La paz con el ELN

La paz entre el gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) dio su primer paso en la luz pública hace pocos días. Luego de muchos meses de acercamientos informales, las dos partes decidieron anunciarle al país y a la comunidad internacional, la voluntad de adentrarse en una negociación con el fin de terminar el conflicto armado.

La paz con el ELN se suma el proceso con las FARC, el cual tiene ya firmados tres puntos de cinco (política agraria, participación política y cultivos ilícitos) y una clara hoja de ruta para el cuarto punto (el de las víctimas). A pesar de que Colombia nunca había estado tan cerca de darle una salida negociada al conflicto, el país está dividido.

Las fuerzas de la extrema derecha avanzan encarnadas, entre otros, en el expresidente Álvaro Uribe, en el procurador Alejandro Ordoñez, y en el reciente candidato presidencial derrotado Oscar Iván Zuluaga. Las críticas a la negociación se alimentan de los errores de negociaciones del pasado, de una estrategia de guerra sucia y desinformación, de explotar los miedos de los colombianos y, sobretodo, de los naturales retos que enfrenta todo proceso de paz.

Como dato relevante, en el comunicado entre el ELN y el gobierno, los dos primeros temas a ser abordados son las víctimas y la participación de la sociedad civil. Es altamente significativo que un proceso de paz arranque pensando en las víctimas, pero más aún que éste sea el primer punto mencionado en el primer comunicado oficial.

El segundo elemento es el de la participación de la sociedad civil. A diferencia del proceso con las FARC, el ELN incluye una reivindicación histórica: la participación de la sociedad en el proceso. La lógica del ELN es sencilla: el gobierno más que hacer la paz con el ELN, tendría es que hacerla con el pueblo colombiano.

Un último elemento es el carácter latinoamericano del proceso, pues lo apoyan de manera explícita Brasil, Ecuador, Venezuela, Chile y Cuba; más Noruega. Estos países garantizarían la seriedad del proceso, así como serían claves en las fases de implementación. Se entiende tanto apoyo en la medida en que la paz de Colombia es cada vez más una urgencia regional de América Latina. Al final del comunicado, las partes llaman a que el país se vuelque a favor del proceso.

El ELN es una guerrilla con un discurso más complejo que el de las FARC y una lógica de inserción diferente en los territorios colombianos. Mientras las FARC se comportan más como un ejército, el ELN se posiciona más como un proyecto político-militar. Limitar el ELN al número de combatientes es desconocer su arraigo en diferentes zonas del país.

Hoy, dos procesos de paz en paralelo es más una cualidad que un defecto. Todavía no se pueden juntar a la fuerza los dos procesos, por la naturaleza diferente de las dos organizaciones. Además, sería un error garrafal frenar el proceso con las FARC o meterle prisa al proceso con el ELN. La paz a dos velocidades es una buena opción, entendiendo que la paz con las FARC sería una paz incompleta sin el ELN.

Los dos procesos coincidirán sin duda en temas como las víctimas, además porque no podría haber dos modelos de justicia transicional. Pero esto no significa que tengan agendas iguales sino, más bien, complementarias. Las FARC avanzaron en aspectos de la política agraria mientras el ELN insistiría en los recursos naturales. Mientras las FARC avanzaron en el punto de participación política, el ELN insistiría en la participación política con énfasis en las regiones colombianas.

Ahora viene el paso de los encuentros preliminares a la instalación de una mesa formal de negociación, la confección de la agenda y un largo etcétera. Todo esto es engorroso y complejo, pero lo fundamental es la voluntad política de las dos partes para iniciar el proceso.

Los enemigos de la paz, agazapados, siguen con lupa cada paso para levantar la crítica de turno y hará lo que esté a su alcance para afectar el proceso tanto con el ELN como con las FARC. La legitimidad del segundo mandato del presidente Santos depende en buena parte de su bandera de campaña: la paz.

Así las cosas, la paz ha sido motivo de movilización nacional y el resultado de las elecciones del pasado 15 de junio fueron, de alguna manera, un referendo previo al proceso con las FARC y un espaldarazo a la negociación con el ELN.

Resulta inédito empezar un proceso de paz hablando de las víctimas, así como hacer un “referendo por la paz” antes de que el proceso termine. Eso es Colombia, celebrando la paz, frenando a la extrema derecha en las urnas y en medio del campeonato mundial de fútbol. Una suma de buenas noticias.


Víctor de Currea-Lugo es profesor de la Universidad Javeriana (Colombia). @DeCurreaLugo.


 

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