Música

Música tradicional irlandesa: Más allá de la etiqueta “celta”

Aunque muchos confundan conceptos, hablar de música irlandesa tradicional no es hablar de música celta. Éste último bautizo artificial responde más a una definición política que musical, ya que engloba toda aquella música proveniente de los territorios conquistados por los celtas y no se ciñe sólo al territorio irlandés. Pese a que se trata de una expresión rehusada por los artistas del folklore irlandés, lo cierto es que a veces ha sido abrazada por los mismos cuando las fuerzas del mercado así lo han requerido, desvirtuando la imagen original de los sonidos tradicionales de la isla.

Hablar de música irlandesa es, pues, hablar de herencias, de influencias y de recorridos que traspasan fronteras, periodos de tiempo e incluso imaginarios; es hablar de tradiciones aisladas del proceso unifi cador de la globalización, que conforman la raíz de una identidad que lucha por permanecer inmutable y que han viajado de generación en generación, por lo general dentro de las familias y comunidades.

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Fotografía: Rodrigo Gomes.

Ello no implica que el pueblo celta no tuviera ningún tipo de infl uencia sobre la tradición irlandesa. De hecho, tal y como establece María Luisa Tamarit, “en su avance hacia Occidente, los celtas fueron dejando su sello en las culturas musicales de los países y regiones que invadían. De esta infl uencia surgió la música tradicional irlandesa, un género que ha sobrevivido a los diversos vaivenes de la historia y que actualmente se sigue interpretando”.

Nada de esto hubiera sido posible sin una base anterior, que en el caso irlandés se fundamenta en una importantísima y lejana tradición oral. A partir de ella se crearon las primeras composiciones musicales, que no incluían instrumentos y que otorgaban al canto todo el protagonismo. Bautizado como Séan Nos (estilo antiguo), este canto primigenio interpretado en lengua gaélica sobrevive en la actualidad, aunque si bien es cierto que la introducción de acompañamiento melódico ha desvirtuado su naturaleza. Posteriormente, se le unieron el Tabwrdd (tambor de origen galés) y el arpa, instrumentos que ya en el siglo XII fascinaron al historiador galés Gerald de Barri (1146-1223), quien advirtió en su Topographia Hibernica (1188) que Irlanda era una de las naciones con mayor sensibilidad musical de las que había conocido.

Incluso hoy en día es indudable el infl ujo del arpa, un instrumento mágico alrededor del cual giran numerosas leyendas. Una de ellas narra la fascinación que Daghdha, uno de los dioses celtas más importantes, sentía por el instrumento, que usaba para cambiar las estaciones mediante cuatro acordes. También se le atribuyen los poderes de ayudar a la fertilidad de las mujeres, luchar contra combatientes enemigos e incluso infl uir en los estados de ánimo del pueblo. El dominio del arpa en la historia del país es tan clara que, además, es el elemento central de su escudo, convirtiéndolo en uno de los pocos que incorporan un instrumento musical como emblema. Además, en la actualidad podemos verlo en las monedas de euro nacionales, en la cerveza Guiness e incluso en los aviones de Ryanair.

PROHIBICIONES Y RESURGIMIENTOS

Siguiendo con sus orígenes, el folclore irlandés contó con importante infl uencia de la nobleza gaélica hasta la Batalla de Kinsale de 1601 (episodio también conocido como Socorro a Kinsale), cuando el invasor británico provocó su exilio. Fue entonces cuando la Corona Británica abolió cualquier tipo de manifestación cultural en el país, lo que provocó que la música pasara a ser interpretada de manera clandestina, viéndose reducida la presencia del arpa y pasando a ser propia de reuniones de amigos y pubs. Esta medida dañó la tradición irlandesa pero, lejos de acabar con ella, contribuyó a su resurgimiento encubierto.

El siglo XIX significó una etapa negra en la historia del país debido a la hambruna que lo azotó entre 1845 y 1849, cuando una plaga en el cultivo de patatas destruyó la cosecha durante cuatro años consecutivos, causó más de un millón de muertes y provocó una oleada de emigración sin precedentes. Más de seis millones de irlandeses e irlandesas salieron del país: más de dos millones con destino Estados Unidos, fundamentalmente hacia Boston, Chicago y Nueva Cork, y otros tantos con destino Canadá y Australia. Esto supuso la desaparición de buena parte de la tradición cultural del país, así como su exportación a diferentes puntos del planeta: influyó en la esencia de lo que actualmente conocemos como música country y contribuyó al nacimiento de un nuevo género, denominado bluegrass, variedad del country propia del estado de Kentucky.

Sin embargo, la música irlandesa fue evolucionando e incluyendo en su esencia más instrumentos como violines, tin whistles (flautas metálicas de seis agujeros), tambores, mandolinas, banjos, guitarras, y otros instrumentos originarios de la isla, tales como el bódhran (tambor de marco irlandés) y la uillean pipe (gaita irlandesa).

LAS DANZAS

Otro de los elementos más característicos del folclore irlandés son las danzas, que originariamente eran producto de la infl uencia de los países colindantes pero que llegaron a desarrollarse en Irlanda hasta crear un estilo propio que ha sobrevivido durante décadas y que hoy en día sigue existiendo. Provenientes del mundo rural, estos bailes grupales han evolucionado hasta presentar un sinfín de variedades que suponen una de las mayores atracciones culturales de la isla. Entre las más habituales se encuentran las siguientes: el reel (danza rápida con variación lenta propia de Escocia), el hornpipe, la polka (introducida en Irlanda desde los salones de baile europeos), el jig (y su variación, el slip jig), el slide y el waltz.

Además, en la actualidad estas danzas viven un renacimiento gracias a éxitos como Riverdance, de Bill Whelan, o los espectáculos Lord of the Dance y Fleet of Flames, de Michael Flatleys, que han causado admiración en diferentes puntos del mundo y han servido para demostrar que la tradición irlandesa preserva su fondo.

FESTIVALES CONTEMPORÁNEOS

Hoy en día disfrutar de la música tradicional irlandesa no resulta difícil debido a la amplia variedad de oferta cultural que el país presenta y a la existencia de numerosos conjuntos musicales que recrean la música tradicional, tales como Border Collies, Altan, Danú, Téada, Déanta, Lúnasa, Kíla y Mary Greene and Noel Shine.

Por ello, todos los años tienen lugar diversos festivales que, ubicados a lo largo y ancho de la geografía irlandesa, pretenden fomentar la cultura tradicional y evitar su olvido. Entre los más importantes se encuentran el World Fleadh y el All Ireland Fleadh Cheoil na hÉireann, éste último creado en 1951, desarrollado en un entorno sostenible y que, además de conciertos, cuenta con cèilithe (sesiones de danza irlandesa), desfiles y cabalgatas. También son conocidos los siguientes: el Sionna Music Festival, el Feakle International Music Festival, el Fleadh by the Feale, el Cup of Tae Festival (en el condado de Donegal, corazón de la tradición irlandesa) y el William Kennedy Piping Festival, entre otros.

EL FUTURO DE LA TRADICIÓN

Desde 1951 (año en que se fundó) es destacable la labor llevada a cabo por la Comhaltas Ceoltoiri Eireann (La Sociedad de Músicos Irlandeses), que centra su esfuerzo en preservar la esencia de este folklore. Aún así, hoy en día ésta se ve seriamente amenazada por la modernidad. El avance de los mass media, la no obligatoriedad de la inmersión lingüística y la emigración (con una tasa de una persona emigrante por cada 1.000 habitantes) suponen importantes retos para su supervivencia. Quizás la única opción de preservar este tesoro histórico pase por que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) apueste por declararlo Patrimonio Cultural Inmaterial, tal y como sucedió con los cantos populares quan họ de Bắc Ninh del norte de Vietnam y otros tantos ejemplos. Una alternativa más que viable si se tiene en cuenta que la música tradicional irlandesa cumple todos los requisitos que la organización establece: es tradicional, contemporánea y viviente a un mismo tiempo, también es integradora y representativa y, por último, está basada en una comunidad.


Aideen Kennedy es periodista.

Este artículo ha sido publicado en el número 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.


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