Colombia

Seamos la generación de la paz

Tengo 25 años y soy colombiana. He vivido toda mi vida, un cuarto de siglo, en un país en guerra, un conflicto que ha durado más de tres generaciones. Desde que se anunció el actual proceso de diálogo entre el gobierno y las FARC y los posibles acercamientos con el ELN, he seguido estas noticias con interés. Esto me ha generado sin sabores y todo tipo de sentimientos: unos días quedo interesada, otros preocupada, escéptica, reanimada, intrigada, decepcionada, esperanzada y a veces frustrada. En el fondo, no pierdo la esperanza en la posibilidad de una política distinta en el país.

Esta semana ando positiva, todos hemos escuchado que el proceso de diálogo está teniendo resultados. Hay señales evidentes de que el proceso de negociación entre las FARC y el gobierno está avanzando. Las dos partes de la mesa, los delegados del gobierno y los de las FARC han dado señas de que así es. En la carta que Timochenko envió al presidente Santos acepta por primera vez que ha habido importantes avances en la Habana. Iván Márquez reveló que se han “construido dos o más cuartillas de acuerdos” con el gobierno. Los voceros del gobierno también han reconocido los avances, el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, ha dicho: “Estamos en esto para cerrar un acuerdo que conduzca a la terminación del conflicto. Y mientras ese acuerdo se construya a un ritmo razonable, que es lo que está pasando ahora, podrán hacer todo el ruido que quieran, aquí nos mantendremos optimistas”. El hecho de que se instalará la mesa de negociación está creando un clima de confianza para disipar los más de 50 años de desconfianza y guerra. Además de la aspiración de que próximamente se conozcan avances en la intención de entablar una mesa de diálogo con el ELN.

Pocos jóvenes saben que en la Habana hay avances en dos temas claves: lo agrario y la participación política. El tema agrario se estaría pactando próximamente. Los acuerdos en materia de tierras estarían enfocados fundamentalmente en generar una suerte de figura de autonomía territorial que se estaría implementando los próximo diez años; en los primeros cinco se privilegiarían las zonas de reserva campesina, lo que aún se discute es cuáles serían los mecanismos de refrendación del proceso.

Los avances en la participación política son interesantes, a pesar de que Santos ha dicho que los cabecillas de las FARC no tendrían participación de ningún tipo. Por su parte Iván Marquéz ha dicho: “Deseo hacer política de manera abierta y legal”. El lunes 4 de marzo una delegación del Congreso viajó a la Habana, Cuba, para discutir con los negociadores sobre los temas de paz, tierras, víctimas y la posibilidad de su participación política. La delegación, autorizada por el presidente Juan Manuel Santos, está integrada por Roy Barreras, Gloria Inés Ramírez, Alfonso Prada, Guillermo Rivera, Iván Cepeda y Juan Mario Laserna. Entre otras cosas, se comenta que el objetivo de la visita es explorar diferentes alternativas para que las FARC participen en política. Eso muestra que es una posibilidad real pensar su participación en la vida política del país.

Pero todos sabemos muy bien que hay enemigos de la salida política al conflicto, cuya cabeza visible es Uribe pero detrás están sectores importantes de poder político-económico y sus intereses. Por ello la importancia de acompañar la mesa de negociación, de exigirles a las dos partes que no se paren de la mesa, que se firme la paz. La paz requiere del apoyo decidido de loas colombianoas en su construcción. El acuerdo que salga de las mesas debe contar con el apoyo de todoas, y la construcción de la paz va más allá de lo que resulte en la Habana. La paz no saldrá de la mesa de dialogo, nos corresponde construirla.

Como jóvenes debemos acompañar las iniciativas que en este momento se desarrollan pensando en la construcción de un amplio movimiento social por la paz. En el mes de abril se realizarán en Bogotá dos iniciativas importantes. La primera, es la movilización del próximo 9 de abril, porque la paz depende de la movilización social, exigiendo a ambas partes que se mantengan los diálogos de la Habana y se abran escenarios de dialogo con todas las otras insurgencias. Para el 9 de abril se está preparando una gran movilización social y política por la paz, por la democracia y por la defensa de lo público cuya aspiración es rebozar la Plaza de Bolívar. Pero además rememorar el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y también conmemorar el 9 de abril como el día institucional de las víctimas[1].

La segunda, es aportar a la construcción de una propuesta de país en paz en el Congreso para la Paz a realizarse del 19 al 22 de abril en Bogotá. Además de la movilización se necesita la concreción de proyectos e ideas, un escenario hecho con y desde las delegaciones y organizaciones regionales de todo el país, donde se cimiente un mandato desde sus luchas y sus dinámicas organizativas y desde la movilización. Se trata de un proceso para sintonizar las distintas iniciativas sociales, afianzar hermanamientos a través de la acción y el pensamiento, elaborar propósitos comunes y, ante todo, abonar colectivamente la posibilidad de un país digno y justo. Un escenario primordial de ese Congreso Nacional de Paz serán los congresos regionales preparatorios donde se trabajará la propuesta local desde las especificidades, para potenciar y territorializar la paz.

No se puede negar la importancia de la negociación que se está llevando a cabo en la Habana. El movimiento social y popular se debe convertir en parte activa y permanente de la construcción de paz y de la solución política del conflicto social y armado que vive el país. Son también substanciales los escenarios de articulación, como la Ruta Social Común para la Paz donde diversos sectores y organizaciones sociales encuentran una posibilidad de contribución a la construcción de la paz en conjunto.

En general hay un gran escepticismo en la sociedad colombiana sobre la posibilidad de la salida política al conflicto. Sé que en este escrito soy excesivamente positiva, que los posibles acuerdos que se han alcanzado y los pequeños avances son extremadamente frágiles, que un paso en falso de cualquiera de las partes puede desestabilizarlos y llevar al traste todo el proceso, pero esta es mi semana de estar positiva, ya vendrán otras para preocuparse, por ahora mantengo la esperanza y espero que muchos nos sumemos a esa apuesta, para que no le dejemos la paz a los enemigos de la paz.

Pero además porque es el momento de la solución política, la guerra ha tenido demasiados costos humanos y los jóvenes y las mujeres hemos sido unas de las principales afectadas, nos corresponde construir la paz. Reconozco las significativas luchas que se han dado en nuestro país, importantes personajes y procesos políticos. Rememoro las historias de vida que han apostado a hacer transformaciones en el país, quiero ser heredera de sus apuestas. Pero no quiero ser heredera del sectarismo y el odio ni del personalismo y el machismo que ha marcado la política colombiana, ¡quiero ser heredera de la fuerza que impulsa el cambio, la transformación como apuesta y camino, quiero construir nuevas formas de hacer política! Sé que muchos de mi generación piensan lo mismo, lo veo en muchos jóvenes que están construyendo las movilizaciones de abril y además en el intercambio epistolar entre José Antequera hijo de Antequera y José Uscátegui, hijo del General Uscategui. Pero también me duele ver a jóvenes urbanos que son apáticos a su país y a la guerra, espero también que esos jóvenes puedan encontrar unas apuestas de país en paz, que se sumen a este sueño. En un país con más de 50 años de muerte, sangre de todos los bandos y despojos, aspiro a que mi generación sea la de la construcción de la paz y de un país para la vida digna ¿Hacemos un pacto generacional por una política distinta y por la paz?


Fuente: Palabras al Margen, Colombia, 15/03/2013.


NOTAS:

[1] Con la aprobación de la Ley de Víctimas el 9 de abril fue denominado como el “Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas”. Tristemente el año pasado en el homenaje que se hizo a las víctimas en el congreso de la república se notó la ausencia de gran parte de los congresistas. En esta coyuntura es importante no perder la vista las reivindicaciones que exigen las victimas en Colombia como justicia, reparación integral, verdad, pues son parte de la construcción de la paz en Colombia.


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