Entrevista

Mayra Pineda Pérez, feminista nicaragüense: “Luchamos por recuperar el derecho al aborto que teníamos hace cien años. Es insólito que nos quiten un derecho que ya teníamos”

Mayra Pineda Pérez coordina el área de lucha contra la violencia contra las mujeres del centro Xochilt Acalt, una organización nicaragüense que desde hace veintiún años trabaja por el empoderamiento y los derechos humanos de las mujeres del municipio de Malpaisillo. Esta organización ha sido históricamente apoyada por varias organizaciones de la cooperación y del movimiento internacionalista vasco.
Mayra Pineda Pérez en las instalaciones de Tas-Tas Irrati Librea. Bilbao, 2013.

Mayra Pineda Pérez en las instalaciones de Tas-Tas Irrati Librea. Bilbao, 2013.

– ¿Cuál es el origen y los objetivos de Xotchilt Acalt?

– En nuestro origen, hace 21 años, iniciamos con una clínica ginecológica móvil para llegar a las mujeres rurales de Malpaisillo. Mugarik Gabe de Navarra nos apoyó desde el principio. También nos apoyaron desde el inicio otras organizaciones, como Paz con Dignidad, y los ayuntamientos de Bilbao y otros de Bizkaia, Álava… Nos han acompañado aportando desde la contribución de las ciudadanas y ciudadanos, abonando la labor social que realizamos en nuestro municipio, contribuyendo al desarrollo económico, político e ideológico de las mujeres a través de todo ese trabajo que realizamos para su empoderamiento.

En el municipio éramos tres concejalas las que teníamos un compromiso social con las mujeres. Una de las problemáticas más sentidas en el municipio era la situación de salud de las mujeres, que no recibían atención especializada. Teníamos claro que la clínica que pusimos en marcha no era el fin en sí, sino el medio para llegar a la comunidad, a las mujeres, principalmente. Teníamos un año de funcionar y se realizó un diagnóstico para ver las necesidades más sentidas y nos dio como resultado el nivel de analfabetismo que había en el municipio, principalmente entre las mujeres.

Las familias contaban con grandes extensiones de tierra pero había desaparecido el algodón, que era el único rubro en el municipio, y ellas estaban sin ninguna alternativa. Nos dimos cuenta a través del diagnóstico de que tenían extensiones de tierra, de que había acceso al agua. Entonces comenzamos a impulsar proyectos productivos. Iniciamos con huertos familiares como alternativa para la alimentación de las familias, después se fue ampliando y ya se está comercializando también.

A la par del programa de salud teníamos un programa educativo. Porque el objetivo no era la clínica como una atención asistencialista, sino contribuir al empoderamiento de las mujeres: que conocieran su propio cuerpo, hablar de sus derechos sexuales y reproductivos. Es decir, que a la par estaba el trabajo educativo, ideológico, de Xochilt Acalt.

En el diagnóstico vimos que había un nivel de analfabetismo grande. Nos dimos cuenta de que las mismas mujeres que trabajaron en el diagnóstico no sabían leer ni escribir. Ellas fueron conscientes de que era una necesidad aprender a leer y escribir, porque tuvieron que apoyarse en sus nietas o en sus hijas para hacer las encuestas. Iniciamos entonces un programa de alfabetización.

Al terminar el programa no quisieron quedarse ahí, quisieron continuar. Algunas ahora están en la universidad o estudian carreras técnicas afines a la producción: unas son veterinarias, otras agropecuarias. Es producto de su proceso de empoderamiento.

– Coordinas el área de lucha contra la violencia contra las mujeres. ¿Qué trabajo hacéis?

– El área tiene como objetivo contribuir a la disminución de los niveles de violencia. Trabajamos la prevención y la sensibilización de cara a toda la población, y también tenemos un programa de atención especializada a las mujeres que están viviendo una situación de violencia y nos piden apoyo. Nosotras les acompañamos en su proceso de denuncia o de demanda de sus derechos. Hacemos un trabajo de coordinación con todas las instituciones del Estado y sociedad civil que trabajan el tema. Hemos logrado articularnos para hacer incidencia en el municipio y poder llevar adelante todo este trabajo porque difícilmente solas podemos hacer mucho.

– ¿Qué valoración hacéis de estos 21 años?

– El impacto es grande. El cambio en las mujeres es uno de los resultados. Después de ser obreras agrícolas ahora son mujeres productoras que trabajan su propia tierra. Han logrado elevar su nivel de vida, tienen unas condiciones diferentes a las que tenían antes. Y están muy apropiadas de sus derechos, se reconocen como sujetas activas de derechos. En sus testimonios dicen: “Antes yo no era nadie, no existía en este país, y ahora realmente tengo voz, me escuchan, tengo palabra.” Eso para nosotras es lo más impactante. Escuchar a mujeres que te dicen: “Yo era un ser a quien no tomaban en cuenta en mi comunidad”… Y ahora son muy buscadas, muy demandadas en la comunidad. Algunas son veterinarias, atienden la sanidad animal de la comunidad, otras son promotoras de salud, otras son defensoras contra la violencia. Están muy involucradas en actividades comunitarias y son respetadas a nivel municipal, son muy reconocidas por su trabajo.

– ¿Cómo os afecta a las organizaciones nicaragüenses el momento que vive la cooperación internacional proveniente del Estado español?

– Estamos sintiendo el impacto de la crisis mundial porque todo el apoyo viene de fuera. Llevamos 21 años trabajando, 16 años de un gobierno neoliberal cuyos intereses han sido otros: las mujeres han estado invisibilizadas, no existían en sus planes de desarrollo. Todo el apoyo que hemos tenido para estos proyectos alternativos en nuestro municipio ha llegado de la cooperación externa. Ahora también nosotras estamos viviendo esta situación de crisis. Hemos tenido que reducir el personal un 26 por ciento. Algunas personas están sin alternativa económica, en paro, pero trabajando de manera voluntaria. Esperando que entre el invierno y llueva (ríe).

En estos 21 años hemos venido trabajando de cara a la sostenibilidad social. El conocimiento, aunque no existiese ya Xochilt Acalt, se queda con ellas. Los recursos económicos quedan. Si desaparece Xochilt Acalt como organización queda la estructura organizativa en la comunidad, porque hemos logrado crear unas bases sostenibles. Nosotras acompañamos el proceso de empoderamiento de las mujeres para que ellas sean protagonistas de su propio desarrollo.

– Continuamente nos llega información acerca de la terrible situación de los derechos sexuales y reproductivos en Centroamérica. La historia de Beatriz, por ejemplo, una joven salvadoreña pobre a la que, estando enferma y teniendo un embarazo con un feto que no tenía ninguna viabilidad, se le niega el derecho al aborto. Más tarde, y a pesar de las presiones tremendas por parte de sectores conservadores, de la Iglesia, se dio salida a su situación. Quizás demasiado tarde, con mucho sufrimiento. En Nicaragua hay una situación similar, de prohibición e imposición de penas a las mujeres en todos los casos de aborto. ¿Crees que es posible que haya avances?

– La situación de las mujeres en nuestro país está difícil. Desgraciadamente hemos retrocedido cien años atrás. Teníamos cien años de ese derecho, al aborto terapéutico para salvar vidas, pero en 2006 se derogó esa ley y las mujeres estamos desprotegidas. El aborto terapéutico es una alternativa para vivir. Las mujeres en situación de riesgo ahora están totalmente desprotegidas, no deciden por su propio cuerpo. No sólo hablamos del aborto como derecho, porque también es un derecho decidir sobre mi propio cuerpo. Hablamos del aborto terapéutico cuando corre riesgo la vida de las mujeres o de la criatura. Luchamos por recuperar el derecho al aborto que teníamos hace cien años. Es insólito que nos quiten un derecho que ya teníamos, es ilógico, es como una doble violación de los derechos humanos. El año pasado salió la ley integral contra la violencia. Sin embargo, hay sectores religiosos que están trabajando para que deroguen la ley, otros para que la reformen… Nosotras luchamos para que se mantenga. Ni siquiera se ha podido aplicar, porque no se cuenta con presupuesto… y ya está reaccionando la Iglesia católica, los sectores conservadores.

– ¿Crees que se está haciendo una concesión del poder político a la Iglesia para lograr un apoyo político poniendo como precio la vida de las mujeres?

– Sí. Desgraciadamente negocian la vida de las mujeres como negocian con un animal. La derogación del aborto terapéutico fue entre la Iglesia y los partidos políticos en época de campaña, sin tener en cuenta a las mujeres. Igual está pasando ahorita: tenemos una ley contra la violencia y están dando la lucha… En una de las entrevistas que han hecho al boxeador Mayorga, dice: “A las mujeres no tenemos que soltarles mucho las riendas”. Como si fuéramos un animal, un caballo que hay que ir controlando. Él es un boxeador muy protegido por el Gobierno. Esta ley no le conviene porque es un abusador, un violador de mujeres. Se le montó una demanda por violación y ha tenido que ir a los tribunales. La ley no es contra los hombres, es contra los violadores, contra los abusadores. Algunos hombres dicen cosas como “ahora estamos jodidos”. No, no tenemos nada en contra de los hombres, tenemos que aplicar la ley a los abusadores.

– La prohibición del aborto terapéutico incluye los casos de violación a menores. Pero las mujeres siguen abortando, necesitan dirigir su vida. ¿Tenéis datos al respecto de cuánto ha aumentado la inseguridad en este tipo de intervenciones, en los abortos clandestinos?

– El aborto es ilegal y las mujeres no se atreven a ir al centro de salud porque la ley también sanciona al médico que intervenga. No hay registros porque queda en la clandestinidad, pero seguro que hay muchas mujeres que están muriendo por eso.

– Participaste en el Tribunal Internacional de Derechos de las Mujeres, Viena +20, Euskalherria 2013”, celebrado el 7 y 8 de junio en Bilbao[1]. ¿Por qué crees que son importantes iniciativas como ésta?

– Son importantes porque visibilizan todos los niveles de violencia que a nivel mundial se dan, no sólo en América Latina. Es importante seguir haciendo este tipo de acciones que denuncian todo el atropello que vivimos las mujeres. Visibilizarlo y dar seguimiento a la legislación: no sólo basta con hacer las leyes, necesitamos saber cómo las estamos aplicando.


Ane Garay es investigadora del Observatorio de Multinacionales en América – Latina (OMAL) – Paz con Dignidad. Andrea Gago Menor es editora de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Entrevista realizada en el programa “Hankaz Gora”, emitido a través de Tas-Tas Irrati Librea (Bilbao), en junio de 2013.

Ane Garay, Andrea Gago y Mayra Pineda en las instalaciones de Tas-Tas Irrati Librea. Bilbao, 2013.

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Mayra Pineda y Eneko Calle en las instalaciones de Tas-Tas Irrati Librea. Bilbao, 2013.


NOTAS:

  1. Ver http://tribunalderechosmujeres2013.blogspot.com.es.

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