La Cumbre del G-20 y “los intocables”

Cuesta vislumbrar un horizonte de cambio a escala global a partir de la declaración final de la reunión del G-20 escenificada el pasado 15 de noviembre en Washington para abordar la actual crisis financiera. Básicamente, sus recomendaciones se dirigen a que cada Estado-Nación intensifique los "incentivos públicos" y los "estímulos fiscales" para frenar la recesión y reactivar el crecimiento de la economía global e incremente los "controles" sobre los mercados financieros. De fondo, la doctrina de "desarrollo" seguirá siendo la misma: evitar el peligro del proteccionismo económico y seguir la senda de la liberalización de los mercados. Eso sí, se trataría de un neoliberalismo aplicado "con más orden".

Como era de esperar, ni asomo de  una “refundación del capitalismo” o un  nuevo Bretton Woods. Es evidente que  las condiciones y la trama de intereses  son ahora mucho más complejas que hace seis décadas, tras el final de la II  Guerra Mundial. Aunque sí parece existir una similitud: el pulso de la negociación  lo vuelven a ganar la posición de los Estados Unidos, los intereses  de las empresas transnacionales (ETN) y los dogmas del crecimiento  económico y el libre mercado, impulsados y defendidos por los organismos internacionales: Fondo Monetario Internacional  (FMI), Banco Mundial  (BM) y Organización Mundial del Comercio  (OMC).

En una declaración conjunta plagada  de eufemismos y buenas intenciones, “los intocables” vuelven a hacerse  presentes: los organismos internacionales, el crecimiento económico y la “libertad” de mercado no han sido siquiera puestos en litigio en la declaración final de la Cumbre. Ni como  origen del problema, ni como principio de su solución: sino que han sido  tratados más bien como elementos inamovibles  e incuestionables del sistema  económico y financiero mundial.  En primer lugar, se alerta sobre la amenaza  que supone el proteccionismo y  la intervención pública, siempre y  cuándo éstos no “protejan” e “intervengan”  en favor de los intereses económicos transnacionales. Por su parte,  las intenciones de futuras “reformas” de los organismos internacionales se  diluirán en grupos y comisiones de trabajo.  Por otro lado, el director general  de la OMC, Pascal Lami, agradeció al  G-20 a través de un comunicado el  “impulso” dado a las conversaciones  de la ronda de Doha que promueve  profundizar la liberalización comercial.  Finalmente, aumentar los niveles de “control”, “transparencia” y “vigilancia”  de los mercados financieros internacionales son cuestiones difícilmente  asumibles  individualmente en la  práctica desde las políticas económicas  nacionales.

Otra de las intervenciones estelares fue la del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, quien alertó sobre  que “la crisis financiera puede llegar a convertirse en una crisis humanitaria  si no actuamos”. ¿”Convertirse en  una crisis humanitaria”? Deberíamos  conocer con exactitud cuál es, según el  criterio de la ONU, el umbral a partir del cual una crisis deja de ser financiera  para convertirse en humanitaria,  cuando casi la mitad del planeta ya tenía  amenazada su subsistencia mientras las bolsas subían a máximos históricos, el PIB del Norte económico crecía de forma imparable y las ETN  seguían aumentando sus beneficios.

Los representantes de los 22 países  asistentes se comprometieron a “mejorar  su cooperación y trabajar juntos para  restaurar el  crecimiento global y alcanzar  las reformas necesarias de los sistemas financieros mundiales”. Así,  el “compromiso para la reforma de los  mercados” reafirma a los pilares del  sistema globalizado, el libre mercado,  los organismos internacionales y el  crecimiento económico infinito como  “los intocables”. Un cambio de formas para que no cambie la esencia de un  sistema que pretende seguir siendo lineal  en un universo finito. Como  muestra más clara de ello, el presidente  estadounidense en funciones ha declarado  al finalizar la Cumbre que ésta  “ha sido un éxito”.

Mirar para otra parte, declarar buenas  intenciones, planificar reformas en aspectos secundarios y reafirmar el  fondo del statu quo global ha sido parte  de la cosmética utilizada para “enviar  una señal a los mercados” y reactivar el crecimiento económico. Los    protagonistas de la película de la globalización  económica se muestran dispuestos  en este caso a utilizar palabras  amables para calmar la incertidumbre  de los mercados. Aunque, al igual que
dijera Al Capone en Los Intocables de  Eliot Ness, éstos bien saben que en última  instancia”se llega más lejos con  una palabra amable y una pistola, que sólo con una palabra amable”.


Rodrigo Fernández Miranda forma parte del Colectivo ConsumeHastaMorir: www.consumehastamorir.com.

Artículo publicado en el número 35 de la Revista Pueblos, diciembre de 2008.


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