Entrevista:

Maysa Daw, música palestina: “Soy optimista porque el cambio está cerca”

Maysa Daw estuvo el pasado mayo en el Estado español para participar en las actividades de conmemoración del 65º aniversario de la Nakba y por el boicot cultural a Israel. Cantó con su guitarra en Madrid, Bilbao y Donostia-San Sebastián, donde el público pudo disfrutar de su hermosísima y potente voz. Esta palestina de 21 años e inagotable sonrisa nació y creció en Haifa, una ciudad costera en el norte de lo que hoy es Israel, que junto con Jaffa eran consideradas las joyas de la Palestina árabe antes de 1948.
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Maysa Daw. Fotografía: Nacho Prieto.

– Cómo te presentarías a ti misma?

– Soy una palestina que vive dentro de las fronteras de Israel. Soy música; es lo que hago y lo que estudio. Canto y toco la guitarra.

– ¿Qué significa para ti ser una palestina que vive en Israel?

– En realidad es un poco extraño, porque yo me considero palestina, pero legalmente soy una ciudadana israelí. Y para la sociedad israelí, no soy “tan” israelí: me consideran una “árabe” que vive en Israel, y no somos lo mismo.

– ¿Cómo vives eso de ser una ciudadana israelí?

– Es un poco duro, porque yo tengo mis mejores amigos en Cisjordania y no pueden venir a visitarme, y aunque yo voy a visitarles, legalmente no tengo permitido hacerlo. También tengo amigas en Gaza, pero nunca pude visitarlas. Viven apenas a una hora de distancia, pero no podemos vernos. Conocí aquí a dos chicos (de la banda Palestinian Unit), pero tuve que venir a España y a Euskadi para encontrarlos y poder cantar con ellos.

Para mí, mi carné de identidad es sólo un papel que uso para moverme por ahí, pero no es lo que define quién soy. Yo tengo relaciones estrechas con personas amigas en Ramala, en Belén, con las que compartimos muchas cosas además de la música.

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Maysa Daw con dos integrantes de la banda “Palestinian Unit”, de Gaza. Fotografía: Nacho Prieto.

– ¿Cómo es tu relación con los y las palestinas de Cisjordania? ¿Te sientes diferente?

– No, no me hacen sentir diferente, en absoluto. Pero lo duro es que cuando digo que soy de Haifa, siempre hay gente que me dice: “Oh, cómo me gustaría poder ir a Haifa…”, o: “Mi madre (o mi padre, o mis abuelos) son de Haifa, pero no podemos volver allí”. Eso me hace sentir mal.

Pero, aparte de eso, me encanta ir, voy con frecuencia, y me siento muy a gusto. Es un estilo de vida diferente, pero no son diferencias extremas. No tengo que cambiar nada de mi forma de ser cuando estoy allí. Es cierto que, en general, las palestinas dentro de Israel somos un poco más liberales. Pero el mundo en que yo me muevo, y la gente con la que me relaciono, me permiten ser yo misma y me siento totalmente cómoda en Cisjordania. De hecho hay gente abierta y gente conservadora a ambos lados de la Línea Verde.

– Háblame de tu relación con la música. ¿Cómo descubriste tu vocación?

– Yo crecí en un hogar muy artístico: mi padre es actor, le gusta cantar y toca el laúd, y siempre nos puso en contacto con la música. Mi madre es artesana. Desde que era muy pequeña me incliné por el arte y empecé a estudiar canto. Y no lo pensé mucho, simplemente era obvio que iba a dedicarme a la música.

Maysa Daw estudia en Muzik, una escuela independiente dedicada a formar y promover artistas y productores innovadores en el mundo de la música. Es la única palestina en todo el instituto, pero no se siente discriminada. Dice que allí predomina el lenguaje universal de la música, y es un ambiente donde se siente muy cómoda.

Maysa integra una banda que se llama Ministry of Dub-Key, que es un juego de palabras a partir de dabka (nombre de la música y danza tradicional palestina): dub es el género musical derivado del reggae que la banda incorpora en su estilo musical y key alude a la llave del retorno, un símbolo muy poderoso en el imaginario colectivo palestino, pues la mayoría de los refugiados conservan las llaves de las casas de las que fueron expulsados en 1948 y las pasan de generación en generación, reivindicando la memoria y el derecho a regresar.

“Hacemos música tradicional árabe (dabka) pero la mezclamos con dub africano. En Haifa y alrededores hay un grupo grande de músicos y artistas que siempre trabajamos juntos”. Ministry of Dub-Key está compuesta por Maysa y otros dos jóvenes palestinos: Bruno Sabagh (originario del norte de Galilea) y Walaa’ Sbeit, originario de Iqrit, una aldea cristiana también de Galilea, que fue destruida en 1948 y cuyos habitantes fueron expulsados y jamás se les permitió regresar.

En los últimos meses Iqrit ha sido noticia porque en agosto pasado Walaa’ y un grupo de jóvenes, nietos de las familias expulsadas (hoy ciudadanos de Israel), decidieron regresar a Iqrit e instalarse a vivir allí, a pesar de que sólo quedan en pie la iglesia y el cementerio, y que las autoridades israelíes les han prohibido construir cualquier tipo de estructura. Maysa cuenta con entusiasmo y admiración que alrededor de veinte jóvenes se turnan para mantener una presencia permanente en la aldea, que está ubicada en la cima de una colina desde donde se puede ver el Mediterráneo, el sur de Líbano y el Golán sirio ocupado. “Es un lugar hermosísimo”, dice.

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Maysa Daw, en una de sus actuaciones en el Estado español. Fotografía: Nacho Prieto.

– Mucha gente joven en Palestina me ha dicho que entiende la cultura como resistencia, y que la frontera entre una y otra no existe. ¿Estás de acuerdo con eso?

– Completamente. La resistencia se ha convertido en una parte de nuestra cultura, y por eso las dos cosas son inseparables. Mi música es una forma de resistencia. Aun cuando no sea algo explícito en las letras, cada canción que escribo es resistencia, porque es parte de lo que soy.

La música para mí también es la forma en que mejor puedo expresarme. Y la música tiene su poder, no hay duda: puede llegarle a una cantidad de gente y hacerle saber lo que nos está pasando como pueblo. Por eso la música que hacemos con la banda también es política: tenemos una canción sobre los refugiados, otra sobre nuestra tierra… Es imposible dejar la política de lado, y no queremos hacerlo. Queremos resistir a través de la música.

– Cantas en árabe y has compuesto varias canciones, además de los temas compuestos por la banda…

– Pero cuando canto sola hago diferentes estilos, no tengo uno en particular porque todavía estoy explorando qué es lo que quiero hacer; por ahora canto todo lo que me gusta.

– ¿Sobre qué escribes? ¿Qué te inspira?

– Sobre lo que estoy sintiendo en cada momento. Una canción que me gusta mucho es ¡Basta! Habla sobre la violencia de la guerra, sobre la gente desplazada, las casas demolidas, y hace muchas preguntas.

– ¿Cómo cuáles?

– Como quién es el ocupante y el ocupado, quién es responsable por la violencia, quién tiene relación con la tierra… Y la principal pregunta es: ¿acaso la tierra nos pertenece, o nosotras pertenecemos a esta tierra?

– Pero tú tienes una respuesta, me imagino…

– Sí, claro. Mi convicción es que pertenecemos a la tierra, y por eso nadie tiene derecho a apropiársela, ni a trazar fronteras que nos separen.

– ¿Cuál es tu sueño para el futuro de Palestina?

– Lo primero que deseo es la caída del Muro: quiero verlo destruido en infinidad de pedacitos… ¡Y quiero estar ahí y ser una de las que lo hagan! Quiero que podamos vernos y relacionarnos simplemente como seres humanos, sin las terribles etiquetas que nos separan. Quisiera que todas las etiquetas políticas desaparecieran, en todo el mundo. La gente no hace la guerra ni crea las etiquetas: es el gobierno, que además juega con los medios, y éstos ponen las ideas en la mente de la gente. La gente vive encerrada en una pesadilla creada por el gobierno y por lo que éste les muestra.

– Pero en los hechos ese lavado de cerebro ha funcionado en la sociedad israelí. ¿Crees posible, no obstante, que los dos pueblos puedan vivir juntos algún día?

– Creo que sí es posible que vivamos juntos como iguales algún día, pero no va a ser fácil: tiene que haber muchos cambios. Una de las cosas en las que tenemos que trabajar es hacer entender que lo que vemos en los medios no es verdad. Es algo que quiero trabajar con mi música. Es absurdo que nos veamos como enemigos, cuando tenemos tantas cosas en común: nos gusta la misma comida, vamos a los mismos lugares, escuchamos la misma música… Lo que nos divide es la religión y la política. No son diferencias con las que nacimos, sino que nos pusieron en la cabeza.

– ¿Quiere decir que tu visión es la de un solo país para los dos pueblos, y no dos países?

– Mi visión es: ningún país. Antes de ser ocupado, este lugar no era un país, era la tierra de Palestina. Y la gente vivía feliz aquí: judíos, musulmanes, cristianas. Y también en la región: la política creó los países –Líbano, Siria, Israel–, y con eso empezaron los problemas.

– ¿No crees en los políticos, entonces?

– No creo en los partidos ni en los políticos. Ni creo que sea cuestión de cambiar a los líderes, porque no creo que una persona –o un pequeño grupo– pueda representar a millones de personas. ¿Quién puede decidir que yo, Maysa, no puedo ir al Líbano, que está a media hora de donde vivo, a tomar una cerveza con amigas?¿Quién eres tú para decidir por mí lo que puedo o lo que no puedo hacer, y adonde puedo o no puedo ir?

Mi sueño es que podamos vivir todos y todas juntas en esta tierra, sin poseerla ni disputarla, sin destruirla, sin matarnos por ella, sino disfrutándola y compartiéndola.

– ¿Eres optimista?

– ¡Mucho! Porque las cosas están cambiando. Cada vez más gente está tomando conciencia (incluso muchos y muchas israelíes están abriendo los ojos después de hacer el servicio militar). Esta situación no va a durar mucho tiempo. El cambio está cerca.


María Landi es activista de derechos humanos y colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el número 57 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2013.


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