ERT no es sólo la tele griega

La corporación de radiodifusión pública de Grecia era un caso único de opacidad y despilfarro inconcebible. Es por eso que, en una demostración impecable de sensatez y sentido del deber, el portavoz del Gobierno griego, Simos Kedikoglu, anunció el 11 de junio el cierre inmediato de todos los canales. Era necesario, porque ERT (las siglas de la radiotelevisión pública de Grecia) suponía unos 300 millones de euros al año a una población ahogada por las deudas.

Además, mantenía muchos puestos de trabajo con condiciones laborales demasiado buenas, en comparación con los actuales estándares griegos. ¿No fue lo que dijo el Gobierno? Bueno, sonaba algo más técnico: “el tamaño de la plantilla cuadruplica los estándares correspondientes al número de espectadores y oyentes de que disfruta”. Unos días después, un fallo del Consejo de Estado ordenaba restablecer los programas del servicio público a la espera de la creación de la nueva entidad, algo que por el momento no se ha llevado a cabo.

En síntesis y para no entrar en datos: que la radiotelevisión griega pública no era sostenible.

¡Sostenible! El adjetivo mágico. ¿Por qué nos quejamos? Si las ayudas a la dependencia no son sostenibles, pues que el trabajo lo continúen haciendo las mujeres y las migrantes”(básicamente). Si las becas no son sostenibles, que estudie quien tenga dinero. Si las pensiones no son sotenibles, que la gente “del común” no se gaste los cuartos en vacaciones y ahorre para su futuro. Si la sanidad pública no es sostenible, pues que se salve sólo el que pueda pagarla. Si las prestaciones por desempleo, la educación infantil, el transporte público no son sostenibles…

Las iniciativas y las muestras de solidaridad contra el cierre de la radio y la tevisión públicas en Grecia no han parado. Algunos medios han usado lo de “desiguales” para calificar las protestas, como para restarle valor a las acciones así sin que se note demasiado. Otros medios han centrado la información en la cuestión de las muchas personas que se han quedado en el paro.

Como ha expresado el Consejo de Informativos de TVE, el Gobierno griego ha ignorado que no puede actuar como si fuera el propietario de un servicio público que pertenece al conjunto del pueblo. El cierre de ERT entra en conflicto con la Carta Europea de los Derechos Sociales, que protege la libertad de expresión y de información, con el Convenio Europeo de Derechos Humanos y con el artículo 15 de la Constitución griega. Pero la austeridad y el sentido común para garantizar la sostenibilidad están por encima de todo.

En varios países de América Latina se está trabajando actualmente sobre cómo restar poder a los conglomerados de la comunicación y sobre cómo asegurar a la ciudadanía, en la ley y en la praxis, una información objetiva, independiente y plural. En los países periféricos de la Unión Europa, con Grecia como laboratorio indiscutible a la cabeza y con unas poblaciones que, en general, siguen creyéndose el cuento del “no hay alternativa”, seguimos privatizando y olvidamos que los medios públicos sí tienen como fin una información objetiva, independiente y plural.

Nos creemos que todos los días hay que trabajar para que el objetivo de los medios públicos se cumpla, para que los procesos de contratación sean justos y transparentes, para que no exista corrupción ni control por parte de partidos ni empresas. No nos creemos los motivos del Gobierno griego para cerrar ERT; no nos creemos (ni nos suena nada bien) eso de que se creará pronto una televisión más “moderna”, ni nos cremos que esta decisión sea por el bien de la población griega, a la que se le van a rebajar unos euros de impuestos gracias a este cierre.

La Unión Europea no pidió el cierre de la televisión griega, pero lo avala. Eso nos cuentan algunos medios. Nadie impone los recortes ni las diferentes “reformas estructurales”, todas ellas se llevan a cabo porque es lo que hay que hacer y porque no es sostenible ni sensato seguir de otro modo.

Vivimos sin saber de dónde va a llegar la siguiente bofetada. Ayer la educación pública, hoy el derecho a la información, mañana la puñalada final a una sanidad universal de calidad… Pasado mañana, quién sabe. No importa: es por nuestro bien.


Editorial del número 57 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2013.


 

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