Colombia

Llueva o truene el Congreso para la Paz se mantiene

Miles de personas se han dado cita durante tres días en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, para llevar a cabo el Congreso para la Paz. “Queremos escribir una carta abierta por la paz que interpele a sectores económicos, políticos y sociales para que se comprometan en su construcción”, decía la portavoz de un encuentro, realizado entre el 19 y el 22 de abril, al que acudieron indígenas, campesinos, afrodescendientes, estudiantes, trabajadoras y activistas sociales de todas las regiones del país. Acompañaron este histórico evento diferentes delegaciones de países de América, Europa y África, entre las cuales se encontraba una representación de Paz con Dignidad y OMAL. Su visión sobre cómo transcurrió el Congreso para la Paz se recoge en la siguiente crónica.

El Congreso de los Pueblos

¿Qué es la paz? ¿Cómo y desde dónde se construye? A estas preguntas tratan de dar respuesta organizaciones sociales, populares, sindicales y políticas que se han agrupado en el Congreso de los Pueblos.

El Congreso de los Pueblos nace públicamente en 2010, año en el que se cumplían 200 años de la independencia de Colombia, después de llevar años articulándose a través de la Minga de Resistencia Social y Comunitaria, movimiento que juega un papel determinante ya que consigue acrisolar diferentes propuestas sociales y populares. Este espacio, junto con otras apuestas, hace surgir el Congreso de los Pueblos. De esta manera, “empieza a legislar un Congreso con la idea de construir una propuesta de país, un país alternativo al que la burguesía venía desarrollando”, afirma Juan Bautista, miembro de IAPES y del Congreso de los Pueblos. Y se define como Congreso porque desde él se pretende “construir nuestras propias leyes, nuestros propios mandatos para legislar desde abajo el país, para que los pueblos sean quienes manden”, dice Marylen Serna, vocera del Congreso para la Paz.

Fue en ese primer Congreso cuando se mandató discutir el problema de la paz, que junto a otros seis ejes temáticos constituyen los temas prioritarios de discusión. En 2011, en Cali, se realizó el primer Congreso temático sobre “Tierras, territorio y Soberanía”. Posteriormente, recogiendo el trabajo que ya se venía realizando alrededor de una propuesta de paz y habiendo aparecido públicamente en octubre de 2012 los Diálogos de Paz en la Habana entre las FARC y el gobierno de Santos, el Congreso de los Pueblos mandata trabajar la propuesta de paz no solo en un congreso temático sino también construyendo escenarios con otros sectores. Es de esta manera que se crea la Ruta Social Común para la Paz y se decide realizar el “Congreso para la Paz: Pueblos construyendo paz para la vida digna”.

El Congreso de los Pueblos constituye una apuesta horizontal de construcción colectiva donde se ha generado una gramática diferente, unos juegos de lenguaje adaptados a su forma de construir, de caminar: en lugar de hablar de foros hablan de mingas de pensamiento; en vez de hablar de moderadores y moderadoras de las asambleas, hablan de palabreras y palabreros, que en el saber ancestral son las personas que sirven como mediadoras, que hacen caminar la palabra.

Congreso para la Paz: Pueblos construyendo paz para la vida digna

Con este objetivo de construcción de mandatos y legislación popular se dieron cita miles de personas durante tres días, entre el sábado 20 y el lunes 22 de abril, en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá. Fue un encuentro en el que participaron personas indígenas, campesinas, afrodescendientes, estudiantes, trabajadoras, de todas las regiones del país, que estuvieron acompañadas por delegaciones de varios países de América, Europa y África.

Marylen Serna explica los objetivos de este encuentro: “Queremos entregar al país una propuesta de paz contundente; queremos generar un gran diálogo por la paz en Colombia, donde estén presentes FARC, ELN, gobierno y Congreso para la Paz; y queremos escribir una carta abierta por la paz que interpele a sectores económicos, políticos y sociales para que se comprometan en su construcción”.

La lluvia no quiso perderse el encuentro y exigió su papel protagonista, lo que motivó el aplazamiento del acto de instalación del Congreso a la mañana del sábado. El anfiteatro León de Greiff se llenó de canciones, consignas, música y gritos de esperanza y rebeldía. “¡Mandato, mandato, mandato popular, congreso de los pueblos luchando por la paz!”, un coro de miles de voces recibían la instalación del congreso con un emotivo acto en el que se sentía el calor y la fuerza del colectivo, el entusiasmo y la alegría de saberse construyendo un país diferente.

Fue necesario habilitar la megafonía en la plaza Che Guevara, plaza central de la universidad, para que las personas que no cabían en el auditorio pudieran escuchar y participar de la presentación, una plaza custodiada por dos grandes murales de las figuras del Che, quien da nombre a la plaza, y de Camilo Torres, que, presentes de forma simbólica, nos recordaban luchas de un pasado no tan lejano por unas ideas que hoy siguen igual de vigentes y que el Congreso para la Paz hace suyas también.

El acto comenzó con el himno de la Guardia Indígena, el del Coordinador Nacional Agrario, la Internacional y el himno colombiano. Tras unas palabras de apertura saludaron al Congreso representantes de organizaciones sociales, populares y políticas como el Polo Democrático Alternativo, Poder y Unidad Popular, Colombianos y Colombianas por la Paz, Unión Sindical Obrera, Central Unitaria de Trabajadores, Procesos de Comunidades Negras, País Común, Marcha Patriótica, así como personalidades representativas del Congreso de la República, la Alcaldía de Bogotá, el Parlamento Centroamericano, la Pastoral Social y delegados internacionales y nacionales.

Iván Cepeda, representante a la cámara, afirmó: “Le digo al gobierno de Santos: si queremos la paz hay que abandonar la mezquindad, no más minería que deje desierto Colombia, no más decir que están legislando para la paz mientras están creando el fuero penal militar, no más Tratados de Libre Comercio, no más compras de nuevas armas. Al ELN y al gobierno les digo que es necesario una gran mesa de negociación. A los movimientos políticos, partidos de izquierdas y organizaciones sociales, que es hora de la unidad, vamos a construir un nuevo poder del pueblo y para el pueblo”.

Tras la aclaración de que el Congreso de los Pueblos no ha tomado una definición de la coyuntura electoral, saludó al Congreso Feliciano Valencia, candidato del recién creado partido País Común, líder indígena y miembro del Congreso de los Pueblos: “Es hora de gobernarnos desde abajo, que el pueblo asuma la responsabilidad de construir el poder y gobernar con la gente en función de lo que la gente diga”.

Las intervenciones coincidieron en el llamado a la unidad de los distintos sectores de la izquierda así como la necesidad de abrir una mesa de diálogo con las insurgencias del ELN y el EPL. Las y los distintos representantes fueron saludando entre las consignas coreadas por las personas presentes, entre quienes se encontraba una nutrida representación venezolana que, al grito de “Chavez vive, la lucha sigue”, recordó la figura del fallecido presidente, respaldó la presidencia de Maduro y llamó a la unidad de los pueblos.

La tarde del sábado dio paso a las mesas temáticas de trabajo donde se recogieron las propuestas generadas en los anteriores encuentros locales y regionales y se ampliaron con otras nuevas. “Este Congreso es el resultado de un proceso de construcción horizontal, de n talleres, n foros, n congresos locales y regionales a través de los cuales se ha ido generando una escuela”, explica Juan Bautista.

A lo largo de las seis mesas temáticas se desarrollaron iniciativas que apuntan a una propuesta de país para la vida digna: “Economía propia”; “Política”; “Caminos de vida, justicia y paz”; “Tierra, territorio y soberanía”; “Cultura, identidad y ética de lo común” e “Internacional”.

Pero no solo en las mesas se compartieron reflexiones y vivencias, sino también en los espacios informales, alrededor de una olla popular, bajo una lona resguardándose de la lluvia, tras el sonido de una marimba o en los caminos que se cruzan en el constante movimiento entre las facultades y las carpas. Además, paralelamente, se dio un Congreso para la Paz de las niñas y los niños, reconociendo el papel que éstos juegan en el cambio social.

Apoyos internacionales

Antes de dar comienzo el Congreso para la Paz, se llevó a cabo un seminario internacional donde se congregaron representantes internacionales de movimientos sociales (como el MST de Brasil o el FPDS de Argentina), partidos políticos (entre ellos, IU y Sortu) y ONGD, así como representantes de la ONU, del Parlamento Andino o de la Asamblea de Ecuador y delegaciones de varios países de América Latina, Europa y África.

“El Congreso para la Paz los necesita, solas no podemos, necesitamos de la presencia internacional”, dice Berenice Celeyta, que forma parte de Nomadesc y del Congreso de los Pueblos. Tras los saludos de apoyo se realizaron paneles donde se dieron a conocer cómo fueron los procesos de paz de algunos territorios, mostrando cuáles fueron sus principales fortalezas y debilidades.

Entre las personas que vinieron a apoyar el proceso se encontraba Santiago Alba Rico: “Estoy aquí para recordar que este proceso de paz se inscribe en un proceso global de reordenamiento, no solo geoestratégico sino también de las fuerzas populares, porque no es posible seguir identificando capitalismo y democracia, capitalismo y ética, capitalismo y bienestar. Por lo tanto ese proceso de paz con la presencia de estos movimientos sociales y fuerzas que representan esa resistencia dignísima significa la única posibilidad que existe para este país pero también para el resto del mundo de construir una paz con dignidad, con justicia social y que supere el capitalismo”.

La paz va más allá del silenciamiento de las armas

Esta articulación de una propuesta social comunitaria para la paz, desde la base, desde las organizaciones sociales y populares, entiende la paz como un concepto amplio que apunte a la vida digna y la justicia social.

En este sentido, la paz no es entendida como la ausencia de conflicto, ya que los conflictos son inherentes a lo colectivo y las sociedades deben ser capaces de regularlos, de convivir con ellos o de darles salida. Tampoco hacen referencia solo a una paz subjetiva entendida esta como bienestar personal y actitud positiva que no genera cambios estructurales ni transformaciones sociales sino como una paz objetiva, estructural, que apunte a conseguir cambios sociales.

La paz tampoco es considerada solo como el silenciamiento de las armas. Se estima que, de todas las víctimas colombianas, entre el 10% y el 20% son causadas por grupos armados (guerrillas, militares y paramilitares). ¿Qué causa el resto? ¿La violencia estructural, la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades, el incrustamiento de tantas décadas de violencia en la vida de las personas que ha modificado las formas de relación, otras consecuencias generadas por el conflicto armado que no se consideran como tales? ¿Quizá una mezcla de todos estos factores? El hecho de que la mayor parte de las víctimas en Colombia no sean causadas por el conflicto armado obliga a ampliar la mirada y explica que el silenciamiento de las armas no es sinónimo de paz. Por ello, el Congreso para la Paz saluda los Diálogos de La Habana, considerándolo como un escenario necesario, pero no suficiente.

El Congreso de Paz se separa de la paz que desea el gobierno, que significa victoria militar e imposición del modelo neoliberal. Tampoco quieren la paz negativa, que separa el conflicto social del conflicto armado y que solo busca la ausencia del último. Apuntan a la construcción de una paz integral y transformadora, que implica abordar los problemas sustanciales de las comunidades, que pasa por discutir lo estructural para que el conflicto no se recicle, que construya poder popular, una paz que signifique salud, educación, alimentación, trabajo digno, que camine hacia una sociedad más justa e igualitaria. Una paz desde la acción, entendida como un derecho de los pueblos, y que se construya desde lo local con perspectiva de país. Una paz que no apunte solo a la superación del conflicto armado sino que permita terminar con la causa de fondo de la guerra: la estructura social desigual que responde a un proceso histórico. Una paz, en definitiva, integral, diversa, inclusiva, transformadora.

En este sentido, la paz no es considerada como un decreto ni un acuerdo. La paz es un proceso, que no comienza con el Congreso para la Paz sino que se viene desarrollando de mucho atrás “a través de experiencias de democracia directa y deliberativa, de justicia comunitaria, de soberanía alimentaria, de educación propia y popular, de salud espiritual y corporal, de economía distributiva, de planes de vida”, explica Alberto Castilla, vocero del Congreso para la Paz.

¿Quiénes construyen la paz?

“Discutir la paz para Colombia implica un diálogo a varias voces, en el que participen las comunidades, las organizaciones sociales y políticas, las insurgencias, el Estado, las iglesias, la comunidad internacional, los poderes económicos”, afirma Alberto Castilla. “Es necesario que la sociedad participe en la construcción de paz. Bienvenida la paz que cuenta con todas las voces, bienvenida la paz que está construida por todas y todos”, continúa: “Si el cese del conflicto armado requiere de consolidar una sociedad democrática, es necesario empezar por democratizar la búsqueda de la paz”.[1]

En este sentido, gran parte de los movimientos sociales y populares reivindican su participación en la construcción de paz. Si lo que quieren es cambiar la estructura sociopolítica desigual, quienes deben emprender el camino de la solución política deben ser todos los actores. Sin embargo, ¿por qué los movimientos sociales no están llamados a la mesa de negociación de La Habana entre las FARC y el gobierno? Algunas voces explican que solo negocia quien tiene la fuerza de imponer la negociación, quien tiene un acumulado de poder: “Los movimientos sociales constituyen un poder disperso que no han sabido expresar de forma organizada, no han realizado acciones contundentes que demuestren ese poder y por ello, no constituyen una fuerza que pueda imponer la negociación”. Por ello, espacios de articulación como el Congreso para la Paz se hacen más necesarios que nunca.

Con respecto al posible escenario de “post-conflicto” Alfredo Urbano, miembro del Instituto Nacional Sindical, afirma que “para el imaginario colectivo es difícil aventurar una situación de post-conflicto real por todas las implicaciones sociales, políticas y económicas que esto conllevaría. Toca ponerle bastante imaginación porque el conflicto está muy interiorizado. De seguro que habrá una transición larga hasta que se vean cambios significativos que nos hagan sentir que estamos en un momento diferente. Desde el Congreso para la Paz no consideramos el silenciamiento de las armas como una situación de post-conflicto, hay que resolver temas estructurales, el escenario de paz es a medio y largo plazo. Para el gobierno es pura propaganda decir que no hay conflicto una vez que las insurgencias dejen las armas”.

Plenaria y propuestas

Dicen que los viejitos indígenas se pusieron a soplar, y que fue gracias a esto que tras tres días de lluvia el cielo se despejó permitiendo que el sol secase las ropas, los ánimos y el cansancio, iluminando una plaza que se preparaba para el momento de la plenaria, para poner en común lo trabajado el día anterior. Las propuestas de mandatos bailaban alrededor del ambiente festivo que se vivía en la Plaza Che Guevara mientras la tarde iba cayendo.

En la declaración final del Congreso para la Paz se manifiestan algunas propuestas generales, entre las que destacan: la construcción de un modelo que pase de la economía de la acumulación a una economía distributiva que busque el bienestar de la población y que sea respetuosa con la naturaleza; que genere nuevas formas de gobernabilidad en los territorios; que transforme el modelo de justicia con el objetivo de garantizar los derechos de los pueblos partiendo de los mecanismos comunitarios y populares ya existentes; una reforma agraria que garantice la redistribución de la tierra y la pervivencia en el territorio. A esta declaración le acompañan propuestas concretas como pasos necesarios para ir construyendo un modelo de paz con vida digna y justicia social.[2]

“Queremos chicha, queremos maíz, multinacionales fuera del país”

Una de las principales reivindicaciones planteadas en la declaración final, y que más presente está en el sentir colectivo, es el rechazo a las multinacionales, como agentes que no solo obstaculizan la paz sino que además contribuyen a la guerra. Así nos lo explica German Bedoya del CNA: “Las multinacionales utilizan diferentes estrategias para vaciar nuestros territorios y apropiarse de nuestros bienes naturales. En primer lugar la presencia paramilitar, que ha generado masacres, ejecuciones, asesinatos, encarcelamientos y señalamientos. Esta guerra sucia se ha dado en las zonas con mayor concentración de solicitudes para la exploración y explotación de la AngloGold Ashanti, Pacific Rubiales y Oxy, entre otras. En segundo lugar, la militarización de los territorios en un proceso de pacificación como estrategia del gobierno donde se controla la vida cotidiana y donde se implementan planes de aparente asistencia social. En tercer lugar la creación de aparentes organizaciones sociales que son a quienes el gobierno consulta ignorando las que históricamente venimos resistiendo en los territorios y dividiendo el tejido organizativo y ancestral. En cuarto lugar la guerra biológica a través de fumigaciones con glifosato, con el pretexto de acabar con los cultivos de coca pero que terminan con los cultivos de las poblaciones locales que por hambre tienen que abandonar sus tierras. Por último utilizan la estrategia de la legalidad como en el caso de la minería artesanal que es considerada ilegal frente a los permisos de los que disponen las multinacionales”.

Sin embargo, a pesar de estar obstaculizando la paz, a las multinacionales también les interesa que las insurgencias se desmovilicen: “Las multinacionales han encontrado obstáculos para explotar nuestros bienes naturales, por un lado la resistencia de algunas poblaciones y por otra parte la presencia de la insurgencia que en determinados momentos ha jugado un papel para contener la entrada de estas empresas”, continúa.

“Frente a esto nosotros nos organizamos, denunciamos y construimos nuestros propios planes de vida, planes de vida comunitarios que pretenden construir otro modelo de desarrollo desde lo local, en armonía con la madre tierra y con la participación de todas y todos. Desde el Congreso de los Pueblos le apostamos al fortalecimiento de experiencias como ésta con mirada de país”, concluye.

Nada dijeron los grandes medios

Los principales medios de comunicación de Colombia apenas dijeron nada sobre el importante esfuerzo realizado por el Congreso de los Pueblos encaminado a crear las condiciones reales para la búsqueda de una paz que contenga auténticas transformaciones sociales, por un país distinto, por la inclusión real y efectiva en la vida, la riqueza y la política del país de indígenas, afrodescendientes, campesinos, trabajadores, académicos, religiosos, mujeres, jóvenes, niños y niñas.

El mandato popular del Congreso para la Paz fue entregado finalmente en el panel “Diálogo Nacional de Paz”, que contó con la participación de tres voceros del Congreso de los Pueblos y la intervención de las guerrillas de las FARC, EPL y ELN, que no estuvieron físicamente pero enviaron mensajes y saludos —el ELN propuso una “convención nacional, como mecanismo democrático de encuentro y participación popular, donde las mayorías se expresen y legislen”—, así como con la presencia destacada de Todd Howland, representante en Colombia de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Aunque también fue convocado el gobierno colombiano, a través del ministerio del Interior, no asistió a esta mesa final del encuentro porque queda claro que, en las cuestiones relativas a la consecución de la paz, la iniciativa la tiene exclusivamente la delegación del ejecutivo encargada de ello.

En la última jornada del Congreso para la Paz, un río de gentes provenientes de todas las regiones, más de veinte mil personas, marcharon desde la Universidad Nacional, tras haberse encontrado y deliberado allí durante tres días, hasta la plaza de Bolívar y con gran entusiasmo presentaron la Agenda para la Paz. Esta agenda tiene carácter de mandato popular y el Congreso de los Pueblos la respalda y la asume, y hará que se cumpla a través de un desarrollo creciente de la iniciativa y la incidencia política. La movilización por el centro de Bogotá con la que concluyó el encuentro terminó con una carta pública y una declaración política que tienen un mensaje claro: la paz necesita la participación ciudadana y no puede ser sólo un acuerdo que se firma para parar la guerra.

A modo de conclusión

Si tuviéramos que quedarnos con una sola imagen de este Congreso, sería las de las compañeras y compañeros que consiguieron dar de comer a las miles de personas que allí estábamos en unas condiciones que solo pueden generar admiración: haciendo el fuego con el suelo y la leña mojados.

Lo que nos muestra, una vez más, la capacidad que este pueblo tiene de superar las adversidades, de construir esperanza sobre el barro, de compartir desde la alegría y la dignidad, de seguir caminando cuando parece que todo está perdido.


Marta González, Pablo Fonte y Blanca Valencia. Bogotá, 23 de abril de 2013

Fuente: www.pazcondignidad.org.


Notas:

  1. Declaración final del Congreso para la Paz.
  2. Resumen de algunas propuestas de la Declaración Final del Congreso para la Paz, disponible aquí.

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