Siria: tablero de una guerra de intereses ajenos

Las primaveras populares de Egipto y Túnez están ofreciendo una oportunidad de oro a Estados Unidos (EEUU) y a sus aliados para llevar a cabo el plan de reconfiguración del mapa político-geográfico de Oriente Próximo y norte de África, donde Siria es una de las piezas clave. Hace casi dos años, la OTAN aprovechó el vacío democrático en Libia (primera reserva del petróleo de África) para provocar la caída del dictador Muamar Al Gadafi e instalar en su puesto integristas afines ultra reaccionarios. Poco después, consiguió en Siria neutralizar las manifestaciones pacíficas de las y los ciudadanos en contra de las políticas económicas y sociales del gobierno de Bashar Al Assad y llenar el escenario con una turba de mercenarios armados, cuyo fin no es otro que destruir el Estado sirio, el último bastión laico de la región, como se hizo con Irak.

p57_intervenciones-militares_pepaSin embargo, Siria no es Libia ni Irak. Los intereses de las potencias regionales han convertido a Siria en el escenario de una guerra subsidiaria (proxy) en la que Rusia e Irán prestan apoyo al gobierno de Assad mientras EEUU, Israel, la Unión Europea, Arabia, Qatar y Turquía, a los rebeldes, desatando de paso un conflicto interreligioso e interétnico en la zona.

La oposición, compuesta por una veintena de grupos variopintos, incluidos salafistas y yihadistas, carece de cohesión, plan y programa, y sigue sin poder crear una estructura militar y política unificada para derrocar al régimen ni formar una alternativa a pesar de recibir miles de millones de dólares. Por su parte, Assad, al que le pesarán el bombardeo a la población civil, tampoco podrá devolver la estabilidad al país. El conflicto se alarga y con ello el sufrimiento del pueblo sirio.

Podría sorprender que una potencia como EEUU, con un gran bagaje en cuanto a asesinatos selectivos, organización de golpes de Estado y arranque de presidentes en semanas (como a Mubarak y a Ben Ali), sea incapaz de concluir la guerra en un pequeño país como Siria.

Los cambios lentos en este tablero muestran que la desgana de Washington se debe a varios motivos: que carece de claros intereses en Siria, que el conflicto tampoco perjudica a Israel, que teme un gobierno salafista y sigue buscando una alternativa presentable, que vigila el frágil equilibrio entre suníes y chiíes en la región (¡en Irak entregó el poder a los chiíes y se arrepiente!), que una guerra progresiva en fases no asustaría a los mercados de petróleo y, por último, que necesita llegar a un acuerdo con Moscú, del que requiere su cooperación para sacar a las tropas de la OTAN de Afganistán, vía Asia Central, ahora que Pakistán no colabora. Ya sacará el pretexto del uso de las armas de destrucción masiva por parte de Damasco cuando lo considere oportuno. Desmantelar el Estado sirio, miembro del bushiano Eje del Mal, ha sido planeado desde hace años.

Un pastel y demasiados buitres

Ni en sus peores pesadillas Damasco podía imaginar que no Israel sino su aliado turco, el “hermano musulmán” Tayyeb Erdogan sea quien abandere esta hostilidad, reuniendo en su frontera común a los mercena- rios y yihadistas (política duramente criticada por los demócratas turcos). Sin embargo, los sueños otománicos del líder turco de recuperar el espacio perdido tras la I Guerra Mundial, ahora que la UE le ha cerrado las puertas, se deshacen no sólo porque pensara que el régimen de Assad apenas necesitaba un golpecillo para desmoronarse y no sea así, o porque la OTAN le haya denegado la petición de un ataque militar a Siria, sino también porque cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas han ocupado las calles de Turquía y le tachan de dictador, corrupto, peón de EEUU y yihadista camuflado, entre otras descalificaciones.

Toda una fiesta para Assad, pero también para Rusia, Irán e Irak, que así aumentan el precio de la retirada de su apoyo a Siria en las negociaciones con EEUU. Moscú, desde Siria, pone fin a la política de Gorbachov de concesiones a EEUU a cambio de nada. No va a repetir el error que cometió con Libia. Para Rusia, el objetivo de acabar con el mundo unipolar pasa por Siria. Allí puede impedir que el levante mediterráneo se convierta en un espacio atlantista. China, tras perder a Irak, Sudán y Libia como fuentes de energía, se pone firme para mantenerse en la zona por medio de Siria e Irán.

Si al final hay una intervención militar directa, Pekín y Moscú vetarían cualquier resolución contra Irán en el Consejo de Seguridad y se volcarían en armar a Irán y así fortalecerle ante el hostigamiento de sus enemigos regionales y mundiales.

El régimen islámico de Irán ha optado por volcar sus fuerzas en sujetar a Assad, su único aliado, a pesar de la profunda crisis económica, política y social que sufre su propio país. La eliminación de la candidatura del ayatolá Hashemi Rafsanjani de la lista para las elecciones presidenciales del 14 de junio, como representante del sector que pretende pacificar la política exterior de Irán, es un aviso. Arabia, por su parte, procura devolver el poder en Irak a los suníes e instalar a sus correligionarios en Siria, mientras invade militarmente a Bahrein y Yemen para aplastar sus primaveras a los chiiés.

El “factor gas”

Además de formar parte del plan del ataque a Irán, la injerencia en los asuntos internos de Siria y el derrocamiento del régimen de Assad se debe a que este país árabe-kurdo posee importantes bolsas de gas y puede convertirse en una ruta imprescindible para los conductos que lo lleven hasta el Mediterráneo. El territorio iraní es la segunda reserva mundial de petróleo y de gas, y este último recurso se considera el combustible del siglo XXI: bueno, barato, limpio, accesible y abundante.

Mientras la corporación francesa Total anuncia que busca gas en Libia y Egipto (ahora que sus primaveras ya están secuestradas) y se prepara para hurgar en las tierras y aguas sirias, varios billones de metros cúbicos de gas localizados en las costas de este país han provocado una disputa entre Israel, que reclama su totalidad, y Líbano, que acusa al Estado judío de extraer lo que considera su parte.

La guerra por este yacimiento empezó en 1990 cuando British Gas (BG) descubrió grandes reservas en las aguas de la Franja de Gaza, entonces bajo soberanía de la Autoridad Nacional Palestina. En el año 2000, acosado por la oposición y por Israel, Yasser Arafat firmó con BG y sus socios un acuerdo de extracción para los 25 años siguientes. BG se quedaría con el 90 por ciento de los beneficios y el resto se depositaría en una cuenta internacional. Aun así, y a pesar de las presiones de Tony Blair, Ariel Sharon se negó a respetar este precario acuerdo y paralizó los trabajos de BG. En 2006 la toma del poder por Hamás fue una fiesta en Tel Aviv: ninguna empresa occidental podría firmar acuerdos con una “organización terrorista”. En el mismo año los cascos azules se apostaron en Líbano con la misión de contener a Hizbulá y a Siria.

Los inmensos campos de petróleo y gas de todo el levante mediterráneo son una tentación para EEUU y la Unión Europea (UE). Tras el fracaso de Occidente en el proyecto del gaseoducto Nabucco (que tenía previsto diversificar el suministro energético de la UE evitando a Rusia), la UE considera más viable el Arab Gas Pipeline. Este gaseoducto saldría de Egipto, pasaría por Jordania, Siria y Líbano, y terminaría en Turquia. De ahí el apoyo del Kremlin a su aliado Assad y el interés de Ankara por derrocarlo: convertiría a Turquía en la primera puerta energética de Asia a Europa.

¿Y qué hace Qatar en Siria? El golpe de Estado del jeque Al Tahani contra su padre en 1995 coincidió con el inicio de la exportación de gas qatarí a Europa. Ciertamente es la tercera reserva mundial de gas, después de Rusia (25 por ciento) e Irán (15 por ciento), pero si ya el intento del reducir la influencia rusa con el 13 por ciento de las reservas es el “delirio de un enano”, la pretensión de convertirse en el gendarme de EEUU en el Golfo Pérsico (puesto que ostentó el sha de Irán y luego deseó Arabia Saudí) le viene muy grande. Pero, eso sí, cumple con diligencia su misión de aplastar, con ayuda de Al Jazeera, las aspiraciones democráticas de la primavera árabe y de allanar el camino a la OTAN, como en Libia.

Las consecuencias

Además de cobrarse la vida de decenas de miles de personas y provocar el desplazamiento de cerca de dos millones de familias, el conflicto sirio ha conseguido desintegrar del eje de resistencia a Israel, compuesto por Irán, Siria, Hamás e Hizbulá. El grupo palestino ya lucha contra su antiguo aliado, Al Assad, por encargo de Qatar y Turquía. La nueva ronda de ¡Que se maten entre ellos! en Oriente Medio cae como agua de mayo sobre Israel, muy nervioso por las rebeliones populares.

Por el momento, el balance de fuerzas en la región está en favor de EEUU y sus aliados. Rusia, China e Irán planean dañar al máximo los intereses de este eje, forzándole a pagar un alto costo por el derrocamiento de Assad. Turquía ha dejado de desafiar a Israel (y de enviar flotillas propalestinas), se ha alejado de Rusia, ha perdido el mercado sirio y también la paz en casa. Una Turquía debilitada permanecerá en la órbita de Occidente, para hacer de palanca en las futuras aventuras atlantistas.

Irak se desintegra, pierde un Kurdistán bañado en petróleo y ve cómo la milicia kurda (con fuertes vínculos con Israel) impide que el ejército iraquí se instale en la porosa frontera con Siria, por donde entran, camuflados entre las personas refugiadas, terroristas que con sus bombas matan a diario a un centenar de civiles. Líbano ya sufre la batalla entre las facciones pro y anti Siria, así como la violación de su espacio por parte de Israel. El fin del frágil equilibrio sectario de la política libanesa, conseguido tras 15 años de guerra civil, también puede borrar la frontera entre ambos países cuando los suníes y los chiíes de ambos lados se unan. La caída de Assad debilitará a Hizbulá y aumentará el peso de los islamistas suníes.

Esta situación impide la emergencia de países potencialmente fuertes como Irán, Arabia o Turquía; agudiza la división interárabe e intermusulmana; agita las tensiones internas en cada Estado y abre espacio al crecimiento de las fuerzas de derecha reaccionaria, arrinconando a los partidos progresistas.

El proyecto El Día Después, preparado por el USIP (United States Institute of Peace), prevé que el nuevo régimen sirio reconozca al Estado israelí, rompa con Irán y desaloje a los grupos armados palestinos del país. Está por ver si los sirios se dejarán gobernar por los rebeldes, cuyo núcleo duro son los Hermanos Musulmanes.

El caos como estrategia

EEUU cumple con su agenda: ha estacionado buques de guerra cerca de la costa siria, tiene desplegadas tropas en la frontera jordano-siria y desde la base de Incirlik y el centro de control de Iskenderun, en Turquía, coordina los preparativos del ataque. Según el general Merrill McPeak, ex jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de EEUU, este ataque empezará con la destrucción de las fuerzas aéreas sirias, allanando el camino de una invasión terrestre.

Mientras Obama mira al Pacífico sur obsesionado con el avance de China en el mundo, deja que Francia arme a la “contra” de Assad y que sea Turquía quien coloque los misiles en la frontera con Siria para así crear una zona de exclusión aérea de facto. Qatar e Israel, por su parte, estudian cómo asesinar a Assad. Juntos se reirán del Derecho Internacional antes de repartir el pastel.

Todo se acuerda y ejecuta a espaldas de un pueblo atrapado entre el fuego del gobierno y de los grupos insurgentes. Mientras, sobre las cenizas del orden nacido de la II Guerra Mundial, en Oriente Próximo no se construyen nuevos sistemas políticos: Washington y sus aliados desmontan Estados sólidos para denominarlos “Estados fallidos” y así hacerse con su control de forma duradera.

La demolición controlada de la República de Siria por parte de la OTAN sigue su marcha.


Nazanín Armanian es escritora, periodista y profesora de la Universidad de Barcelona.

Artículo publicado en el número 57 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2013.


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2 pensamientos en “Siria: tablero de una guerra de intereses ajenos”

  1. Creo que es un buen enfoque que al partir de los intereses materiales de las partes en conflicto da en el clavo y pone de relieve y en vigencia la sentencia del escritor latinoamericano Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de america latina ; Los pueblos bendecidos por la naturaleza han sido maldecidos por la historía.

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