Argentina quiebra la impunidad franquista

Tras más de setenta años, muchos mayores siguen sin atreverse a hablar en voz alta de asesinatos, robos y humillaciones. Muchas hijas continúan sin saber, respetando silencios y equiparando causas. Muchos nietos han decidido que esas historias no tienen nada que ver con ellos. Pero otras muchas personas, de todas las edades y desde muchos puntos del mundo, sienten estos días que tal vez ahora sí que ha llegado el momento, que al franquismo se le ha terminado la impunidad y que las vidas que han alimentado tantas novelas van a saltar de las páginas al banquillo.

A mediados de septiembre, la jueza argentina María Servini de Cubría pidió, a través de la Interpol, la extradición de cuatro altos funcionarios policiales y de la Guardia Civil, en la causa abierta en ese país para juzgar los crímenes del franquismo. Unos días después, Argentina habilitó sus consulados en todo el mundo para que puedan recibir denuncias de las víctimas.

Han pasado más de tres años desde que esta enorme causa se abrió en Argentina. La hemeroteca no sabe mentir y nos recuerda nuestra tozudez: “La puerta que ha abierto la justicia argentina viene a aliviar la vergüenza que nos producía a tantas y tantas personas pensar que el Estado que había logrado extraditar a Pinochet no era capaz de condenar por crímenes contra la humanidad a ningún ‘Scilingo franquista”[1].

En esas fechas ya había comenzado el calvario del juez Baltasar Garzón, contra quien en primer lugar presentaron una querella varios grupos ultraderechistas. Por las mismas fechas, y por aplastante mayoría, el Congreso español limitó la jurisdicción universal ante, como se carcajeó cierta prensa fascista, “los excesos de los jueces estrella” (es decir, limitaron procesos judiciales como los emprendidos por crímenes de genocidio y torturas cometidos en Argentina, Chile, Guatemala y El Salvador). En febrero de 2012, tras otras querellas por prevaricación y/o cohecho, Garzón quedó expulsado de la carrera judicial; mientras los viejos poderes, las mismas familias (ahora en la elite política, ahora en la económica, ahora otra vez en la política) brindaron y rieron pensando que en verdad había quedado todo atado y bien atado.

Está costando tanto, tanto, que en el camino seguimos perdiendo irrecuperables testimonios vivos. Ahora vuelven a llegarnos fuerzas para desatar estos terribles nudos de desmemoria, poner nombres y apellidos a los verdugos y contar muy alta esta historia de humillaciones, ejecuciones extrajudiciales, detenciones ilegales, violaciones, trabajos forzados, asesinatos, robos de niños, robos de tierras… No han prescrito.


Editorial del número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. “Justicia universal significa (también) futuro”. Editorial del nº 44 de Pueblos – Revista de Información y Debate, septiembre de 2010.

CIFRAS Y AZARES:

  • Fechas entre las que se investigan los crímenes: 17 de julio de 1936 y 15 de junio de 1977.
  • Personas desaparecidas por la represión franquista: unas 120.000.
  • Niños y niñas apropiados por el régimen franquista, sustraídos a familias republicanas: unos 30.000.
  • Disidentes exiliados en Francia, norte de África y América: 550.000.
  • Cálculo actual de fosas comunes en el Estado: 2.800, sólo el 10 por ciento de ellas abiertas.
  • Lugares en los que han fallecido (o desaparecido) las y los desaparecidos a los que se busca: cárceles, cuarteles, campos de concentración y de trabajos forzados de la dictadura; campos de concentración franceses; campos de exterminio alemanes; en el exilio, en la clandestinidad.
  • 30 de marzo de 2009: Fecha en la que declararon por primera vez dos sobrevivientes del campo de extermino de Mauthausen (Austria). Jesús Tello, uno de ellos, llegó a Mauthausen en el tren conocido como el “convoy de los 927”, por el número de españoles que iban en el mismo.
  • 2 de marzo de 1974: Muere asesinado a garrote vil Salvador Puig Antich, de 25 años.
  • El 27 de septiembre de 1975 el régimen de Franco ejecutó a Juan Paredes Manot (Txiqui), de 21 años, Ángel Otaegui, de 33, José Luis Sánchez Bravo, de 22 años, Ramón García Sanz, de 27, y José Humberto Baena Alonso, de 24. Fueron los últimos asesinados por la dictadura.
  • Cantan León Gieco y Víctor Heredia: “El engaño y la complicidad/ de los genocidas que están sueltos,/ el indulto y el punto final/ a las bestias de aquel infierno”.

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