Guatemala: el valor reparador de una hoja de papel

Regularmente, se escuchan al otro lado del muro los disparos del campo de tiro de la policía. Estamos en el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN), zona 6 de la Ciudad de Guatemala. El fondo documental, que desenmascara el papel represivo de la policía guatemalteca desde 1882 a 1997, se descubrió nueve años después de la firma de los acuerdos de paz (1996). El hallazgo fue fortuito.

En julio de 2005, personal de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) descubrió 80 millones de folios, cuando se disponía a verificar si había explosivos en el edificio. Muchos de esos documentos hacían referencia al conflicto armado que vivió el país entre 1960 y 1996. Durante ocho años, el Estado había negado la existencia de cualquier documento policial. Alberto Fuentes, miembro del equipo directivo del AHPN, afirma que fue el propio Estado quien, ante las solicitudes de documentación para investigaciones, escondió el archivo en el edificio abandonado.

Para salvaguardar todos los documentos, él y Gustavo Meoño, actual presidente del archivo, junto a otros activistas, decidieron quedarse en el lugar, que también había servido de cárcel secreta. Mientras, el entonces Ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, declaraba: “¿Por qué perder el tiempo con este montón de papeles viejos?”. El montón de papeles viejos a que se refería ha permitido años después llevar a cabo 53 procesos judiciales por desapariciones forzosas y ejecuciones extrajudiciales. También ha posibilitado que muchos familiares de desaparecidos encuentren algún rastro de sus seres queridos.

La ingente cantidad de papeles que encontraron mohosos, con plagas, desordenados y abandonados hoy conforman el archivo más grande de América Latina. No sólo representan un patrimonio documental histórico incalculable, sino que contienen un valor jurídico y reparador más incalculable aún. Fuentes recuerda el caso de una mujer que acudió al archivo en busca de algún rastro de su hijo. Sólo pudieron localizar su ficha de detención. Cuando se disculparon por lo que creían un insignificante hallazgo, la mujer echó a llorar. Aquel minúsculo trozo de papel demostraba que su hijo había existido, algo que las autoridades le habían negado durante años.

Pese a que el actual presidente del país es el ex militar Otto Pérez Molina, el archivo continua trabajando. Según sus responsables existen dos factores determinantes: todo el apoyo económico proviene de la cooperación internacional y muchos de los documentos ya se encuentran accesibles en la red a través de la Universidad de Texas. Gobierne quien gobierne, uno de los espacios donde se practicó la cultura de la muerte, ya es un espacio de conciencia, justicia y reparación.


Fuente: Periodismo Humano. Después de la paz.


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