Leer a… Pierre Rabhi

Estamos en la “era del trabajo como razón de ser” y será necesario atender mucho para no caer en las trampas del sistema. Así nos alerta Pierre Rabhi contra el consumismo y la desproporción. Frente al “cada vez más” indefinido que arruina el planeta en beneficio de una minoría, la sobriedad es una elección consciente inspirada por la razón. Es un arte y una ética de vida, fuente de satisfacción y de bienestar profundo. Representa un posicionamiento político y un acto de resistencia en favor de la tierra, del reparto y de la igualdad.

p58_pierre-rabhi_paula-cabildoRabhi es un activista francés de origen argelino, precursor del agroecologismo y candidato en las elecciones presidenciales francesas en 2002. Con la intención de sensibilizar a la población del Norte y ofrecer una alternativa a la sociedad de consumo, Pierre Rabhi ha fundado el Movimiento por la Tierra y el Humanismo, una asociación que pretende sensibilizar a los ciudadanos y ofrecer soluciones a escala local para desarrollar modos de consumo responsables.

En Francia, Rabhi ha creado la asociación Colibrí, formando un movimiento colectivo que en seis años ha permitido la emergencia de más de 400 proyectos locales, sensibilizar a varios millones de personas en la lucha contra el hambre, la divulgación de la agroecología y la necesidad de cambiar el paradigma de sociedad.

Él explica la razón de ser de Colibrí: “Un día, dice la leyenda, se provocó un terrible incendio en el bosque. Todos los animales, asustados, observaban impotentes el desastre. Solo el pequeño colibrí se fue a buscar unas cuantas gotas de agua con su pico para tirarlas encima de las llamas. Al cabo de un rato, el armadillo le dijo, enfadado: Colibrí, ¡estás loco! ¿Crees que con cuatro gotas de agua vas a apagar el fuego?’ El colibrí le respondió: ‘No lo sé, pero yo hago mi parte”.

En Hacia la sobriedad feliz (Errata Naturae, 2013), Rabhi señala los daños que el capitalismo causa a la naturaleza, destruyendo aquello que es patrimonio de todos; la obra se centra especialmente en la falta de espiritualidad que caracteriza a lo sociedad moderna. El ser humano, nos recuerda Rabhi, necesita de la espiritualidad, pero el sistema ha pretendido sustituirla por la religión del dios arbitrario de las finanzas, al que todo debe ser sacrificado.

En El canto de la tierra (J. de Olañeta, 2005) el agricultor biológico, filósofo de la Tierra y gran activista ecológico nos habla de la vida en contacto con la tierra y de la conciencia de nuestra unidad con el cosmos entero. Pierre Rabhi es conocido en todo el mundo por su defensa de una agricultura liberada de las presiones del productivismo y del industrialismo. A través de su activismo y sus libros abre los ojos a las conciencias consumistas y despreocupadas. Es probable que el discurso de Pierre Rabhi en algunos momentos nos parezca ingenuo o hasta “rígido” en su planteamiento a la hora de defender una civilización excesivamente agrícola.

En Le gardien du feu (El guardian del fuego)[1], relato a la vez histórico y mítico, nos muestra cómo las costumbres tradicionales chocan con fuerza en el riesgo presente de la desertificación y la llegada de la modernidad. Nos habla de escuchar “el mensaje de sabiduría de los pueblos tradicionales”. El testimonio autobiográfico Du Sahara aux Cévennes ou la reconquête du songe (Del Sahara a Cevennes o la reconquista de un sueño)[2] va dirigido a quienes rechazan la aberración de una civilización tecnificada y desean con pasión tranquila contribuir al advenimiento de un mundo digno de inteligencia. L’offrande au Crépuscule (La ofrenda al crepúsculo)[3], cuenta la aventura extraordinaria que condujo a Pierre Rabhi en 1981 a Burkina Faso, donde la creación del centro de formación de Gorom-Gorom le permitió difundir la agroecología entre el campesinado más pobre. Himno a la vida y a la madre-tierra, dedicado a todas las mujeres del planeta, La ofrenda al crepúsculo obtuvo en 1989 el premio de las ciencias sociales agrícolas Auge-Laribé, otorgado por le Ministère de l’Agriculture. En Parole de Terre[4], hace el balance de una civilización que, queriendo minar la Tierra, la mutila, la tortura y la desacraliza. A través de Tyemoro, el personaje principal, se expresan el sufrimiento y el abandono del que son víctimas los pueblos tradicionales del Sur, sometidos a la lógica desastrosa del productivismo agrícola. Esta iniciación africana, de un alcance universal, quiere abrirnos los ojos y mover las conciencias sobre nuestro vínculo irrevocable al destino de la Tierra. Elevar el tono y el nivel de la humanidad es uno de los propósitos de Pierre Rabhi. Establecer, si es posible, un equilibrio entre el ser humano y la Tierra.


Clara Alonso es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate. (claracinta@gmail.com).

Artículo publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. Editions de Candide, Lavilledieu, 1986 (reedición de Albin Michel, 2003).
  2. Albin Michel, París, 1983, reedición de 1995.
  3. Editions L’Harmattan, 1989, reedición 2001.
  4. Editions Albin Michel, París, 1996 (prefacio de Yehudi Menuhin).

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