El protagonismo de la sociedad vasca en el proceso de paz

Han transcurrido más de cuatro años desde el último atentado planificado de ETA (el 30 de julio de 2009 mató a dos guardias civiles en Mallorca), más de tres años desde su último asesinato (el 16 de marzo de 2010 mató a un gendarme en un tiroteo), más de dos años sin impuesto revolucionario (en abril de 2011 los empresarios vascos anunciaron que habían recibido una carta de ETA en la que comunicaban su final). Desde el final de la violencia, muchas personas amenazadas han podido recuperar una vida normal, sin la continua compañía de escoltas. Por tanto, lo que no ha sucedido (atentados, asesinatos, extorsión, amenaza) es lo más destacable y positivo. No ha habido más víctimas de la violencia de ETA. Sólo por esto la situación es incomparablemente mejor a la que vivía la sociedad vasca hace no muchos años.
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Ilustración: María José Comendeiro.

El 20 de octubre de 2013 se cumplen dos años desde que ETA anunciase el cese definitivo de la violencia[1]. Este tiempo no ha estado exento de dificultades, obstáculos y tensión: el pasado sigue proyectando sus peores consecuencias y no todo cambia de la noche a la mañana. Los retos para impulsar el proceso de paz y la convivencia son numerosos, pero no debemos olvidar la importancia de lo conseguido.

Regularmente algunos medios de comunicación y sectores sociales y políticos alientan la idea de que hay una posibilidad de que ETA vuelva a utilizar la violencia para conseguir sus fines políticos. Son informaciones interesadas que tratan de ocultar la verdad objetiva de los hechos e incluso los análisis de los especialistas. La Comisión Internacional de Verificación del alto el fuego ha sostenido reiteradamente que ETA está cumpliendo con su compromiso con el final de la violencia. Es más, el propio ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, manifestó el verano pasado, y con toda claridad, que el final de la violencia era definitivo.

Al final de la violencia de ETA hay que añadir como dato positivo que la izquierda abertzale, hasta hace bien poco ilegalizada, ha podido constituir un nuevo partido y concurrir a las últimas elecciones. Ha sido un avance significativo hacia la normalización política.

Los obstáculos

Todos estos datos indican que la sociedad vasca ha avanzado mucho hacia la paz y la convivencia. Ahora bien, nos hemos vuelto a encontrar con nuevas dificultades y obstáculos para progresar en el camino de la paz. Uno de los principales es que el Gobierno de España ha decidido no contribuir. Se ha negado a cambiar la política penitenciaria, manteniendo la dispersión como herramienta contra un terrorismo que ya no existe. También ha rechazado cualquier posibilidad de contactar con ETA para hablar sobre las cuestiones relativas al desarme y a la reintegración social de los presos. Por si esto fuera poco, y tal y como manifestó el lehendakari Iñigo Urkullu, ha hecho caso omiso a todas las propuestas que ha planteado el Gobierno Vasco.

Recientemente escuché a un experto decir que un proceso de paz es como bailar un vals. El principal problema al que se enfrenta el proceso de paz vasco es que uno de los principales bailarines, el Gobierno de España, se niega a bailar. Así, en principio, no puede haber proceso de paz.

Ante este panorama, tampoco ha habido avances hacia el desarme. ETA ha considerado que era una cuestión que debía tratar con el Gobierno. El problema es que éste no ha respondido a ninguno de sus llamamientos. Así, con su decisión de no establecer contactos, el Gobierno ha podido llevar al proceso de paz a una situación empantanada.

Una vía de salida: el protagonismo de la sociedad vasca

En esta situación hay un problema de partida. ETA y el Gobierno de España se miran mutuamente, condicionando sus decisiones a lo que el otro haga. ETA no avanza hacia el desarme porque el Gobierno no quiere hablar y el Gobierno se niega a dar pasos hasta que ETA se disuelva. Esta realidad responde a un modelo de proceso de paz que debería estar superado. Es el clásico proceso en el que el protagonismo corresponde a un gobierno y a un grupo armado. Ya hemos conocido procesos similares en el pasado. Las conversaciones en Argel o el proceso de paz de 2006 estaban basados en este esquema, marcado por la falta de transparencia. La principal consecuencia fue que la sociedad vasca fue una mera espectadora, sin posibilidades de participar y dar su opinión.

Conviene subrayar que este tipo de procesos son profundamente antidemocráticos. La principal destinataria de un proceso de paz es la sociedad afectada. Debe tener canales de participación. No es una mera cuestión de principios, ya que la efectividad del propio proceso de paz está en juego. Cuando la ciudadanía no tiene ningún papel, o éste es marginal, no hace suyos los resultados del proceso de paz y, por tanto, ni se implica en el trabajo por la convivencia ni crea una red de seguridad que impida una vuelta al pasado.

Por todo ello, el protagonismo en el proceso de paz debe ser de la sociedad vasca. Es un punto de partida irrenunciable que, además, tiene la capacidad de desbloquear la actual situación. Retomando el ejemplo del vals, hacen falta dos bailarines. La sociedad vasca tiene que ser uno de ellos. El Gobierno y ETA no deberían estar mirando tanto a lo que el otro hace sino a lo que la sociedad vasca necesita y reclama. En esta línea, el Gobierno podría modificar la política penitenciaria no porque se lo pida ETA, sino porque lo reclama la sociedad vasca. Y ETA debería dar pasos hacia el desarme no porque se lo exija el Gobierno sino porque la sociedad vasca lo necesita para eliminar cualquier tipo de amenaza.

Hay bases más que suficientes para entender cuál es la voluntad de la sociedad vasca respecto al proceso de paz. Las encuestas vienen afirmando con rotundidad que reclama el desarme, el cambio en la política penitenciaria y el reconocimiento de todas las víctimas. También el Parlamento Vasco se ha manifestado en este sentido en repetidas ocasiones e incluso los dos últimos lehendakaris, tanto Patxi López como Iñigo Urkullu, han transmitido estas peticiones.

En este punto vuelve a surgir la cuestión de la unilateralidad, especialmente en lo referente al desarme de ETA. Analizando lo sucedido en los últimos años puede dar la sensación de que las decisiones que ha ido tomando ETA han sido unilaterales. En cambio, un estudio más detallado permite comprobar que han sido bilaterales. No han sido el fruto de unas conversaciones con el gobierno, sino que la bilateralidad se ha establecido con otros actores que han cobrado protagonismo.

Conviene poner varios ejemplos. El alto el fuego permanente, general y verificable anunciado en enero de 2011 fue una respuesta a la Declaración de Bruselas. Por tanto había un compromiso, una relación bilateral, con los firmantes y promotores de dicha declaración. Igualmente, la decisión de poner fin a la lucha armada fue la respuesta a la Declaración de Aiete, fruto de una conferencia en la que participaron destacados líderes internacionales y casi todos los partidos y sindicatos de la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra e Iparralde. Así que se estableció una relación bilateral entre estos y la propia ETA.

Hay dos grandes dificultades para abordar esta tarea. La primera es que el proceso de paz no es una prioridad para la sociedad vasca. En cierta manera, la inmensa mayoría ha pasado página o tiene centradas todas sus preocupaciones en las consecuencias de la crisis económica. Ello ha provocado que no haya una masa crítica social potente dispuesta a movilizarse y participar como la que había hace diez años. La segunda dificultad radica en la falta de consensos entre los partidos políticos vascos. Resulta contradictorio que estemos en un periodo fértil para avanzar, sin elecciones a la vista, sin violencia y con todos los sectores políticos representados en el Parlamento, y que, al mismo tiempo, las diferencias se hayan agudizado y que, sin ir más lejos, hoy sea impensable repetir una foto como la de la Conferencia de Aiete.

El Foro Social

En un reciente encuentro con Harold Good, pastor protestante y testigo del desarme del IRA, éste resaltó que, en los momentos en los que el proceso de paz se encuentra bloqueado o ante grandes dificultades, hay que mantener espacios de diálogo ciudadanos para generar una corriente de fondo que contribuya al avance sostenido.

Con este objetivo, junto con el de reforzar el protagonismo de la sociedad vasca en el proceso de paz y generar nuevas ideas sobre los principales retos, Lokarri, junto a Bake Bidea, organizaciones internacionales y grupos de jóvenes y mujeres, organizó el Foro Social para impulsar el proceso de paz en marzo de 2013. Más de 700 personas participaron en dos sesiones que contaron con la participación de 12 expertos internacionales en materias como el desarme, la reintegración de presos, los derechos humanos y el pasado, la memoria y la reconciliación.

Estos fueron los mimbres de un documento de recomendaciones para impulsar el proceso de paz presentado el pasado mes de mayo[2]. El texto pretende ser una aportación constructiva, partiendo de la premisa de que es necesario “un ejercicio de diálogo y reconciliación que establezca unas sólidas bases para la convivencia futura por medio de una amplia y activa participación de las instituciones, partidos políticos y sociedad civil”, es decir, apostando por un proceso de paz donde el protagonismo recaiga en la sociedad vasca.

El Foro Social también aborda temas clave como la propuesta de diseñar un proceso controlado, ordenado y consensuado que culmine con el desmantelamiento de armas y estructuras militares de ETA, contando con la colaboración de agentes facilitadores independientes. El objetivo principal es que se refuercen las garantías de que nadie más se sentirá amenazado por la violencia de ETA.

Igualmente, el Foro Social recomienda que se dé una solución integral a la reintegración de las personas presas y huidas, eliminando las medidas excepcionales contrarias a los estándares internacionales, apostando por soluciones individualizadas en las que las personas presas muestren su compromiso con el nuevo escenario de paz, renuncien a vías violentas y, en su caso, reconozcan el daño causado. Es un recorrido realista, razonable y respetuoso con las víctimas para incorporar a las personas presas a una convivencia pacífica y democrática.

El Foro Social no limita sus recomendaciones a estos temas. Incide en la necesidad de que el futuro se construya sin impunidad y trabajando por garantizar plenamente todos los Derechos Humanos. En relación con la memoria, teniendo en cuenta experiencias como la Transición Española, que se sustentó sobre un pacto de olvido, se compromete con la verdad, la justicia y la reconciliación.

Una tarea pendiente

No resulta extraño leer opiniones que afirman que no hace falta hacer nada por la convivencia, que basta con que los terroristas y quienes los apoyan dejen de utilizar la amenaza y la violencia. La sociedad vasca no se puede permitir ese lujo. Han sido demasiado años de violencia, vulneraciones de derechos humanos, tensión y enfrentamiento, que han dejado una profunda huella. Además de un inmenso sufrimiento, la sociedad vasca ha visto afectada la manera en la que nos relacionamos políticamente, no sólo en las altas esferas sino también a nivel familiar o local.

Tenemos la oportunidad y la obligación de aprovechar el final de la violencia de ETA para mejorar nuestra sociedad. El respeto al diferente es la base desde la que podemos legar un mejor futuro a las siguientes generaciones. Si no abordamos los retos para la convivencia, dejaremos una tarea inacabada. Desde el Foro Social seguiremos intentando reforzar el protagonismo de la sociedad vasca y abrir nuevos caminos para que, paso a paso, pongamos las bases para convivir y para evitar que en el futuro se repitan los horrores que hemos padecido en el pasado.


Paul Ríos coordina la Red ciudadana por el acuerdo y la consulta Lokarri (www.lokarri.org).

Artículo publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. “Declaración de ETA”. Gara, 21/10/2011, http://gara.naiz.info/paperezkoa/20111021/298527/es/Declaracion-ETA.
  2. Recomendaciones del Foro Social para impulsar el proceso de Paz. Ver en www.forosocialpaz.org.

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