tomé, así como la lucha común que simboliza Amílcar Cabral en Guinea Bissau y Cabo Verde. Las ideas del sociólogo brasileiro Gilberto Freyre, autor de Casa-Grande e Senzala (1993, Los Maestros y los Esclavos) servirían para consolidar y fundamentar las bases de la colonización y la matriz lusa. A partir de los años 50 se utilizó el término “lusotropicalismo” para crear el mito de mestizaje e interculturalidad en las colonias portuguesas. Freyre resaltaba la plasticidad natural del pueblo porugués, mestizo ya en su “génesis”, acostumbrado a convivir con población árabe y judía en la Península Ibérica, y tener esa relación especial entre Europa y África.

Recuperado Portugal como lugar de origen o punto de partida, esa línea de pensamiento sobre la lusofonía aún tiene continuidad. Pero, mientras no exista una verdadera emancipación para hacer frente a oportunismos y no se equiparen las múltiples identidades, la lusofonía será siempre un concepto vago y reverberador del pasado, camuflado en una relación como la actual, de condescendencia, conveniencia y tensiones.

Portugal tiene dificultad para reconocerse como país postcolonial y ver con respeto la identidad de cada uno de esos países. Este discurso lo alimenta tanto la izquierda más retrógrada (basada en los afectos y los negocios) como la derecha más nacionalista y nostálgica del Imperio (una especie de “patria” con una lengua común a imagen y semejanza de su matriz lusitana).

Hablo de la tendencia manifiesta de la “portugalización” de la lusofonía, que impone ciertos valores como forma de control. Haciendo una analogía entre el acto de colonizar / civilizar y la cooperación, se reconoce un asistencialismo que no cuestiona realidades, necesidades y posibles puntos de encuentro. El “deber moral “ y la idea de “ventaja” diferencia a “excolonizados” de “excolonizadores”.

A la vez, las mismas instituciones que legitiman el espacio lusófono, la CPLP o el Instituto Camôes, han abandonado políticas culturales que respetan la diversidad. Se debería trabajar en una televisión común, que quizás lograse una cohesión mayor de la CPLP, pero Portugal prefiere mantener sus medios paternalistas.

En cuanto a la cuestión del Portugal postcolonial, destaca cómo viven en el país las comunidades de origen africano. Hay racismo e invisibilidad de las personas negras en la sociedad portuguesa. Los lazos con el pasado son complejos y las relaciones de hoy son, en cierto modo, las de ayer en África. Tenemos que descubrir el origen de estas relaciones y percibir la confrontación histórica, y afectiva, entre ayer y hoy, para no vivir esto desde el lado nostálgico neocolonialista y para acercarnos a una verdadera interculturalidad. A pesar de las dificultades para analizar el pasado colonial (tabú social/ orgulloso revivir), éste se encuentra muy presente en las vivencias, en las redes de poder, en las relaciones, en el trato, en la salud mental de los ex combatientes de las guerras coloniales, en el imput para la economía de las personas retornadas, en el racismo oculto y en tantas otras cuestiones.

Hay un discurso aparentemente comprometido con la lusofonía, pero en realidad no existe una conciencia lusófna y la cohesión proviene más de lo económico y menos de lo político y lo cultural. Casi ninguna persona africana o brasileira se identifica como “lusófona”, aunque se reconozca la historia común.

La lengua portuguesa era el soporte del Imperio y hoy es el soporte de la lusofonía en tanto posibilidad de universalismo. La misión colonizadora y “civilizacional” no puede renunciar a esta apología de la lengua como forma de reconocimiento de los vestigios de una “civilización” que se encontraba “en todos los continentes”, como también de engrandecimiento de Portugal como patria y potencia colonial.

Promover el portugués no tendría nada negativo si no se partiese del principio de que es a las y los portugueses a quienes corresponde el control de la lengua. De este modo, como escribe Alfredo Margarido (2007), “Si esperamos que la lengua continúe expandiéndose, debemos, como contrapartida, refrenar el instinto de dominación que continúa marcando la sociedad portuguesa”. Equiparar todas las variantes del portugués sin duda lo enriquecería.


Marta Lança, licenciada em Línguas e Literaturas Modernas, especialidad en Estudos Portugueses, creó en 2010 el portal Buala (www.buala.org). Trabaja también como editora del portal Rede Angola.

Traducido para Pueblos – Revista de Información y Debate por Andrea Gago Menor.

Artículo publicado en el nº62 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2014.

Euskaraz: “Portugal eta kolonia ohiak, lagun aizunak“.


“Invocamos lusofonías de hoy que ya fueron lusotropicalismos de ayer”
Ruy Duarte de Carvalho


 

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