Sueños Colectivos. Extrañas y amargas añoranzas

Dos años más tarde del estreno de la película de Vidor El pan nuestro de cada día (Our daily bread) y con arranque en el inicio de la Guerra Civil en 1936, en muchos pueblos de la España Republicana, buena parte de ellos ubicados en el Alto Aragón, mujeres y hombres del campo colectivizaron la tierra, pusieron fin a la explotación del hombre por el hombre. Abolieron el dinero implantando el intercambio de productos, articularon un reparto igualitario según las necesidades de cada persona, atendieron cuestiones sociales que hasta entonces habían sido olvidadas durante siglos. En este contexto y con esta sinopsis presentan ahora su documental Sueños Colectivos (2011) los cineastas Manuel Gómez y Marco Potyomkin.

p58_suenhos-colectivos1A pesar de la cercanía en el tiempo entre la ficción de Vidor y la colectivización de la tierra que nos narran Manuel y Marco en su película, existen importantes diferencias de contexto y condicionantes sociales, políticos y económicos entre una y otra situación, así como de evidente concepción artística. Pero también advertimos un gozoso y singular paralelismo desde el momento que nos encontramos ante dos obras cinematográficas libres y libertarias; rodadas como un itinerario de vida comunal donde el fin está en el propio desarrollo de la trama; protagonizada por los “perdedores de la historia oficial”, que resultan auténticos ejemplos de humanidad, coherencia y dignidad; con una reivindicación de la naturaleza que se convierte en un personaje más, ineludible e implacable; con un ánimo, tan necesario como loable, de recuperar de la memoria hechos que no deben de ser olvidados para que haya cosas que no se vuelvan a repetir, para que se reconozca y reflexione de experiencias solidarias que podrían haber cambiado el mundo, para que se haga justicia con quienes en ningún momento pudieron tomar decisiones sobre hechos que condicionarían su existencia para siempre.

Sueños Colectivos nos sitúa a través del testimonio de algunos de sus protagonistas en la experiencia colectivista impulsada en varios pueblos de la provincia de Huesca, donde destacan las realizadas en las localidades de Graus, Ainsa o Albalate de Cinca. El documental aparece inteligentemente pautado por las estaciones del año. Arranca en la proclamación del manifiesto colectivista, la “explosión de la primavera” con la proclamación de la II República y la revolución pedagógica. Todo este proceso se ve truncado con el inicio de la Guerra Civil en un verano que podría haber sido de ilusiones, pero durante el que el pueblo se ve empujado a tomar las riendas de su subsistencia y comienzan a surgir las primeras colectivizaciones y puesta en marcha de las cooperativas de producción y consumo. La película rememora el texto publicado por el periodista y escritor anarquista oscense Felipe Alaiz de Pablo (Belver de Cinca, Huesca, 1887- París, 1959) en la revista Acracia (octubre de 1936), donde proclama:

“No hay salario, no hay renta, no hay comercio, no hay autoridad, no hay norma que antes no sea acordada, no hay impuesto, no hay explotación, no hay cuota de arrendamiento, no hay alquiler, las casas de los fascistas quedan en poder de la colectividad, lo que falta en el pueblo para la integración cooperativista se obtiene por intercambio con otros pueblos, es enteramente voluntario el ingreso en la colectividad…”

La articulación de lo desmembrado

La experiencia colectiva, como nos cuentan algunos de los historiadores que van desgranando el proceso a lo largo del documental, no sólo supuso la reorganización productiva y de explotación de la agricultura y la ganadería locales basándose en la abolición de la propiedad privada y el trabajo asalariado, sino que también suplió la desarticulación de los elementos de organización político-social estatal y local que la guerra había desmembrado.

p58_suenhos-colectivos2Además, conllevó la introducción primaria en la nueva industria, la promoción de la educación, la sanidad y la cultura (uno de los entrevistados nos recuerda feliz la película de Oliver y Hardy que tuvo ocasión de ver en el cine improvisado en la Iglesia), y donde también cabe destacar la importante labor de acogida organizada de los refugiados de la guerra.

Este proceso de implantación también tuvo sus sombras. La película no las rehúye y las va analizando con rigor y naturalidad. Algunos de los protagonistas e historiadores reconocen, por ejemplo, que no fue un proceso del todo libre y que algunas personas y propietarios se integraron en la colectividad por inercia e incluso miedo. Pero, a pesar de ello, los avances socio-económicos y la implicación de buena parte de los protagonistas que claramente transmiten la sensación de estar viviendo algo único, hacen que esta experiencia tenga un enorme eco y se convierta en un referente muy importante.

La llegada del invierno y el resurgimiento

Pero el proceso se trunca. “Cae la decepción, llega el invierno”. A partir de agosto de 1937, el ejército republicano de Azaña e Indalecio Prieto pone su incomprensible empeño, mediante la despiadada División Líster, en la desarticulación y destrucción de estas organizaciones populares con encarcelamientos e incluso fusilamientos de sus líderes. Uno de los colectivistas habla del “ejército de la república burguesa”; mientras que otra de las entrevistadas nos cuenta cómo la División Líster instaló “las ametralladoras más modernas en nuestras calles en vez de estar en el frente”.

Pero la desactivación de los liderazgos devino en un resurgimiento más vivo. Los compañeros y compañeras que sustituyeron a los primeros líderes lograron que la estructura básica de las colectividades mantuviese sus principios básicos y organizacionales. Todo ello hasta final del invierno del 38, cuando las tropas sublevadas aniquilan hasta el extremo este movimiento y a sus protagonistas: Muchas de estas personas se vieron obligadas a exiliarse precipitadamente y otras morirían ejecutadas.

La llegada del invierno

Sueños Colectivos nos mete con atino impecable y sensibilidad en el tuétano de una experiencia radical y preciosa que genera una extraña y amarga añoranza. Nos cuenta algo que muchos espectadores no hemos vivido, pero que nos hubiese gustado vivir o incluso poder reproducir. Pero nos cuesta, incomprensiblemente, encontrar las claves para que algo así pueda volver a darse. Quienes acudimos a la proyección de Sueños Colectivos salimos envidiando y admirando el arrojo, la valentía, la sensibilidad, la altura intelectual, la clarividencia y la alegría por no haber hecho más que honrar la vida de Martín Arnal, Alejandro Pascual, María Sesé, Mariano Viñuales, Presen Carrasquer, Francisco Carrasquer, José Oto y todos aquellos y aquellas que, como estas personas, compartieron sueños colectivos y que tanto nos recuerdan el preludio fabulado de la peripecia comunera de John, Mary Simms y sus compañeros/as agricultores en la película de Vidor.

Manuel y Marco, con Sueños colectivos, como Vidor, con Our daily bread, se convierten en unos outsiders, cada uno de su tiempo y su contexto, imprescindibles. La película de Vidor no contó con ni un dólar de producción hollywoodiense. Fueron su amigo Charlie Chaplin (que además se hizo cargo de la distribución), las y los trabajadores del Sindicato de Actores Cinematográficos y el total y completo patrimonio del director los que sacaron adelante esa película. Manuel y Marco pusieron desde el principio su filme al servicio de la comunidad en la red gratuitamente y a disposición de todos los colectivos, sindicatos, agrupaciones, ciclos y festivales que quisieran disponer de ella. Desde su estreno han realizado ya más de 80 pases y continúan alimentando un halo de inquietud que no para de crecer.

Los esfuerzos de generosidad, oficio y dedicación profesional de estas películas requieren, al menos, que sean continuamente revisionadas y reivindicadas, y así podamos convertirlas en objeto de debate y reflexión habitual. Tenemos una deuda de justicia y reconocimiento con estos y estas valientes colectivistas del Alto Aragón y con todos los que, como ellos, han luchado y lo siguen haciendo para hacer de esto un mundo más habitable. Ver Sueños Colectivos es una de las mejores propuestas que en estos momentos se me ocurre recomendar siempre que, no sé por qué, me quedo sin palabras y no sé cómo reaccionar al pensar en nuestra actualidad.


José Alberto Andrés Lacasta es colaborador de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Más información sobre este vídeo en el blog: http://potyomkinproducciones.wordpress.com.

Artículo publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


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