El tambor en Osma (Venezuela), herramienta de conocimiento cultural

Abordar la música desde una perspectiva antropológica ofrece muchas posibilidades para el conocimiento de otras realidades. En Caruao, en la costa central de Venezuela, habitan seis comunidades afrodescendientes que parecen no reconocerse a sí mismas como descendientes de la esclavitud. En este artículo centramos nuestra atención en una de ellas, Osma, donde el 24 de junio se produce una de las manifestaciones culturales más relevantes del año: las fiestas de San Juan y de San Benito.
p60_tambor_paula-cabildo

“Parece que los individuos tienen la capacidad de imprimir un sentido musical al mundo y que pueden, a través de ciertos tipos de ejecución y afinación con otros, transformar estructuras de cognición y afecto en formas culturales y sociales.”
Blacking, 1991.

Muchas de las aportaciones de África a otros países de los diferentes continentes existían antes de la trata de esclavos, mediante intercambios comerciales o educativos que dieron lugar al enriquecimiento de las expresiones artísticas y culturales de muchas partes del mundo. Las esclavas y esclavos africanos lucharon por su libertad y, a su vez, dejaron un influyente legado y patrimonio cultural a lo largo de la historia hasta la actualidad.

Según José Jorge de Carvalho[1], la música afroamericana es producida en el interior de naciones que fueron formadas bajo régimen de esclavitud. Éstas existen desde hace poco más de dos siglos, no más de cinco generaciones que conservan sus tradiciones musicales siempre en condiciones extremadamente difíciles. Como afirma Carvalho[2], “nuestros países todavía están viviendo, también en el terreno de la música, una realidad post-esclavista. Muchas comunidades se mantienen con sus tradiciones rituales, sean sincréticas con el catolicismo, o sean todavía derivadas exclusivamente de las tradiciones africanas”.

Devenir de Caruao

En la Parroquia Caruao, en el Este del Estado de Vargas, en la costa central de Venezuela, a 52 km del Caribe, habitan seis comunidades de afrodescendientes: Osma, Oritapo, Todasana, La Sabana, Caruao y Chuspa[3]. Las comunidades, en general, presentan una economía de subsistencia caracterizada por la presencia de la agricultura (conuco), la albañilería, la pesca, la prestación de servicios sociales y la venta de dulces y comida criolla. Se comenzó a poblar esta zona en la primera mitad del siglo XVII. Con el auge del cacao, muchos funcionarios españoles establecieron diversas haciendas en las que trabajarían esclavos africanos. Se dice que a Venezuela, en dicha época, los esclavos llegaban del Congo y Angola, pero no se sabe con exactitud.

Angelina Pollak-Eltz[4] hizo referencia en los años setenta a la dificultad en Venezuela de identificar culturas enteras procedentes del continente africano: se hicieron más bien referencias de rasgos y elementos. Según la autora, era costumbre distribuir los esclavos entre los hacendados de manera que estas personas perdieran el contacto con conocidos de su grupo étnico para así evitar sublevaciones organizadas y facilitar el proceso de aculturación. Aún así, en las cofradías se unieron negros de las mismas regiones. Según Pollak-Eltz, “los análisis de los pocos documentos accesibles para determinar el origen de los esclavos revela que aproximadamente la mitad de los negros vinieron de la costa del Golfo de Guinea (entre la Costa de Oro y Benin) y la otra mitad de la región del Congo-Angola”.

Durante los siglos XVIII y XIX, la economía costera de la zona tuvo como base los cultivos de cacao además de la caña de azúcar[5]. A lo largo de todo el siglo XVIII se intentaron aprovechar las posibilidades del clima y la tierra, especialmente aptos para el cultivo del cacao, y se crearon centros productores que encontraban en los puertos comerciales la forma de abastecerse de mano de obra[6]. También se hallaron, en menor medida, cultivos de café y cocotales. La ubicación actual de dichas comunidades coincide con la distribución de las antiguas haciendas, que los propietarios blancos levantaron donde la producción agrícola era idónea y donde habitaron comunidades indígenas hasta el siglo XVII.

Como decíamos, la zona de Caruao se comienza a poblar en la primera mitad del siglo XVII. Con el auge del cacao se empiezan a llevar esclavos africanos a la zona para trabajar en las haciendas de los funcionarios españoles allí asentados. Según Yara Altez[7], finalizando el siglo XVIII la industria del cacao fue mermando y ascendiendo la del café. Como las tierras de Caruao no eran aptas para este cultivo, tras la Guerra de la Independencia (1810-1823) la región fue invadida por patriotas deseosos de reclutar esclavos y expropiar tierras. Los funcionarios españoles se fueron del territorio pero las y los esclavos africanos permanecieron en la zona trabajando para nuevos amos.

El olvido del pasado esclavo

Existe un fenómeno relevante a tener en cuenta a la hora de estudiar Caruao: el olvido del pasado esclavo. Como explica Altez[8], en estas comunidades hoy día se observa una ruptura con el pasado colonial y las evidencias históricas que se han hallado no se corresponden con la memoria colectiva de los habitantes de la zona. Las personas que han investigado acerca de Caruao han encontrado una memoria oral que no reconoce su ancestralidad; una ruptura con el pasado colonial, pensado éste como atraso y retroceso, y una apertura y aceptación del presente, entendido como evolución y progreso.

Yara Altez sostiene que los habitantes de Caruao interpretan su historia desde un paradigma que atribuye los calificativos de “brutos y atrasados” a la gente de antes, asegurando que vivían como animales. Estos términos y la imposición del olvido acerca del pasado convienen al sistema de desigualdad social bajo el que viven. Según Altez[9], las comunidades de Caruao no se identifican con el discurso de la afroidentidad, por lo que no se les puede poner esa identidad: “De ahí que en estas localidades resulte embarazoso definir a sus habitantes bajo la categoría de afrodescendientes, pues han olvidado justo los episodios que les identificarían como sucesores de africanos”.

Pese a todo esto, podemos definir a Osma como una de las seis comunidades de afrodescendientes que se encuentran en el este del Estado de Vargas, en la Parroquia Caruao. Con apenas mil habitantes, esta comunidad nos ofrece una oportunidad para investigar, descubrir e indagar colonial, el cambio social producido y las prácticas musicales que se desarrollan en este contexto pueden aportarnos un material bastante significativo para el conocimiento antropológico-musical.

Música y antropología

De acuerdo con Ruth Finnegan[10], la música ha sido considerada mucho tiempo como algo fuera del campo de la antropología, que se relacionaba más con la musicología o la historia social. Teniendo en cuenta la ausencia de estudios académicos y sistemáticos desde las ciencias sociales sobre el tambor y el interés social que tiene éste para los lugareños de la comunidad (conforma una de sus principales señas de identidad), resulta de gran interés estudiar los aportes de la música africana a las de otros lugares del mundo uniendo antropología y música.

Según Marta Lucía Barriga Monroy[11], el tambor africano se remonta a la Prehistoria y llegó a Europa y América a raíz de las migraciones. Según la teoría difusionista, el tambor se extiende desde Egipto por toda África entera y de ahí a los demás lugares. Esta teoría antropológica defiende que los rasgos culturales presentan un origen común, que parte de una realidad única y se proyecta a través de la geografía en las distintas sociedades. La autora sostiene que los almorávides fueron los que introdujeron en Europa los tambores de los ejércitos en la invasión española. Pero los ritmos africanos se extendieron por toda Europa en los siglos XVI-XVII, siendo ya en el XX, después de las dos grandes guerras, cuando la influencia de estos ritmos en América quedó reflejada en el jazz, la samba, etc. En la segunda mitad del siglo XX, en Latinoamérica se extiende el tambor africano, no los ritmos y sus movimientos.

San Juan y San Benito

La fiesta de la noche de San Juan parece tener un carácter mágico-religioso en diversas zonas del mundo: es una fiesta que rompe con lo cotidiano, con lo sagrado y lo estático. En esta zona de la costa central de Venezuela, diversas comunidades festejan este día, pero parece haber una diferenciación y una especialidad en Osma por el encuentro de San Juan y San Benito. Los habitantes suelen vestir de color rojo y realizan paseos y bailes por las calles y a lo largo de la playa. Se dice que los habitantes de esta comunidad comenzaron bailando a San Benito porque no poseían la imagen de San Juan Bautista, que llegaría después a Osma por una donación.

En esta festividad la población se divide en dos: quienes veneran a San Benito desde la Iglesia, por un lado, y quienes se acercan a la playa, devotos de San Juan. Todo esto presenta un fuerte carácter simbólico, pues quedan separados por un río. Según la historia, San Juan era árabe y en el mapa africano la cultura árabe y africana son cercanas. Después de que llegaran a esta población tanto unos como otros, el objetivo fue vivir en hermandad y unión. Las fiestas empiezan por la mañana. Los visitantes reciben alimentos (bollos, arroz o pollo, entre otras cosas) sin ningún pago a cambio, algo que se traduce en abundancia y bienestar. Se escuchan cantos improvisados, rebosantes de peticiones, junto al ritmo incesante de los tambores.

Sobre las once de la noche, los habitantes se preparan para el baile al santo (banderas de colores, tabaco…) y se inicia el recorrido. Durante éste, los santos se van pasando entre los bailarines y se realizan paradas en diferentes casas, en las que se recibe al santo como ofrenda. A medianoche cada imagen debe estar en cada lado del río y todas las personas esperan con ansia el encuentro para bañarse en sus aguas[12].


Jara Luque. Posgrado en Estudios Africanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente doctorando en Ciencias Sociales; Antropología de la Diversidad Cultural: Ciudadanía, Movilidad y Conflicto, Universidad de Granada.

Publicado en el nº 60 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2014.


NOTAS:

  1. Profesor de antropología en la Universidad de Brasilia. Ha sido investigador de la Fundación de Etnomusicología y Folklore de Venezuela, así como profesor invitado en otras universidades americanas.
  2. De Carvalho, J.J. (2003): “La etnomusicología en tiempo de canibalismo musical. Una reflexión a partir de las tradiciones musicales afroamericanas”, en TRANS-Revista Transcultural de Música, 7.
  3. Ver: http://antropologiacaruao.wordpress.com/caruao.
  4. Pollak Eltz, A. (1972): “Procedencia de los esclavos negros traídos a Venezuela”, en Vestigios africanos en la cultura del pueblo venezolano, Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, Instituto de investigaciones Históricas.
  5. Ver nota 3.
  6. Pérez Márquez, B.A. (2012): San Juan te lo da: Lengua y política en una comunidad afro-venezolana. Tesis presentada a la Universidad Complutense de Madrid.
  7. Altez, Y. (2000): “La desigualdad como tradición”, en Tharsis. Año 4. Vol.1. No 7. Enero-Junio, Caracas, Venezuela.
  8. Ver nota anterior.
  9. Altez, Y. (2003): “Los fantasmas de una afro-identidad”, en Tharsis, año 7. Vol.4, nº 13. Caracas, Venezuela.
  10. Finnegan, R. (2002): “Porqué estudiar la música, reflexiones de una antropóloga desde el campo”, en TRANS- Revista Transcultural de Música 6.
  11. Barriga Monroy, (2004): “La historia del tambor africano y su legado en el mundo”, en El artista: revista de investigaciones en música y artes plásticas, nº 1, Centro Publicaciones Universidad De Pamplona.
  12. Transcripción adaptada extraída de vídeo “Documental Encuentro de san juan y san Benito”, de Hector Luis Caldera Velasquez. Disponible en: www.youtube.com/watch?v=IgyrUPZmtw. Otro vídeo sobre el tema, titulado “Encuentro de San Juan y San Benito en Osma 24-06-2013”, puede verse en www.youtube.com/watch?v=aFu5p8ZMmdQ.

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *