Kania FM (Venezuela): Una herramienta de la organización popular

El 11 de abril de 2002 marcó un punto de inflexión en el proceso de desarrollo de la Revolución Bolivariana y especialmente en la conformación del escenario mediático venezolano. Aquel día, y en las 36 horas que le siguieron, quedó demostrada la participación de los medios privados en coalición con las élites económicas en el intento de derrocamiento del presidente Hugo Chávez. Los sucesos de aquel mes de abril han pasado a la historia como el primer “golpe mediático” en la denominada “guerra de cuarta generación”, caracterizada por la difusión de mensajes contradictorios y rumores con el objetivo de generar desestabilización[1].
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Instalaciones de Kania FM. Venezuela, 2013. Mª Cruz Tornay.

Las cadenas de televisión privadas abandonaron la neutralidad informativa que se les podía presuponer como medios de comunicación en las 48 horas transcurridas hasta la confirmación de fracaso del golpe, con la manipulación y alteración de imágenes de lo que en ese momento acontecía en las calles del centro de Caracas[2]. Mientras que Venevisión captaba a supuestos chavistas disparando contra una marcha de opositores desde el Puente Llaguno[3], la cadena del Gobierno, Canal 8, fue tomada policialmente y sacada del aire por orden de Enrique Mendoza, gobernador del Estado Miranda.

Las informaciones que llegaban de la capital eran confusas y contradictorias: a la vez que Venevisión, Globovisión, RCTV y Televen mostraban en directo al presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona, asumiendo la presidencia del país, los medios de comunicación alternativos informaban de la llegada de miles de venezolanos a Caracas para exigir el regreso del presidente elegido de forma democrática.

En medio de aquella confusión, Kania FM, al igual que otros medios comunitarios y alternativos, decidió salir al aire para transmitir lo que ocurría en Caracas a través del testimonio de compañeros que se encontraban allí y que contaban una realidad que los medios nacionales distorsionaban o directamente ocultaban.

Emitiendo desde la panadería

En el año 2002, Carmen, Edy, David y Julio, el único licenciado en Comunicación Social, eran un grupo de amigos de El Rubio, un municipio situado en la zona de frontera con Colombia, que soñaban con poner en marcha una emisora que albergara una comunicación diferente a la que realizaban las radios comerciales. Las primeras emisiones de prueba comenzaron unas semanas antes del intento de golpe de Estado en la panadería que regentaban Julio y Edy en el centro del pueblo.

Carmen, maestra ya jubilada y encargada de la administración, recuerda los primeros ensayos en el interior de la panadería con materiales prestados por otros compañeros. El 11 de abril de 2002, el colectivo se encontraba en esa fase piloto cuando unos amigos les comunicaron por teléfono desde Caracas una versión muy distinta de lo que contaban las cadenas privadas que estaba sucediendo. “Cuando empiezan a reportar la situación que existe en Caracas, que el pueblo está reclamando a su presidente, decidimos salir al aire de forma clandestina, sin saber si quiera cuál era el alcance de la señal, para denunciar el golpe de Estado que estaba ocurriendo”, recuerda Carmen valorando la importancia que tuvo en esas horas el transmitir a las y los vecinos que se trataba de un golpe y contrarrestar las informaciones de los medios privados.

Durante la semana que siguió al intento de derrocar al presidente, la emisora siguió informando a la comunidad sobre el desarrollo de los acontecimientos. Fueron los días previos a la primera transmisión que realizaron en la plaza del municipio en un acto de homenaje al cantor Alí Primera, pero que en ese contexto se convirtió, según cuenta Carmen, “en un acto de honor al pueblo venezolano por esa lucha reivindicativa”.

Desde aquel 11 de abril de 2002, el colectivo que tomó el nombre de uno de los pueblos originarios, los Cania, no ha dejado de hacer radio, aunque pasaron tres años en emisión clandestina hasta que lograron la licencia de radio comunitaria con habilitación en la 97.3 de la FM. Once años después de aquellas emisiones junto al despacho de venta de pan, Kania FM mantiene su razón de ser como emisora: estar al servicio de la comunidad y dar voz a los que nunca la tuvieron. Al igual que entonces, las puertas de esta casa en el centro de El Rubio siguen abiertas de par en par, sólo que en lugar de Julio y Edy ahora es Carmen la que “atiende” a los vecinos, que ya no van a por su pan de maíz, sino a dejar en la radio avisos de interés para el resto de la comunidad.

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Instalaciones de Kania FM. Venezuela, 2013. Mª Cruz Tornay.

Radio educativa

Entre los vecinos de El Rubio que consideran a Kania FM como su segunda casa se encuentran las y los estudiantes de las cuarenta escuelas y liceos que semanalmente se ponen al frente de los micrófonos. En el marco del proyecto Patria Viva, los niños y niñas participan con programas radiofónicos elaborados y producidos por ellos mismos. Para Melisa Ruiz, docente de la Unidad Educativa El Guayabal, es más que evidente la función de la radio como herramienta pedagógica, ya que permite el aprendizaje del trabajo en equipo, el compañerismo, romper con la timidez y adquirir la capacidad de plantear críticas constructivas en las reuniones que realizan después de cada emisión.

El grupo de El Guayabal que hoy visita la radio está formado por tres alumnas y dos alumnos de entre ocho y trece años. Génesis, la más joven del grupo, participa por tercera vez y repasa concienzudamente el guion que han elaborado con motivo del Día del No Fumador para transmitir a la comunidad la importancia de mantener hábitos saludables.

El objetivo del alumnado del liceo Tierra del Café también es la concienciación de la comunidad pero, en este caso, en la importancia del reciclaje, el tema elegido para el proyecto comunitario que deben desarrollar como estudiantes de último grado. Escuchándolos a través de las ondas se pone de manifiesto el trabajo previo que han debido realizar antes de que David, el técnico de Kania FM, les marque la señal de que están en el aire. Blanca Arias, la docente que les acompaña hoy, explica convencida cómo el trabajo en la radio les ayuda a reforzar el léxico, la capacidad para expresarse y observar las debilidades que presenta cada uno en cuanto a vocabulario: “La radio nos permite escribir, investigar, asesorarnos y no sólo quedarnos en Internet y descargar, sino trabajar en cómo llegarle a la población y en cómo interactuar con los estudiantes”.

Yuliana, de 15 años, destaca la faceta de comunicadores de calle que les permite desarrollar una radio como Kania FM: “Gracias a la emisora, como es comunitaria, tenemos la libertad de venir y expresar lo que queremos. Podemos participar e interactuar con la comunidad”. Su profesora Blanca le da la razón y cuenta cómo antes era “impensable” el hecho de poder participar en la radio sin tener una carrera de comunicador social o incluso sin tener que pagar por un espacio. “Ahora sólo venimos, pedimos el espacio, nos dan el tiempo y está abierto a lo que queramos decir”.

Una herramienta para la comunidad

Además de las cuarenta instituciones educativas que se reparten catorce horas de emisión semanal, una veintena más de colectivos y entidades dan vida a la parrilla de Kania FM. Nancy Urbina forma parte de la Defensoría Educativa y se dispone a grabar un audio para una obra de teatro sobre el noviazgo libre de violencia que se presentará en el I Encuentro de Cultura para la Vida. La mayor ventaja que encuentra en esta radio es la oportunidad de poder llevar a la comunidad una información que otros medios privados no transmiten: “La radio es una fortaleza porque nos enlaza con la comunidad; la radio se convierte en una aliada, es una herramienta para nosotras, es el poder del pueblo”. Y ella, como vecina rubiense, tiene clara la respuesta de la comunidad a esa herramienta: “El pueblo escucha Kania como que fuera la arepita diaria. Somos una gran familia, por eso ayudamos en todo lo que podemos a esta emisora”.

La pregunta sobre la función que representa Kania FM en la vida de la comunidad da pie de forma inmediata al debate sobre el papel que deben desempeñarlos medios de comunicación alternativos y comunitarios. Para Carmen no hay lugar a dudas: “Si somos comunitarios, tenemos que centrarnos en nuestra comunidad. Lo que aquí se produce tiene estar contextualizado a donde se nos escucha”. En el caso de Kania FM, este contexto responde a un eje fronterizo en el que hasta hace poco se recibía con mayor nitidez las señales del radioespectro colombiano que las emisiones de Caracas.

En la práctica, servir a la comunidad significa realizar “contenidos emancipadores” y evitar transformarse “en una copia burda de la comunicación comercial”. Carmen tiene claro que es necesario alejarse de las fórmulas comerciales en las que el locutor imposta la voz: “El poder popular hace la comunicación de la manera como la vive. Hay que formarse, capacitarse y, sobre todo, creer que en las comunidades se pueden hacer cosas interesantes”.

La búsqueda del nuevo modelo

Los contenidos emancipadores de los que ella habla se enmarcan en un tipo de comunicación que todavía debe ganar la batalla al modelo hegemónico que persiste en la República Bolivariana de Venezuela. En palabras de Rut Vílchez, de la Dirección General de Medios Alternativos y Comunitarios, esta comunicación hegemónica todavía responde a un “modelo de vida burgués”, considerado especialmente pernicioso en el caso de la representación de la mujer y que históricamente ha invisibilizado a las comunidades indígenas y afrodescendientes.

Para Vílchez, es indudable que los medios alternativos y comunitarios no pueden repetir el modelo que transmiten los medios privados en tanto que son organización popular y forman parte del proceso de transformación social: “Ellos son pueblo organizado ejerciendo la función comunicacional que siempre hemos tenido todos los seres humanos pero que se academizó en un espacio”.

El desafío actual es conseguir retomar una comunicación creadora a través de la producción de contenidos, que también eduquen e informen, pero que sustituyan al clásico “entretener”, que únicamente distrae, por un “recrear”que fortalezca valores.

Las propuestas para definir un nuevo modelo comunicacional acorde al proceso de transformación social todavía forman parte del debate y de los retos que deben enfrentar los medios de comunicación alternativos y comunitarios que, de manera informal, según datos del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (MINCI), podrían alcanzar en Venezuela los 1.500 entre publicaciones impresas, radios, medios digitales y televisoras comunitarias.

A pesar de que el país ya cuenta con diversas asociaciones y organizaciones que aglutinan a medios alternativos y comunitarios, lo cierto es que en este ámbito, como en muchos otros, todavía no hay nada cerrado y aún quedan propuestas por plantear y camino por recorrer. Siempre, claro que está, que en ese camino no se pierda la perspectiva del papel de los medios como herramienta de lucha y transformación social. Y es que, como suele recordarse en estos espacios de debate, “cuando el medio se convierte en el fin, el fin pierde su medio”.


Mª Cruz Tornay es periodista. Colabora habitualmente con Pueblos – Revista de Información y Debate. En la actualidad reside en San Cristóbal (Venezuela).

Artículo publicado en el número 57 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. Entrevista al psiquiatra Heriberto González: “Con la duda y la matriz de ‘fraude’ Capriles transformó el miedo en rabia”, Correo del Orinoco, 22 de abril de 2013. Ver en: www.correodelorinoco.gob.ve.
  2. Villegas, Ernesto (2012): Abril, golpe adentro, Fundación para la Cultura y las Artes, Caracas.
  3. Documental Puente Llaguno, claves de una masacre, 2004, dirigido por dirigido por Ángel Palacios y producido por la Asociación Nacional de Medios Comunitarios, Libres y Alternativos (ANMCLA). Disponible en varias páginas web.

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