La formación laboral del estudiantado, un reto para la educación cubana

El sistema educativo cubano ha sido siempre considerado uno de los mayores éxitos de la Revolución: terminó con el analfabetismo, logró unas tasas de escolarización verdaderamente amplias, promovió la investigación en diferentes campos, en especial el médico, e impulsó métodos educativos internacionalistas. Pero las sociedades van cambiando y hoy la educación cubana se encuentra ante retos como los siguientes: ¿Cómo conjugar las expectativas y aspiraciones de las generaciones más jóvenes con las necesidades de desarrollo del país? ¿Cómo actualizar en vínculo entre estudio y trabajo en la formación laboral?
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Fotografía: Jesús Antonio Coto Chávez, Ministerio de Educación, Cuba.

La sociedad cubana se encuentra enfrascada en la actualización de su modelo económico, para lo cual se definieron lineamientos[1] en cada una de las esferas que conforman la política económica y social. En esta proyección se ratifica la decisión de preservar un modelo social, enraizado en la historia de lucha del pueblo, en sus tradiciones e identidad, que transita por la búsqueda de una verdadera y real justicia, inspirado en el profundo contenido del precepto martiano plasmado en el artículo primero de la Constitución de la República: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”[2].

La base sobre la que se sustenta esta sociedad es la educación, pero esto sucede en un mundo de enormes contrastes. Por una parte, el extraordinario desarrollo del conocimiento, de las ciencias y la tecnología crea un potencial inestimable para alimentar, educar y dar bienestar a todos los seres humanos y para que cada uno sea actor del desarrollo y participante en él. Por otra, el orden económico mundial imperante, la globalización neoliberal, las tendencias actuales de la evolución económica, social, ambiental y los patrones de convivencia, conducentes a la exclusión social y a la depredación sin igual del medio ambiente.

La agudización de los conflictos que tienen lugar a escala planetaria se acrecentó con el derrumbe del campo socialista. El recrudecimiento del bloqueo, que se mantiene por más de 50 años, y la agresividad por parte de las administraciones de EEUU han engendrado contradicciones en el seno de una sociedad que se encaminaba progresivamente a la plena justicia, equidad y solidaridad, y que emprendía una profunda “rectificación de errores y tendencias negativas”.

Las medidas adoptadas para afrontar la crisis económica de los años 90 del siglo XX y garantizar la sobrevivencia de la Revolución generaron descontrol, ineficiencia e indisciplina. Propiciaron la proliferación de vicios y desigualdades que habían sido erradicados, en lo esencial, en la sociedad cubana. Esta situación provocó un deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población, de la que no se ha logrado salir todavía, y dio como resultado la pérdida del significado del trabajo como vía principal para lograr el desarrollo de la sociedad y la satisfacción de las necesidades personales y familiares.

Viejas necesidades, nuevas expectativas

En este análisis es necesario tener en cuenta que la familia, la escuela y la sociedad cubanas han propiciado la formación en las nuevas generaciones de expectativas y aspiraciones que no pueden ser satisfechas en las condiciones de un país pobre, subdesarrollado y bloqueado como es Cuba, ni se sustentan en una plena comprensión de que el trabajo es la única fuente de toda riqueza material y espiritual. Las personas jóvenes tienen un modo de asumir los problemas de la sociedad muy diferente al que caracterizó a las y los cubanos de las primeras décadas del triunfo revolucionario, sus necesidades y aspiraciones son muy superiores a las de sus padres y abuelos.

Precisamente aquí radica una de las mayores complejidades que afronta la educación: cómo lograr que las nuevas generaciones de cubanos y cubanas se identifiquen con este modelo social en un contexto nacional e internacional tan complejo y contradictorio y, en particular, cómo educarlos para que devengan ciudadanas y ciudadanos con una conciencia de productores frente a la corriente contemporánea del consumismo, cómo fortalecer su motivación por el trabajo.

La vinculación del estudio con el trabajo ha sido principio rector de la política educacional cubana desde los primeros momentos del triunfo revolucionario y tiene sus raíces en el ideario pedagógico de José Martí. Diversas fueron las vías empleadas para concretar este principio: las movilizaciones de las y los estudiantes hacia tareas de la agricultura como el corte de caña, la recogida de café y las diversas labores en el tabaco, entre otras. Para los alumnos de la educación primaria se inició el trabajo en huertos escolares.

Desde mediados de la década de los años 60 del pasado siglo se dio inicio a la experiencia La escuela al campo, consistente en la participación del estudiantado de la enseñanza media básica y superior en diferentes planes agrícolas durante 45 días en cada año escolar; incorporándose posteriormente al currículo escolar.

A comienzos de los años 70 se aplicó una experiencia muy revolucionaria, generalizada posteriormente con el perfeccionamiento del sistema nacional de educación, iniciado a partir de 1975: La escuela en el campo. Este tipo de institución respondía a concepciones pedagógicas inspiradas en el ideario martiano y marxista de educar en el trabajo productivo, creador, y también respondió a las necesidades de que, en una educación pública masiva y gratuita, las y los estudiantes pudieran aportar a los planes de desarrollo del país, a la economía, según sus posibilidades.

Se construyeron centros educacionales en grandes programas de desarrollo agrícola. En ellos, las y los estudiantes de la enseñanza media recibían el mismo plan de estudios de las escuelas urbanas pero también se incorporaban al trabajo en distintas labores agrícolas, así como a un amplio programa de actividades culturales y deportivas. Constituyeron una importante potencialidad para la formación integral del estudiantado de estas edades, a tal punto de que Silvio Rodríguez dedicó una canción a estos centros[3], a los que llamó “cuna de nueva raza”: “Estos son sus jardines; / estos, sus semilleros / hechos con adoquines/ de vergüenza, piedra y lucero”.

La integración de la escuela politécnica con el mundo laboral, cuestión que ha caracterizado la enseñanza técnica y profesional cubana, es también expresión concreta de la vinculación del estudio con el trabajo como principio de la política educacional. Las y los estudiantes tienen la posibilidad de, en condiciones reales, desarrollar acciones que tributan directamente a objetivos profesionales que los preparan para su realización plena como futuros trabajadores y trabajadoras. Es decir, que las habilidades profesionales son adquiridas en la propia práctica, mediante una ejercitación orientada hacia la solución de problemas de índole profesional.

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Fotografía: Jesús Antonio Coto Chávez, Ministerio de Educación, Cuba.

 

Transformaciones del modelo

A lo largo del periodo revolucionario se ha formado aproximadamente un millón de profesionales universitarios y la población cubana ha alcanzado cerca de diez grados de escolaridad. Sin embargo, las nuevas condiciones exigen que las matrículas en las diferentes especialidades y carreras se correspondan con las demandas del desarrollo de la economía y la sociedad.

Hoy, alrededor de un 15 por ciento de estos profesionales no ocupan puestos de trabajo relacionados con la especialidad en la que se graduaron y el país padece una distorsión de la pirámide de la fuerza laboral en detrimento de las y los técnicos y obreros que debieran conformar su base. De ahí que sea necesario proyectar la formación de fuerza de trabajo calificada en correspondencia con las demandas actuales, corregir las deformaciones que hoy presenta la estructura de la formación de especialistas de nivel superior, técnicos de nivel medio y obreros calificados[4].

Además, un desafío esencial para la formación laboral es prever y afrontar la adaptación y la readaptación generada porque en la actualización el modelo económico cubano promueve, junto a la empresa estatal socialista como forma principal en la economía nacional, la incorporación e incremento de las modalidades de la inversión extranjera, las cooperativas (no sólo agropecuarias sino también en algunos servicios), las explotaciones agrarias pequeñas, los usufructuarios, arrendatarios y trabajadores y trabajadoras por cuenta propia.

Unido a lo anterior, el proceso de descentralización de la economía, del que resultará fortalecido el desarrollo local y la autoridad de los gobiernos provinciales y municipales en la puesta en marcha de proyectos locales, generará una mayor demanda de fuerza obrera calificada y personal técnico.

Algunas respuestas del sistema educativo

Ante estos cambios, el sistema educacional cubano está enfrascado en llevar a la práctica una estrategia[5] para reforzar la formación laboral de las y los estudiantes que parte de vincular el proceso docente-educativo con la vida, relacionarlo con el entorno social y productivo donde está ubicada la escuela, llevar y discutir en el aula los problemas que se presentan en la comunidad y buscar soluciones a partir de la aplicación de los contenidos de las diferentes asignaturas. ¿El objetivo? Lograr de esta forma un proceso de enseñanza desarrollador, productivo y en esencia laboral.

Esto ha requerido capacitar a los cuadros de dirección, técnicos docentes, especialistas y trabajadores de los distintos niveles para que estén en condiciones de dirigir y desarrollar las acciones previstas. Entre estas acciones se incluye como prioridad la preparación de las y los docentes para aprovechar el contenido de las diferentes asignaturas del currículo en función de la formación laboral, vinculando los contenidos de los programas y las actividades laborales, ejemplos de la vida cercana a los estudiantes, y enfrentándolos a problemas donde tengan que aplicar sus conocimientos (a lo que contribuyen las visitas a centros de la producción), conocer los procesos productivos, sus resultados, estimular la participación en círculos de interés, sociedades científicas, trabajos de curso, etc.

En la enseñanza técnica y profesional, las aulas anexas son una de las medidas que va  resultando más efectiva. Estas aulas son espacios en la entidad productiva, de servicios o investigación, donde se desarrollan clases teóricas y prácticas, se utilizan las potencialidades en cuanto a tecnologías, equipamiento, materiales e insumos y personal con experiencia técnica y laboral para formar y consolidar la preparación teórico-práctica de las y los estudiantes a partir del concepto de aprender haciendo.

La formación laboral se entiende actualmente en Cuba, en definitiva, como un proceso encaminado a potenciar el saber hacer y el cómo hacerlo mediante la transmisión y adquisición del conjunto de valores, normas, conocimientos, habilidades, procedimientos y estrategias que se necesitan para analizar, comprender y dar solución a los problemas de la práctica social. El desarrollo futuro del país dependerá de la solución de los desequilibrios macroeconómicos y de los problemas de eficiencia, lo que a su vez influirá en que la formación laboral del estudiantado contribuya al fortalecimiento de una cultura laboral en las jóvenes generaciones.


Lesbia Cánovas es presidenta de la Asociación de Pedagogos de Cuba.

Este artículo ha sido publicado en el número 56 de Pueblos – Revista de Información y Debate, abril de 2013.


NOTAS:

  1. Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. La Habana, 2011.
  2. Constitución de la República de Cuba. Capítulo I Fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado. Ediciones Pontón, Caribe S.A., La Habana, 2005.
  3. Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 2011. Lineamiento No. 150.
  4. Ídem, Lineamiento No. 172.
  5. “La formación laboral de los escolares como vía para el desarrollo de la conciencia de productores”, en Seminario Nacional para dirigentes de educación, Tema X, págs. 249-282. Editora Pueblo y Educación, La Habana, 2010.

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