La convención de Uribe Centro Democrático

El fenómeno Uribe es una contradicción: lo que lo fortalece lo hace también débil y vulnerable. Si los huevitos son vacíos, cualquiera puede identificarse con ellos dándole su propio contenido e interpretación. Pero quienes encuban los “huevitos” pueden tener riñas e intereses contrapuestos, como sucede ahora en el Uribe Centro Democrático.

El que un movimiento político se llame “Uribe Centro Democrático” parece ser una broma cruel. Así lo pensé cuando leí los titulares de prensa que anunciaban el nuevo nombre del movimiento del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero detrás de las bromas muchas veces se esconden verdades serias. Ésta es una de esas veces porque el nombre del movimiento recoge plenamente su esencia y su carácter. Cabe esperar que en un futuro el movimiento se llame “Uribe: Centro Democrático”.

Pero, más allá de la intención de fidelidad de sus partidarios, la convención para elegir el candidato presidencial del movimiento deja mucho que desear acerca de su cohesión y unidad. Un análisis del propio movimiento y de los acontecimientos que han tenido lugar en las últimas semanas puede demostrar que los uribistas están profundamente divididos.

El lugar de Uribe en su movimiento

En una entrevista, José Obdulio Gaviria afirmaba que la garantía de la cohesión del Uribe Centro Democrático era, precisamente, el expresidente. El movimiento es “sólido”, “unido” y “monolítico” alrededor de Uribe. La entrevista aparece en la página web de la Fundación Primero Colombia, por lo que se trata de una declaración de unidad paralas propias filas uribistas.

Para afuera el Uribe Centro Democrático quiere mostrarse como un movimiento que perfila un proyecto político alternativo para el país, compuesto de ideas, argumentos y debates sobre los problemas de orden nacional. Pero por dentro todo es “monolítico” alrededor de Uribe, tal y como lo ha dicho el propio José Obdulio.

Cualquiera podría pensar que el Uribe Centro Democrático es una secta. Eso es parcialmente cierto: es una secta, pero no una secta unida. Porque es una secta en donde la fidelidad a Uribe significa cualquier cosa, incluso cosas que son contrarias entre sí. La fidelidad, que pretende generar cohesión y unidad, termina dando lugar a fracturas y disensiones internas. Uribe va perdiendo el control de lo que se dice y hace en nombre de su propia figura.

Eso es evidente en las peleas entre Oscar Iván Zuluaga y Francisco Santos semanas antes de la convención. Todo comenzó con la lista al senado en la que aparecía José Obdulio Gaviria en el noveno renglón. Como es sabido, Zuluaga pidió en una carta pública que el exasesor presidencial dimitiera de su candidatura por la salud del movimiento.

Lo que hay detrás de este episodio es significativo y sintomático. Tanto Zuluaga como Santos salieron a acusar a su oponente de infidelidad a Uribe. Aquí la figura del expresidente fue un arma para las peleas y fracturas internas, cadauno la utilizó a su modo y a su conveniencia. Cada cual declaró su fidelidad al presidente Uribe. Santos al defender a José Obdulio; Zuluaga al acusar a Santos de mandar una lista al senado con un nombre distinto al del movimiento.

Frente al episodio, todos esperaban el pronunciamiento de Uribe, pues quién más que el propio expresidente para decidir quién es más fiel a su propia persona. Pero la respuesta fue al mismo tiempo insatisfactoria e inconscientemente reveladora: los mandó a lavar la ropa sucia en casa. Insatisfactoria porque el patrón no tuvo berraquera para tomar una decisión, e inconsciente porque además no dijo si la ropa sucia era de José Obdulio o de Zuluaga. Uribe no tuvo la capacidad de elegir públicamente a dedo a su preferido. La razón es que seguir a Uribe, para unos, es seguir a Pachito y, para otros, es seguir a Zuluaga. Optar por alguno de los dos en público era para Uribe clavarse el puñal en su corazón grande, por eso decidió hacerlo en secreto mediante la convención.

El simulacro: la convención

La realización de la convención fue una jugada astuta políticamente. La convención supuso ganar un espacio mediático exclusivo para el Uribe Centro Democrático, cosa que no hubiera sido posible si el mecanismo hubiese sido la consulta pues habrían compartido cámaras con los candidatos de la alianza verde-progresista y demás movimientos que decidieran someter sus precandidatos a las urnas el nueve de marzo. Pero más allá de la astucia, la decisión de hacer una convención refleja los problemas estructurales del movimiento.

La convención se hizo porque nadie habría aceptado una decisión arbitraria por parte de Uribe. Todos lo siguen pero muchos no habrían estado dispuestos a seguirlo en ese caso. La neutralidad de Uribe frente a las tres opciones presidenciales que existían antes de la convención puede ponerse en duda. El argumento para hacer la convención es que las personas podrían escuchar las propuestas y elegir la mejor. ¿Acaso no podría hacerse este mismo ejercicio, y con más amplitud, en una consulta? La convención era el mecanismo para proferir un dedazo y dar la sensación de participación a los sectores afines a Francisco Santos. La razón es sencilla: quienes votaron fueron las personas del círculo de influencia cercano a Uribe. Tener esa influencia en el voto en una consulta implicaba dar un espaldarazo público a Zuluaga.

Zuluaga ganó con el 56% de los votos, en un extraño escrutinio de casi 1300 votos que duró alrededor de cuatro horas. Inmediatamente Carlos Holmes Trujillo aceptó su “derrota” y accedió a ser el jefe de campaña. Francisco Santos se retiró de la convención y no se ha pronunciado sobre el triunfo de Zuluaga. La desazón del sector afín a Santos no se hizo esperar con el posicionamiento en twitter de la etiqueta #unmesdesilencio. Para algunos uribistas pura sangre, el gesto fue calificado como inmaduro. Pero debemos atender a su espontaneidad. Es una muestra de que todos siguen a Uribe, pero a su manera, incluso contra el propio Uribe. La convención fue todo un tiro por la culata, pues evidenció frente al país una de las debilidades del movimiento.

El Uribe Centro Democrático en el futuro

Lo que ha sucedido en la convención no significa un presagio del fracaso electoral de la opción uribista. Lo que constituyó la fortaleza de Uribe en sus años de presidente evidencia ahora las grietas de su movimiento, pero la ruleta puede dar otra vuelta, aunque sea poco probable, pues Zuluaga está en un gran dilema: si sigue al pie de Uribe, será percibido como un perrito faldero, pero si toma vuelo propio perderá el respaldo de su patrón.

Pero el dilema no es de Zuluaga, en el fondo es de Uribe: detrás de la cáscara de los “huevitos” de la seguridad democrática, el Estado austero y la confianza inversionista, no hay nada. Cada cual los llena como quiera. Las intervenciones en la convención uribista fueron una muestra fehaciente al respecto. Los tres candidatos decían exactamente lo mismo y generaban aplausos y reticencias en el público asistente. Todos hacían barra porque los “huevitos” expresaron propuestas vacías.

Sin duda, los “huevitos” responden a una concepción del mundo en donde el mercado capitalista es la única relación posible entre los individuos. Pero dentro del mundo de la derecha, los “huevitos” son vacíos porque no hacen sino enunciar un consenso básico y elemental de las fuerzas defensoras del orden. Tan así que Juan Manuel Santos llenó el “huevito” de la confianza inversionista con los diálogos de paz, pues el cese del conflicto armado hace más atractivo el país para el capital extranjero. Interpreta la seguridad democrática con el intento de reforma al fuero penal militar.


 Fuente: Palabras al Margen, 29/10/2013.


 

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *