Varios movimientos sociales respaldan los diálogos del gobierno de Colombia y las FARC aunque los consideran limitados en cuanto a los temas de debate y a los interlocutores

El Congreso de los Pueblos exige apertura a las negociaciones de paz de La Habana

De abajo arriba. Desde lo local a lo nacional.Y a lo largo y ancho de Colombia. El Congreso de los Pueblosreivindica por doquier el fin de la guerra sin conformarse con la afonía de los fusiles. Quieren avanzar en la solución definitiva a los desequilibrios sociales que sufren los empobrecidos y los excluidos del bienestar.Como en un tablero de ajedrez, el Congreso se mueve de casilla en casilla, hasta ahora con blancas. La acción corta con la mirada larga, hacia adelante y hacia atrás.

Cientos de personas de diferentes organizaciones y sectores populares colombianos protagonizanestos días hasta siete encuentros regionales para la paz,a modo de un recital de voces y opiniones orquestadas bajo formato asambleario y participativo:Sur-Occidente (15-17 de marzo en Popayán), Centro (16-17 de marzo en Bogotá), Centro Occidente (16-17 de marzo en Medellín), Magdalena Medio (16-17 de marzo en Barrancabermeja), Nor-Oriente (19-21 de marzo en Teorama), Centro-Oriente (23 de marzo en Villavicencio) y Costa Caribe (5-6 de abril en Barranquilla).

El Congreso de los Pueblos respalda los diálogos de paz de La Habana (Cuba) entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), así como los que puedan tener lugar con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el EPL (Ejército Popular de Liberación). Pero los considera insuficientes tanto por su limitación temática como por su exclusividad dialogística. Consideran que discutir la paz en Colombia exige un debatemúltiple entre las comunidades, las insurgencias, el Estado, los poderes económicos, los eclesiásticos y la comunidad internacional.

“La Habana es un escenario que saludamos pues la paz política y negociada es importante para que cese la guerra. Sin embargo, los diálogos que se están produciendo son conversaciones bilaterales donde falta la palabra de la sociedad civil. Se están tocando temas estructurales trascendentales que pueden llevar al desarme, pero nos pueden dejar otro conflicto mucho más difícil de resolver”, explica Aída Quilcué, una de las líderes indígenas más reconocidas en Colombia.

Su posición frente a la mesa de diálogo entre el Gobierno y las FARC es clara: es un avance significativo en la construcción de paz y por eso presionará para que el esfuerzo no desfallezca. Pero este espacio no le representa y es limitado. “Por un lado, porque la paz es un derecho de los pueblos y por lo tanto el pueblo debe participar en su construcción; por otro, porque los puntos de negociación no recogen todos los elementos necesarios para la construcción de una paz integral. Un ejemplo concreto es la ausencia de la discusión sobre el modelo económico”, explica otro de los congresistas presente en Popayán, la capital del departamento del Cauca.

Convertir las negociaciones bilaterales en multilaterales, según subrayó la plenaria del Congreso del Sur-Occidente, pasa por tres iniciativas y un supuesto compartido: que el Congreso de los Pueblos gane presencia política. La primera de las partidas se juega en el tablero de la Ruta Social Común para la Paz, iniciativa presentada a finales de 2012 con el objetivo de encontrar una sola agenda a favor de la solución política negociada. El segundo escenario implica que los protagonistas de La Habana acudan al Congreso Nacional de Paz para presentar un informe del estado de la negociación y que, al mismo tiempo, tanto el Gobierno como el ELN expresen su voluntad de sentarse a la mesa escuchando igualmente la voz de los pueblos. La tercera jugada es teóricamente la más dilatada, pues implica que las FARC y el Gobierno sigan su proceso hasta llegar a una agenda social y política, lo mismo que harían, cada uno por su lado, el ELN y el Congreso de los Pueblos, hasta encontrarse todos en un punto todavía incierto.

Paro nacional contra las transnacionales

Los diferentes líderes y congresistas consultados coinciden en dos aspectos clave. Primero, que “el enemigo es muy fuerte y por eso hay que fortalecer el trabajo de base, con escenarios de construcción y espacios de propuestas”. Y segundo, que existe la voluntad de realizar a lo largo de este 2013 una acción conjunta y contundente en el ámbito nacional, como podría ser un paro nacional en contra de las transnacionales; lo corroboró el congreso regional de Sur-Occidente con uno de los aplausos más sonoros de la plenaria final.

Y es que, la paz que plantean estos días los movimientos incluidos en el Congreso de los Pueblos no se conforma con la desmovilización de la guerrilla. Así lo resumía uno de los comunicados leídos en Popayán: “Nuestra paz no consiste en aceptar que las nuevas y viejas formas de acumulación del capitalismo se afiancen con la complacencia de los actores de la guerra. Está relacionada con la solución de grandes problemas estructurales del país. Requiere que desarrollemos un nuevo y propio modelo de buen vivir. Tiene que ver con la tierra, el territorio, la autonomía, el bienestar, el autogobierno, el respeto a la vida y a la dignidad de los demás, la vida digna con los seres del mundo naturaly el fortalecimiento de nuestras culturas.Tiene que ver con la definición de unas acciones claras que enfrenten el modelo de despojo que se ejecuta en alianza entre el Estado y las transnacionales. Tiene que ver con una política antidroga que no criminalice a los cultivadores de coca ni amapola”.

Indígenas, afros, jóvenes, estudiantes y campesinos, mujeres, sindicalistas, académicos e investigadores, víctimas del conflicto armado y una larga letanía de individuos y colectivos abrazan la paz como un anhelo que exige el esfuerzo conjunto de todos los yos individuales. “Somos semillas de un nuevo modelo en el que lo más importante sean las personas y sus derechos, la participación directa y la verdadera democracia. Somos sembradores de una sociedad sostenible y equitativa. Impulsamos un país en el que la diversidad sea respetada y escuchada, y en la que las personas y las comunidades vivamos armónicamente con la Madre Tierra. Un proceso de paz debe solucionar el problema de la tenencia de la tierra, garantizar territorios a las familias campesinas y reconocerles como sujetos de derechos”, afirman desde el Coordinador Nacional Agrario (CNA).

Las mujeres protestan en Popayán

El Congreso regional de Paz del Sur-Occidente atrajo a cerca de un millar de participantes, que debatieron en torno a seis mesas temáticas: unidad, conflictos interétnicos e intersectoriales; conflictosurbanos; tenencia de la tierra y su explotación; economías extractivas; narcotráfico y sustitución de cultivos; y conflicto armado. No hubo una mesa específica para ni sobre las mujeres, pues la idea era que el debate de género tuviera una presencia transversal en todos y cada uno de los debates.

“Las mujeres tenemos muchas cosas que decir. Tenemos que revisarnos internamente y por eso hago una crítica al movimiento social, por el abandono a nosotras como mujeres. Nosotras también estamos al frente de la minería, del paro cafetero… pero no somos vistas como sujetas de derecho. Es precisamente como nos ve este modelo de dominación mundial. En este mismo espacio todavía falta mucho por construir. A muchas de las mujeres que vinimos a este congreso les trajeron para cocinar porque los hombres no han aprendido todavía. Hay que empezar a cambiar esas actitudes, porque en ese desconocimiento nos podemos estar alejando de la paz”, denunció a viva voz Duby Ordóñez, del CIMA (Comité de Integración del Macizo Colombiano)-CNA. El moderador de la mesa recuperó la palabra con un “lo de la cocina es porque lo hacen muy bien”. Y las mesas siguieron debatiendo.

El Congreso regional del Sur-Occidente rechazó “de manera contundente el modelo de desarrollo que se fundamenta en la explotación y extracción de nuestros recursos minero-energéticos e hidrológicos, por ser un modelo de muerte que transgrede los derechos de los pueblos y afecta a las relaciones políticas, sociales y culturales tejidas durante décadas en nuestros territorios. Rechazamos el andamiaje establecido por el Gobierno y el capital transnacional para garantizar su dominación sobre nuestros territorios a través de tres estrategias: la estrategia militar, la legislación nacional y la política de la responsabilidad social empresarial”.

Este mismo congreso hizo tambiénsuya la movilización por la paz convocada para el 9 de abril, llamado a ser el mes por la paz. “La solución política es inaplazable y aspira a que en las mesas de diálogo se llegue a acuerdos”, insistieron, alertando de que “mientras se avanza en el diálogo se retrocede en la política pública con medidas que van en detrimento de la población”.

El próximo gran movimiento de esta partida de ajedrez que dura ya más de 60 años se llama Congreso Nacional para la Paz y está previsto para el 19, 20, 21 y 22 de abril en la capital. Son conscientes de que la partida será larga, pero no descartan que el de Bogotá sea el jaque definitivo desde el que construir la paz “integral, incluyente, transformadora y diversa. La paz es la ruta que traemos los pueblos, no se construye en ocho o nueve meses de diálogo. La paz no es sentarse en otro país hermano a hablar del conflicto. Es discutir sobre otros muchos temas. Es importante ver la paz desde abajo y desde dentro. La paz se construye en los territorios, en las veredas donde están combatiendo nuestros compañeros”, concluye la defensora de derechos humanos Berenice Celeyta.

Lo corroboró Feliciano Valencia, uno de los dirigentes indígenas del Congreso de los Pueblos: “Tenemos agendas, tenemos acumulados, tenemos propuestas. En 2008 se empieza a dar esta confluencia de agendas, por primera vez se empieza a precisar y ver con más contundencia un ejercicio de acercamiento de procesos y asociaciones sociales. Ponemos a jugar esos sueños y esas aspiraciones más allá de las organizaciones a las que pertenecemos. Antes Gobierno y guerrilla se sentaran a hablar de la paz que ellos están pensando nosotros ya teníamos una agenda de paz. El escenario es interétnico, intercultural e intersectorial, y tanto urbano como rural.”.

Mientras esto sucede en el allende y el aquende colombiano, de abajo arriba y a lo largo y ancho del país, en la capital cubana, en el Congreso y en las diferentes casillas con representación política los diálogos de paz siguen siendo cosa de dos, el Gobierno y las FARC, que juegan con negras.


J. Marcos es un (foto)periodista que trabaja con Paz con Dignidad. www.desplazados.org.

Popayán (Colombia), marzo de 2013.


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