Argentina. La educación ambiental empieza por la escuela

La normativa argentina prevé desde varios ángulos la formación de docentes y alumnado sobre los temas ambientales y hay muchas experiencias en el país que dan cuenta de una inquietud creciente, de iniciativas e intercambios. Existe también un programa nacional con una plataforma interactiva que unifica criterios (aunque no todos la conocen) y las provincias, que tienen autonomía, avanzan de manera dispar. Lo que está claro, no obstante, es que aumenta la necesidad de involucrarse desde el conocimiento acerca de lo que acontece en el planeta.
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Fotografía: Natalia Noemí Gómez de Olivera. Fundación Vida Silvestre (Argentina).

Para hablar de educación en Argentina es fundamental mencionar el rol que tuvo en la desarticulación del sistema estatal la era neoliberal, desde la última dictadura (1976-1983) al gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999). La educación era hasta entonces nacional y tenía ejes unificadores propios. Pero los 90 dejaron graves secuelas aún difíciles de revertir: los servicios educativos fueron transferidos a las 24 provincias, la nación se quedó sin escuelas y ahora tiene una orientación general, una situación que plantea grandes trabas, incluso a la hora de fijar los salarios del profesorado, porque todo ello es decisión de los distritos o de que haya acuerdo en el Consejo Federal que los reúne.

De esa destrucción dio cuenta una de las protestas más extensas que hizo frente al menemismo: la carpa blanca de los maestros. El campamento se instaló frente al Congreso durante dos años y medio reclamando un aumento presupuestario, la derogación de la ley vigente y una nueva normativa, cuyos contenidos fueron ampliamente discutidos en debates en su interior, por donde pasaron más de tres millones de personas. No se desmontó este campamento hasta la Ley de Financiamiento Educativo, en diciembre de 1999.

Fue la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) la que se interesó por el tema ecológico ya en 1992. Entre ese año y el 2009 desarrolló tres congresos nacionales y un programa de formación que llevó a la maestría en educación ambiental en un acuerdo con la Universidad de Comahue. Se realizó en distintos lugares y allí estudiaron las y los principales maestros pensadores en esta cuestión de enseñanza tan específica como urgente. “Esa experiencia combativa nos sirvió para comprender qué es el pensamiento ambiental latinoamericano. Es una perspectiva que nuclea una profunda crítica a la civilización occidental y moderna, indaga sobre las causas profundas de la crisis ambiental y enuncia que es una crisis civilizatoria, de un modelo occidental y moderno, patriarcal, blanco, antropocéntrico, que partió de una serie de mitos o supuestos equivocados”. La explicación es de Guillermo Priotto, ex coordinador de la unidad de educación de la Secretaría de Ambiente de Argentina.

Entre los equívocos argumentativos de esa postura mencionó el de vivir “en un planeta ilimitado” y creer que el crecimiento sea necesario para el desarrollo en términos económicos. Desde un punto de vista epistemológico, explicó, “la modernidad provocó una escisión condenatoria, separar las ciencias sociales de las ciencias naturales, donde los humanos dejamos de ser naturales para convertirnos en entes que tenemos la capacidad de transformarlo todo en función de nuestras necesidades, nuestras ambiciones y nuestras mezquindades de especie biológica. Esa fragmentación del conocimiento se refleja en la insularidad de las disciplinas”. Las revoluciones del conocimiento, en las ciencias físicas particularmente, no logran impactar en las ciencias sociales y menos aún en las ciencias de la educación. Por lo tanto, “los sistemas educativos siguen siendo un reflejo fiel de esa modernidad que hoy muestra su fracaso”.

En la escuela

La mayor parte de niños, niñas y adolescentes asisten al colegio y el presupuesto destinado hoy a Educación es del 6,7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Según el Ministerio de Educación, en 2007 y 2008 había 10.280.289 alumnos y alumnas (1.485.899 en nivel inicial, 4.664.025 en primaria, 2.153.329 en el ciclo básico secundario, 1.369.803 en el ciclo orientado secundario, 607.233 en el superior no universitario, 1.567.519 en el universitario de pregrado y grado, y 68.273 en postgrado).

Todo este alumnado debería, según las leyes, recibir enseñanza ecológica, como expresa el artículo 41 de la Constitución. Hay otras dos leyes que contemplan estos contenidos. Una es la de Educación Nacional (26.206), que sostiene que el Ministerio de Educación, con el Consejo Federal, “dispondrá las medidas necesarias para proveer la educación ambiental en todos los niveles y modalidades”. Afirma que se usará “el mecanismo de coordinación” de la ley 25.675, “las políticas y estrategias destinadas a incluir la educación ambiental en los contenidos curriculares comunes y núcleos de aprendizaje prioritario, así como a capacitar a los/as docentes”. Esa legislación es la norma General del Ambiente, que explica que la enseñanza ambiental “constituye el instrumento básico para generar (…) valores, comportamientos y actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado, propendan a la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible, y mejoren la calidad de vida de la población”.

Para Priotto, en la educación formal están los pocos espacios que quedan para promover la reflexión sobre lo que está sucediendo en el planeta. “La escuela debería discutir modelos y estilos de desarrollo. Si no es en la escuela, ¿dónde?

Las diferentes iniciativas

Justamente, la Iniciativa de Educación Ambiental en Argentina surgió ofreciendo no sólo contenidos y actividades sino también una plataforma de intercambio a través de internet de experiencias con espacio para cada provincia y temática. Esa propuesta fue lanzada por el Ministerio de Educación, la Secretaría de Ambiente, la Jefatura de Gabinete y Presidencia.

Por otro lado, los distritos del país han ido trabajando en forma dispar. Entre Ríos, en el centro este, es una de las provincias que más ha desarrollado su programa con grupos de trabajo y acciones con continuidad (libro de educación ecológica, feria de ciencias, concursos fotográficos,…) Chubut, en la Patagonia, tiene una dirección de educación ambiental y cuenta con un programa centrado en los residuos. Santa Cruz, también patagónica, sacó una revista de educación ambiental; Chaco, en el noreste, tiene equipos provinciales de educación ambiental; La Rioja, en el noroeste, elaboró un texto de enseñanza sobre ecología, y Río Negro, en el sur, armó un buen grupo de trabajo. Estos son sólo algunos casos, porque en los hechos, más allá de lo que resuelvan las provincias, docentes y alumnado llevan a las aulas las inquietudes que surgen en un planeta en constate transformación climática.

Desde la iniciativa no gubernamental, la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) decidió meterse en las escuelas con un proyecto llamado Caja Educativa que elaboró por ahora para dos distritos: Misiones y Capital. Para Juan Manuel Ojea, de FVSA, existen cuatro desafíos en el plano de la enseñanza ambiental: la aplicación de los contenidos (considera que queda en la iniciativa de las y los maestros), la falta de textos de respaldo, que esos materiales sean de calidad y la formación docente. “Queremos empezar a responder a esos desafíos”, explicó Ojea. Con ese objetivo,

FVSA elaboró un manual con 70 actividades para desarrollar en el aula en distintas asignaturas y niveles educativos, un libro sobre flora y fauna y otros materiales de soporte. Todo ello forma parte de la caja educativa que en la capital se distribuyó en escuelas públicas y privadas con apoyo de un banco y una empresa de correos. La devolución fue, según Ojea, excelente.


Rosaura Audi es periodista.

Este artículo ha sido publicado en el número 56 de Pueblos – Revista de Información y Debate, abril de 2013.

En euskera: “Argentina. Ingurumen hezkuntza eskolan hasi behar da”.


 

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