Entrevista

Askapena: Solidaridad de pueblo a pueblo

Las noticias sobre el País Vasco escasean debido al boicot de todos los medios al servicio del régimen monárquico. Sabemos más de cualquier otro sitio porque el empeño de los sucesores de Franco es hacer invisibles las actividades pacíficas de las organizaciones vascas que reivindican derechos de igualdad para todos los pueblos. El objeto de esta entrevista es mostrar eso que tanto se empeñan en ocultar y que, sin embargo, visto sin tergiversaciones resulta fácil de entender. Hablamos con un representante de Askapena.

¿Qué es ASKAPENA? ¿Cuándo se crea? ¿Cuál ha sido y es su finalidad y su actividad hoy?

Askapena es una organización internacionalista vasca nacida en 1987. Somos una organización de Euskal Herria, pueblo en lucha por su liberación nacional y social. En este sentido luchamos junto a numerosas organizaciones populares, sindicales y partidarias de Euskal Herria por conquistar la independencia y el socialismo para nuestro pueblo.

Concretamente, nuestro trabajo político como organización popular internacionalista consiste en alimentar el proceso de liberación nacional y social de nuestro pueblo con una práctica que consideramos imprescindible para su desarrollo: la solidaridad política de ida y vuelta entre pueblos trabajadores en su lucha común por la superación del sistema capitalista-imperialista-heteropatriarcal.

En efecto consideramos que la consecución de la independencia y el socialismo para Euskal Herria no será posible sin una práctica consecuente y sistemática internacionalista, que fomente la solidaridad hacia nuestra lucha, que abra las posibilidades de enriquecerla con experiencias de otros pueblos en lucha y que apoye los procesos que debilitan a la estructura capitalista-imperialista mundial.

Por otro lado, consideramos que la consecución de un Estado socialista para las siete provincias vascas, será la condición de posibilidad para dar una salto cualititativo en nuestra estrategia internacionalista ya que nos permitirá llevar adelante una genuina política solidaria basada en los intereses en común que unen a los pueblos trabajadores, y en este sentido se convertirá en el mayor aporte solidario del pueblo trabajador vasco a los otros pueblos en lucha.

En vistas a conseguir nuestro objetivo estratégico, nuestra tarea militante consiste en dinamizar y trabajar desde el campo popular la solidaridad desde Euskal Herria hacia otros pueblos en lucha mediante charlas, publicaciones, movilizaciones y prácticas solidarias concretas (brigadas internacionalistas, boikot, etc.). Mediante ello pretendemos identificar y denunciar el funcionamiento del sistema capitalista imperialista heteropatriarcal en todas sus expresiones (económico, político, ideológico, militar) a la vez que concientizar, aprender de y solidarizarse con las diferentes experiencias de resistencia, autoorganización y de pueblos en lucha por su liberación nacional y social.

A su vez, impulsamos, ayudamos y dinamizamos la solidaridad hacia la lucha de liberación de Euskal Herria en los sectores populares de otros pueblos del mundo coordinando la red de comités de solidaridad con la lucha de nuestro pueblo “Euskal Herriaren Lagunak(EHL)-Amigos y amigas de Euskal Herria “, participando en encuentros/foros internacionales y organizando anualmente brigadas internacionalistas.

Finalmente, participamos y fomentamos el trabajo mancomunado con todas la organizaciones y luchas estratégicas implicadas en la construcción nacional y social de nuestro pueblo.

La solidaridad internacionalista ¿qué significa? ¿de dónde proviene ese término? ¿Es solidaridad de pueblos, es solidaridad de clase? ¿cuál es su propósito?

Entender la necesidad y las características de la solidaridad de pueblo y de clase proviene de la comprensión de la unidad dialéctica existente entre capitalismo e imperialismo. En efecto, la lógica de la explotación y la competencia para la maximización de las ganancias conlleva la continua incorporación a la lógica del capital de nuevos espacios sociales y geográficos. El sistema capitalista tiene por lo tanto una modalidad reproductiva intrínsecamente expansiva. El imperialismo es el resultado de esta característica expansiva aplicada a un marco mundial compuesto por estados y pueblos. Por lo tanto, desde estas coordenadas partimos a la hora de plantear nuestro proyecto emancipador.

Así es como, una lucha antiimperialista que no descanse en un planteamiento anticapitalista está abocada al fracaso al no atacar el motor del expansionismo. Una lucha anticapitalista que no enfrente los embistes imperiales pierde su condición de tal al no atacar los mecanismos de reproducción del sistema que dice enfrentar. Si la primera posición releva de la ausencia de un planteamiento de clase reduciendo la problemática imperial a la opresión de un pueblo por otro, la segunda, inversamente, omite, en el mejor de los casos, las asimetrías de poder existentes entre pueblos, y en el peor, denigra la propia existencia e importancia de las realidades nacionales diferenciadas, ciñéndose a denunciar las asimetrías de poder de clase a nivel mundial.

Ahora bien, el imperialismo consiste justamente en la articulación de relaciones de explotación de clase y de opresión nacional. El imperialismo no es la opresión de un pueblo por otro, ni la explotación por parte de una burguesía mundial de una clase trabajadora mundial. El imperialismo es la cristalización de las relaciones de poder asimétricas que atraviesan un mundo divido en clases (explotadoras y explotadas) y pueblos y estados (oprimidos y opresores).

La gran diferencia entre estas dos divisiones es que la primera tiene que desaparecer y la segunda reformularse. La clases tienen que desaparecer, los pueblos no. La existencia de clases es correlativa a la vigencia de un sistema de explotación. La existencia de pueblos diferenciados es el resultado del transcurso histórico de conformación de comunidades humanas. Lo que tiene que desaparecer son las relaciones de poder desigual que existen entre los pueblos. Que la burguesía haya utilizado el discurso nacionalista para defender sus intereses de clase no implica que sea una categoría en sí opresora y burguesa. Fue y sigue siendo un espacio de disputa ideológica en el marco de una lucha por la hegemonía político-cultural de re-significación de una identidad colectiva de pertenencia a una comunidad diferenciada en la que se enfrentan dos proyectos y contenidos nacionales: el del pueblo trabajador y el de la burguesía local y foránea.

Por lo tanto, las diferencias culturales, lingüísticas, históricas y de cosmovisión de cada pueblo ni podrán ser superadas ni tienen que serlo ya que su existencia no implica, en sí, asimetrías de poder. Al contrario, la existencia de pueblos diferenciados constituye una incalculable riqueza de biodiversidad socio-histórica que persistirá en una sociedad emancipada aunque con notables cambios cualitativos al no estar más atravesados por relaciones de explotación.

En este sentido, el internacionalismo es el nivel más desarrollado de la práctica política revolucionaria. Es la capacidad de cada pueblo trabajador de identificarse y actuar como tal, en su especificidad nacional y su determinación de clase, es decir como parte de la humanidad trabajadora explotada como clase y oprimida como pueblo por un enemigo en común: el capital y su herramienta política fundamental, el Estado.

¿Qué diferencia hay entre solidaridad y caridad?

La solidaridad es una cuestión ante todo política y no meramente ética (y eso no implica, ni mucho menos, que le estemos atribuyendo por otro lado a la caridad una cualidad ética). En este sentido, es erróneo reducir la solidaridad a un comportamiento que expresa meramente una elevada conciencia ética.

En efecto, la solidaridad no es sinónimo de desprendimiento egocéntrico de los pueblos hacia una pretendida Otredad. Al contrario, ser internacionalista es llegar a la conclusión política de una pertenencia común subalterna. Por lo tanto la solidaridad es ante todo sinónimo de elevada conciencia política, de la meticulosa comprensión de los lazos estratégicos que unen a los sectores y pueblos oprimidos para la superación de su condición de tal. La emancipación de cada pueblo dependiendo directamente de la emancipación de los otros, el internacionalismo se convierte así en el componente necesario para cimentar la accumulación de fuerzas a nivel internacional ante un enemigo en común (el único Otro, con O mayúscula, que exista) en una lucha codo a codo de los sectores y pueblos explotados para derrocarlo e instaurar un sistema, el socialismo, en el que no se pueda reproducir ningún Otro (dominante) pero sí muchos otros (diferentes).

Como podemos ver, afirmar que el internacionalismo es una práctica ante todo política no implica que esté desprovista de contenidos éticos. En primer lugar porque parte de un posicionamiento ético de rechazo frontal a la injusticia vigente. En segundo lugar porque pretende superar esta situación e instaurar un sistema basado en valores genuinamente igualitarios y respetuosos de la diferencias socioculturales desprendidas de todo tipo de dominación y explotación. Queda claro por tanto que no estamos hablando de la ética burguesa de base abstracta, individualista y judeo cristiana que busca la redención y el apaciguamiento de un problema de conciencia individual. Estamos hablando de una ética concreta situada socio-históricamente que responde a intereses colectivos y que busca materializarse mediante la lucha política revolucionaria.

Por lo tanto l@s internacionalistas no son buen@s samaritan@s que dedican su tiempo a paliar el sufrimiento ajeno, ni defensor@s empedernido@s del multiculturalismo bienpensante. En el mejor de los casos, estas posiciones son la base de un asistencialismo-paternalista cuando no racista encubierto derivadas de la incomprensión total del funcionamiento del sistema capitalista imperialista y del desconocimiento de los intereses que unen a los pueblos trabajadores tanto del centro como de la periferia. En el peor de los casos estas posiciones humanitaristas surgen del afán de legitimar y perpetrar el orden establecido.

Se ha celebrado la VII Semana Internacional de Solidaridad con Euskal Herria en Madrid. Desde la primera vez que se realizó hasta hoy, ¿qué cambios ha habido como para considerar que ASKAPENA tiene que venir a Madrid?

Sin duda alguna, el trabajo político realizado por los compañeros y compañeras de Madrid, específicamente desde el comité de solidaridad que se integra en la red de los EHLs (Euskal Herriaren Lagunak- Amigos y amigas del Pueblo vasco), se ha consolidado en los últimos años, realizando numerosas actividades solidarias a pesar de la criminalización y de la represión que sufren tod@s los y las que se solidarizan con la lucha del pueblo vasco. Cabe señalar que no es ni mucho menos la primera vez que Askapena acude a Madrid para participar en actividades organizadas por el comité y que seguiremos haciéndolo ya que consideramos el trabajo solidario realizado desde allí como un aporte clave en nuestro proceso. Además, continuaremos denunciando desde Euskal Herria la represión que sufren los sectores populares madrileños en su lucha anticapitalista, antifascista, antipatriarcal y antiimperialista.

Vosotros, vosotras, habéis sufrido la represión: detenciones, cárcel ¿cuándo y qué ocurrió? ¿cómo se ha vivido bajo esa espada de Damocles, y cómo se ha manifestado después?

Como tantas otras organizaciones que luchan por la independencia y el socialismo en Euskal Herria, Askapena ha sufrido la intoxicación, la criminalización y la represión por su trabajo político. Ademas, el Estado español, como todo Estado burgués, teme que se establezcan relaciones solidarias entre los pueblos en lucha por su emancipación e hizo, hace y hará todo lo posible para desactivarlas.

Por ello hemos sufrido a lo largo de los últimos años campañas intoxicadoras por parte de las trasnacionales de la “comunicación” tanto españolas como de otras latitudes; por ello nuestr@s brigadistas han sufrido múltiples seguimientos durante sus estadías solidarias en diferentes pueblos, por ello se les ha negado la entrada a Palestina o se les ha expulsado ilegalmente del territorio que el Estado chileno reivindica ilegítimamente como suyo: por el simple hecho de compartir experiencias militantes con otras organizaciones populares y por mostrar nuestra solidaridad con su lucha. Cabe señalar que el amedrentamiento ha llegado a tal punto que algunos brigadistas han recibido amenazas de muerte por parte de sectores paramilitares colombianos.

Finalmente, como culminación de esa escalada represiva, en septiembre del 2010 el Estado español ha detenido e incomunicado a 8 compañer@s internacionalistas, encarcelando a 5 de ellos. Hoy en día, tras el pago de una cuantiosa fianza están en libertad condicional en espera de un juicio cuya fecha y fallo, teniendo en cuenta que las imputaciones carecen de base legal y jurídica, dependerán de las necesidades políticas del Estado y por lo tanto de la correlación de fuerzas entre los sectores reaccionarios y los y las que apostamos por una resolución política, democrática y justa al conflicto que enfrenta Euskal Herria a los Estados francés y español.

En este sentido, la presión popular tanto en Euskal Herria como en otros pueblos solidarios es un factor clave para que el proceso avance en términos democráticos poniendo fin a las detenciones, a los juicios politicos, a la dispersión de los más de 600 pres@s politic@s paso previo para su liberación. Por lo tanto, tenemos que seguir trabajando ya que la solidaridad internacionalista es tan legítima como necesaria. Y eso tanto nostr@s desde Askapena como el propio pueblo vasco y otros pueblos hermanos lo sabemos perfectamente.

¿Cuál es el proyecto de ASKAPENA para Euskal Herria?

Como ya subrayamos en la respuesta a la primera pregunta, el trabajo internacionalista que realizamos desde el campo popular se inserta en un claro proyecto político independentista y socialista. En este sentido es imprescindible que se nos reconozca el derecho democrático que nos asiste como pueblo a poder decir nuestro futuro libremente. La apuesta política nuestra, al igual que la que defiende la Izquierda Indepentista vasca en su conjunto, consiste en ejercer este derecho para constituirnos en un Estado independiente.

En efecto, hoy en día, consideramos que el Estado es la herramienta institucional indispensable e ineludible para poder asegurar nuestra supervivencia y desarrollo como nación diferenciada y para llevar adelante los cambios estructurales económicos, políticos e ideológicos necesarios para salir de nuestra condición subalterna de personas explotadas y oprimidas por el sistema capitalista-heteropatriarcal vigente. El Estado Vasco por el que luchamos tiene que ser la máxima expresión y herramienta político-institucional de los intereses del pueblo trabajador vasco.

Trabajadores y trabajadoras, baserritarras, desemplead@s, estudiantes, pensionistas, autónom@s, con una mención especial a los sectores transversales más golpeados (mujeres, migrantes y jóvenes), conforman esa inmensa mayoría social y popular (más del 90% de nuestro pueblo) cuyos intereses objetivos no serán atendidos sin superar este sistema depredador e intrínsecamente injusto por medio de la construcción de un Estado socialista, feminista, euskaldun e internacionalista.

Un Estado socialista que asegurará por lo tanto una democracia genuina: el ejercicio del poder del, por y para el pueblo trabajador. Es decir, un Estado que posibilitará que todos y cada uno de los aspectos que condicionan las formas de vida de nuestro pueblo en lo económico, lo cultural, lo institucional, lo medioambiental, etc. puedan ser decididos e implementados por ese mismo pueblo en función de las necesidades y prioridades establecidas por la mayoría popular y trabajadora , teniendo como único límite el derecho que les corresponde a los otros pueblos de vivir de forma soberana y bajo los mismos principios igualitarios y democráticos.

En resumen: necesitamos un Estado propio para que la lógica de dominación y asimilación nacional franco-española sea revertida a favor de un desarrollo endógeno y soberano de nuestra diferencialidad nacional, cultural, idiomática e idiosincrásica. Necesitamos un Estado que acompañe la construcción de un poder popular que destierre la lógica de la ganancia y la sustituya por una lógica basada en la satisfacción de las necesidades de las mayorías populares, es decir, para que las relaciones de producción capitalistas basadas en la explotación sean sustituidas por relaciones basadas en la cooperación y autogestión de los trabajadores y trabajadoras. Necesitamos un Estado para asegurar que el medio ambiente no sea considerado como una mercancía sino como lo que es: el marco finito y agotable que provee de las condiciones de posibilidad para la reproducción de la vida misma tanto material como cultural. Necesitamos un Estado para avanzar cualitativamente en la superación de la relaciones patriarcales y en el establecimiento de relaciones de género igualitarias en todos los ámbitos de la vida. Y finalmente nos es imprescindible un Estado para incidir en la sustitución de las relaciones de dominación imperialistas por relaciones de solidaridad internacionalista entre pueblos trabajadores.


Ramón Pedregal Casanova. Artículo publicado en Rebelión el 15/05/2013.


 

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