¿“…que veinte años no es nada…”?

Persistencia y pertinencia del movimiento zapatista en Chiapas

Así como reza el tango nos encontramos ante un “volver” que, de hecho, entraña varios “retornos”. Salinistas de antaño y sus retoños 3.0 vuelven para completar la labor cercenadora del proceso revolucionario del 1910-17 que tuvo su epílogo a finales de la década de los 30 cuando Lázaro Cárdenas nacionalizó las reservas petroleras. Esta y otras conquistas, plasmadas en el artículo 27 de la Constitución, comenzaron a ser demolidas en el 92 cuando el partido de la “revolución institucionalizada” terminó con el carácter comunal de la tierra ejidal, que hasta entonces no podía ser “dividida, vendida o enajenada”. Fue una de las causas principales del levantamiento indígena.
Fotografía: Oskar Hernando.

Fotografía: Oskar Hernando.

Con la irrupción del zapatismo y víctima de sus propias contradicciones internas, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se vio apartado de la Presidencia (que no del poder) durante dos sexenios. Hoy está de vuelta para proseguir con su particular “desmontaje” neoliberal, echando abajo incluso, con nocturnidad y alevosía, los sacrosantos iconos de la independencia energética (petróleo y electricidad) que con grandes dosis de impostura reverenció en el pasado desde el tan aireado “milagro mexicano” de la década de los 40 hasta que miles de indígenas encapuchados les aguaron la fiesta del “ingreso de México en el primer mundo” el día que se firmaba el tratado de libre comercio con EEUU y Canadá (TLCAN). Era el 1 de enero de 1994.

En este déjà vu priísta (quien sabe si con intención de cobrarse por despecho algunas facturas pendientes en el solar chiapaneco), la clase política mexicana se ha agrupado al unísono, una vez más, en un engendro denominado Pacto por México que en su concreción social ha sido bautizado como Cruzada Nacional contra el Hambre.

Y se ha topado de nuevo con quienes siempre estuvieron ahí.

Hombres y mujeres que, hoy zapatistas, ayer protagonistas de rebeliones contra los conquistadores y siempre pueblos mayas (tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, etc.) se aprestaron para culminar un año pleno de efemérides y celebraciones que inició con el final de baktún del 21 de diciembre de 2012.

Este 1 de enero de 2014 se cumplirán dos décadas de la irrupción de la primera guerrilla del siglo XX a través de nuestras pantallas de televisión, pero, sobre todo, de internet. Un levantamiento que sorprendió al mundo y sacó a la izquierda del coma profundo en que se encontraba tras el derrumbe del socialismo real. Veinte años que, en una perspectiva de larga duración sociológica (y menos aún en los ciclos de los pueblos milenarios), como dice la canción, “no son nada”. Y sin embargo, son tanto…

Desplazados de la pista mediática, (como si algunos creyesen la fantasía infantil de que al destaparse los ojos ya no iban a estar ahí), alejados de los focos y envueltos en ocasiones durante meses en silencios desquiciantes para los ritmos de eso que categorizamos como “pensamiento occidental”, los y las zapatistas siguen aquí y cumplen años. “Siempre atacados y perseguidos, siempre resistiendo; siempre siendo aniquilados, siempre reapareciendo” dice el Subcomandante Marcos en uno de sus últimos comunicados, “Rebobinar 3”. “Tal vez por eso las denuncias de las bases de apoyo zapatistas, hechas a través de sus Juntas de Buen Gobierno (JBG), tienen tan pocas lecturas. Es como si uno ya hubiera leído eso antes y sólo cambiaran los nombres y las geografías”, añade con ironía.

Tres décadas de lucha

En la madrugada del 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que en secreto y con el impulso inicial de las FLN (Fuerzas de Liberación Nacional) preparó en la selva el levantamiento durante 10 años, puso patas arriba la historia de Chiapas y del México moderno. Miles de mujeres y hombres indígenas precariamente armados tomaron cinco de las principales cabeceras municipales del Estado demandando trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz… Paralelamente recuperaban las tierras de los latifundistas que durante siglos habían esclavizado a la población indígena demoliendo hasta los cimientos, piqueta en mano en ocasiones, algunos de los símbolos más evidentes de esa dominación secular (ayuntamientos, haciendas etc.) Tras el inicial enfrentamiento bélico que tuvo en los años posteriores diferentes episodios e intensidades, surgieron los municipios rebeldes autónomos, agrupados en cinco Aguascalientes que en 2003 se transformarían en los actuales Caracoles, coordinado cada uno de ellos por una JBG.

Fotografía: Oskar Hernando.

Fotografía: Oskar Hernando.

Para su gobierno, los y las zapatistas se inspiraron en los usos y costumbres, en la Constitución de 1917 y en las Leyes aprobadas en los años previos al levantamiento, entre las que destacan la Ley Revolucionaria de las Mujeres y la Ley Agraria. Aunque falta mucho por recorrer es evidente que estas dos últimas han cambiado la forma de vida y relación de miles de personas en las comunidades de Chiapas, especialmente en el caso de las mujeres.

Tras la traición a los Acuerdos de San Andrés de 1996 firmados con el Gobierno mexicano, el EZLN promovió el ejercicio de facto de la autonomía con la premisa del “mandar obedeciendo” y ejerciendo la democracia directa basada en la rotación de personas y la posibilidad de revocación de mandato. Además, en todos los territorios autónomos se consolidaron sistemas alternativos de salud, educación, justicia, producción y comercialización, dando lugar a una sociedad basada en una economía no capitalista y en el trabajo colectivo y no remunerado que pervive hasta la actualidad.

A lo largo de estos años, la radicalidad del discurso zapatista se ha hecho insoportable para una buena parte de la izquierda mexicana con aspiraciones electorales. Sus críticas a todos los partidos, pero especialmente al Partido de la Revolución Democrática (PRD), con nombres y apellidos, terminaron probablemente con una buena parte del apoyo y simpatía que el zapatismo mantenía entre las bases de este partido. Pero el paso del tiempo y la deriva de la izquierda van confirmando punto por punto los análisis del EZLN.

1994-2013
Represión por todos los medios

Frente al desafío zapatista, el poder respondió desde un inicio con todo tipo de represión: bombardeos y operaciones militares, cercos paramilitares, desplazamiento forzado, cárcel… Los casos de las comunidades de San Marcos Avilés y Puebla son los ejemplos más recientes.

Siempre complementarios en los manuales contrainsurgentes, los programas sociales han tenido un especial desarrollo en el panorama político chiapaneco. Lo que en tiempos de Carlos Salinas de Gortari se denominó Programa Nacional de Oportunidades (PRONASOL), y Oportunidades (con su innumerable lista de subprogramas) con Fox y Calderón, hoy se ha transmutado en la Cruzada contra del Hambre de la administración de Peña Nieto, alineada según sus mentores con los mecanismos de Naciones Unidas e inspirada en los programas de combate a la pobreza brasileños.

Sobre esta iniciativa, una integrantede la JBG de Oventic asegura: “no es más que un plan de contrainsurgencia para dividir, provocar enfrentamientos en las comunidades y destruir la resistencia de los pueblos zapatistas, porque es un ataque económico, político, social, ideológico y cultural contra la construcción de la autonomía de los pueblos originarios”.

21/12/2012
Fin de Baktún, nuevo ciclo

En diciembre de 2012, decenas de miles de encapuchados y encapuchadas bases de apoyo del EZLN tomaron pacíficamente, pero en perfecta formación militar, la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Esta reaparición sorprendió a gran parte de la sociedad mexicana e internacional, principalmente a la que los grandes medios de comunicación le hurtan a diario la información sobre éste y otros procesos emancipadores y a la que vendieron la idea de que el zapatismo era historia y que Chiapas es un remanso de paz para el turismo y la inversión. Se han esforzado en promover esta simulación tanto las administraciones federales de Vicente Fox, Felipe Calderón y ahora Enrique Peña Nieto como la estatales de Pablo Salazar, Juan Sabines y en la actualidad Manuel Velasco.

En la postdata de un cuento reciente en el que rescata a Don Durito de la Lacandona, Marcos se sirve de una herramienta hoy casi “pretecnológica” para explicar cómo los zapatistas ven y se ven en su historia propia, el kinetoscopio: “Es un poco como si en esas imágenes en movimiento (…), como si en La llegada del tren de los Hermanos Lumiere, nosotros fuéramos quienes permanecen en el andén mientras el tren del progreso llega y se va. Cuando alguien de fuera se detiene a mirar nuestra película (…), dicen: ‘pero qué tontos, ¿por qué siguen en el andén y no se suben al tren?’. O ‘he ahí una muestra más de que los indígenas están como están porque no quieren progresar (…)’. Pero si alguien nos preguntara por qué no subimos a ese tren, nosotros diríamos ‘porque las estaciones que siguen son decadencia, guerra, destrucción, y el destino final es catástrofe’. La pregunta pertinente no es por qué no nos subimos nosotros, sino por qué no se bajan ustedes”.

Respetando cada tiempo, proceso y geografía, el zapatismo ofrece muchas enseñanzas a los movimientos sociales de todo el planeta: la claridad en el discurso, la recuperación del trabajo colectivo, la urgente necesidad de reconocerse como aliados en la diversidad, el atender de forma sostenida procesos de construcción no circunscritos a partidos, campañas y ciclos electorales (ya estén estos relacionados con la producción de alimentos, la educación o los cuidados…) sin esperar resultados inmediatos. Como aporte esencial y plenamente vigente en este recuento de 30 años de lucha quedan los siete principios de gobierno zapatista: obedecer y no mandar; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir, y proponer y no imponer.

Las Escuelitas Zapatistas han puesto recientemente gran parte de ese saber acumulado a nuestra disposición, no a través de sus líderes y portavoces sino mediante una iniciativa vivencial que de paso da un nuevo “revolcón” a los tópicos y mentalidades de la intelectualidad progresista. Si todo va según lo previsto, tras las ediciones de diciembre y enero de 2014 más de seis mil personas entre nacionales y extranjeros habrán compartido conocimientos, experiencia y vida cotidiana con familias zapatistas. De paso, el ejercicio habrá servido como autoformación para miles de personas, especialmente jóvenes que no habían nacido en el 94, no conocieron la esclavitud en las fincas ni los rigores de la preparación de la lucha como sí lo hicieron sus padres, madres, abuelos y abuelas.

Desafíos y retos de futuro

Son muchos los retos que afronta el movimiento zapatista. Algunos tienen que ver con sus propias lógicas: la formación y recambio permanente de autoridades, la transmisión de valores a las jóvenes generaciones, el riesgo de quiebra de las estructuras comunitarias tradicionales en las que se basa gran parte de su fortaleza, la reactivación de las instancias de denuncia y lucha por los derechos de los pueblos indígenas… Otros elementos externos se presentan más amenazadores, como la siempre intimidante presencia de fuerzas militares y paramilitares, el impredecible accionar del Estado mexicano y la inquietante expansión del narcotráfico, cada vez más insertado en la vida diaria de las comunidades de todo México y que está forzando a los pueblos a crear sus propias fuerzas de autodefensa.

Veinte años en la senda de la lucha por la dignidad de los pueblos indígenas son muchos para tan pocas líneas pero se resumen en el último escrito zapatista hasta la fecha: “Para los grandes medios de paga, ellos son los modernos, nosotros los arcaicos. Ellos son los que trabajan, nosotros los haraganes. (…) Ellos son los limpios, nosotros los sucios”. Y olvidan lo fundamental: “Ésta es nuestra historia, nuestra forma de pensarnos, de hacernos nuestro camino, con nuestros errores, caídas, colores, vidas, muertes. Es nuestra libertad”.

Felicidades, compañeros y compañeras. ¡Y que cumplan muchos más!


Oskar Hernando es miembro de Bizilur (Asociación para la Cooperación y el Desarrollo de los Pueblos/ Lankidetzarako eta Herrien Garapenerako Eurakundea).

Publicado en el nº 60 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2014.


 

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