La nueva propaganda como cambio de mentalidad

En las últimas semanas triunfa en la red Flos Mariae, un grupo musical de "chorrocientas" hermanas que cantan canciones que, al parecer, compone su madre. Son canciones que tratan el amor, el matrimonio, la familia, el esfuerzo, la maternidad y la espiritualidad desde una perspectiva católica integrista. Eso, sumado a que cantan como una almeja, provoca cierto humor en quien no comparte esa lógica. Sí, es divertido. Hasta que descubres que ese grupo es un indicio de un cambio descomunal "por aquí abajo" que puede helar la sangre. Y se te congela la risa. Este artículo, de hecho, es un intento de congelar la risa.

Si investigas un poco ese grupo, descubres que esa familia católica realiza otras actividades en la red: una página con meditaciones sobre la Biblia, otra de relaciones para solteros y solteras con fines matrimoniales y otra con noticias vinculadas al pack catolicismo. En ese cóctel descubres algo no previsto, un indicio de ese cambio descomunal. Esos católicos quizás no lo saben, pero son protestantes. Es decir, están realizando, desde una aparente cosmovisión católica, la misma función (y con los mismos géneros, palabras, tonos e implicaciones) que otras páginas religiosas o vinculadas a la religión que se emiten desde Estados Unidos, articuladas desde un novedoso protestantismo, radical, rampante, político, que acostumbra a caer en lo que se ha llamado Tea Party. El confuso y variado Tea Party empezó a formarse torpemente en los años 60 y 70. Adquirió su individualidad en la primera era de Reagan (aquello que él denominaba Revolution) y fue determinante en la reformulación de los conceptos libertad o democracia, que desde entonces no han parado de crecer y modularse. Son una parte del electorado republicano importante y articulada; hasta tal punto que el Partido Republicano (una estructura, por otra parte, endeble, que desaparece cada cuatro años) está seriamente inquieto.

María José Comendeiro.

María José Comendeiro.

Lo llamativo es que a miles de kilómetros de, pongamos, Pennsylvania, un grupo de católicas crea que está emitiendo catolicismo cuando en realidad emite una revolución intelectual que integra inputs extraños, como trazos míticos del sentimiento religioso americano y gotas del anarquismo-individualismo USA. La cosa, nos explica George Lakoff, empezó a fraguarse en los laboratorios-thinks tanks republicanos bastante años antes de la era Reagan. A través de lo que Lankoff presupuesta en varios cientos de millones de dólares, se investigó y fabricó un lenguaje que tenía que arrinconar el poderío demócrata y el lenguaje básico, directo, brutal y autoritario republicano, que se veía incapaz de competir y ganar. El fruto de tanto esfuerzo intelectual y económico nace con Reagan, un hombre (un actor) con un léxico formidable, que mezclaba conceptos religiosos con, y he aquí la absoluta novedad, conceptos democráticos radicales, incluso libertarios. Libertad y democracia empiezan a ser el eje de todo. En nombre de ellas se descubre que se puede crear una escuela confesional que veta a Darwin, se pueden crear posibilidades involutivas a varios derechos (por ejemplo, a abortar) y, sobre todo, desarticular y saquear al Estado. En tiempos de Franklin D. Roosevelt, las grandes fortunas, vía IRPF, daban al Estado 95 centavos por dólar. Esta mañana, tras el paso de Reagan y su vocabulario revolucionario, la situación es, literalmente, inversa.

El reparto de la riqueza y la provisión de servicios han sido detonadas en EEUU a una escala imposible de producirse sin violencia. O, lo que es lo mismo, sin propaganda, que es la violencia de la democracia, como apunta Chomsky. Una violencia/propaganda en tiempo real, lo que dice el político mientras hace otra cosa. Si no es perceptible es porque el observador comparte palabras y lógica. Es decir, que si quiere intelectualizar su pobreza, debe de apuntar como explicación a su destino, o a su culpa. Margaret Thatcher, la otra participante en esa revolución conservadora de los 70, llegó a compartir lenguaje con Reagan sin esmerarse mucho en ello (no consta, de hecho, ningún contacto de tan alta escala entre la derecha británica y los thinks tanks republicanos). Quizás Thatcher llegó a ello por deslumbramiento americano y, a partir de la lectura de liberales clásicos ingleses como Spencer (ese tipo al que sólo leían los tories ingleses y los anarquistas barceloneses), condensa esa posibilidad de propaganda en una legendaria frase: “Si a los 25 años aún viajas en metro examina tu vida, eres un fracasado”. Si a determinada edad no eres millonario, algo falla. Y ese algo eres tú. ¿Cómo llegó esa revolución conservadora de los 70 al norte de Girona, la zona desde la que canta Flos Mariae su amor a Dios, a la virginidad y al esfuerzo personal que posibilita que, a los 25 años, no vayas en metro, que dice, en fin, que la problemática no son dinámicas o estructuras, sino tus elecciones personales?

A finales de la primera legislatura Aznar apareció un breve en la prensa al que nadie hizo ni caso. Anunciaba que la fundación FAES y el Republican Party habían firmado un convenio para intercambiar lenguaje. El lector que lo vio pensará que intercambiarían tacos, antes de pasar a pensar en otra cosa y olvidarlo. Pero ha resultado fatal. En la segunda legislatura (a mediados de ella un técnico republicano reconocía que España era el país en el que la revolución lingüística republicana “se había hecho efectiva al cien por cien) los conceptos democracia y libertad acabaron dibujando y explicándolo todo. Creaban, incluso, una confusión y una crispación social efectivas, y liberaban al poder de dar explicaciones más allá de su defensa non-stop de la democracia y la libertad.

El neoliberalismo (¿por qué no lo llamamos postliberalismo?) vivió su edad de oro, un momento efervescente de grandes negocios a la sombra del Estado, incluida la guerra. España, de la mano del PP, vivió su gran revolución lingüística, que dejó sin lenguaje a una socialdemocracia que sólo poseía como patrimonio las palabras, pues las políticas no habían podido resistir la ola conservadora de los 70: su libertad, su democracia, sus bajadas de impuestos. Mitterrand fue el último partido socialista que aún acudió a unas elecciones con la nacionalización de la banca en el programa.

La existencia de Flos Mariae ilustra un cambio de mentalidad profundo. Afecta a la propaganda de Estado, pero no la emite el Estado. O, al menos, no sólo. La emiten también los particulares. La puedes emitir incluso tú, a través de tu culpa, cuando viajas en el metro a partir de los 25 años. Por así decirlo, España ha dejado de ser católica. No en el sentido en el que apuntaba Azaña cuando dijo esa frase, sino en el sentido en el que Weber dibujaba la dicotomía catolicismo-protestantismo. Tener dinero ya no es pecado. El pecado es no tener el suficiente y tener que viajar, lo dicho, en metro.

Todo esto es importante. Apunta hacia donde irá la propaganda a corto y medio plazo. El Régimen del 78, único Estado de Europa que dominaba la posibilidad de emitir cultura verticalmente (durante tres días, tras el 11M, el Gobierno estuvo emitiendo información contraria a la de los medios internacionales y ningún medio local lo desautorizó) ha perdido esa posibilidad desde 2011, cuando se produce una revolución cultural llamativa que, en su día, denominamos 15M.

Con la reforma constitucional exprés de 2012, el Estado ha dejado de ser el emisor de bienestar para pasar a ser el recaudador de deuda. Es cambio estructural tan importante que el régimen del 78 debería pasar a ser régimen de 2012. Los antiguos métodos de propaganda, fundamentados en la posibilidad de la cultura vertical, es posible que ya no sirvan. En un futuro postdemocrático, la mejor propaganda, la más barata y la que parece más madura es la que nos hace creer que la culpa de todo no es de un gobierno o de unas empresas que hablan todo el día de libertad y democracia. Es nuestra. De nuestros hábitos o de nuestro destino. Ya hay canciones que así lo apuntan.


Guillem Martínez es periodista y escritor.

Artículo publicado en el nº61 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2014, monográfico sobre comunicación, poder y democracia.

En euskera, aquí: “Propaganda berria pentsamolde aldaketa gisa”.


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