Las ONG vascas ante el nuevo contexto. Rearme ideológico y compromiso militante

Vivimos un momento de extrañeza e incertidumbre. Un tiempo que, enredadas en la urgencia de lo cotidiano durante muchos años, no habíamos sido capaces de vislumbrar, siquiera intuir.

El proyecto neoliberal, de carácter totalitario, ha hegemonizado todas las dimensiones de la vida social, cultural, económica y política. La colonización de los pensamientos, las actitudes, los valores y la moral ha encontrado en la crisis global su particular palanca con la que mover el mundo. El deterioro de la actividad económica ha generado las condiciones objetivas para imponer la versión más radical de un sistema inhumano. Este cambio de paradigma ha afectado a todas las políticas públicas, incluida la cooperación al desarrollo. Más allá de los graves recortes presupuestarios, que son una manifestación más de la contrarrevolución conservadora, la transformación del modelo constituye una retroceso frente a todos los avances alcanzados en la última década. La experiencia atesorada, la profesionalización de los cuadros técnicos y políticos, los espacios conquistados por las organizaciones progresistas, la centralidad de los movimientos sociales globales, etc., es nuestra riqueza y el equipaje con el que transitar este complejo tiempo, construyendo una respuesta global a una crisis global.

El Gobierno Vasco ha lanzado unos presupuestos para 2013 que, de confirmarse lo relativo a la cooperación al desarrollo, no hace sino replicar dicho modelo, olvidando una de las señas de identidad del pueblo vasco: su vocación internacionalista y su solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo.

El recorte presupuestario no supone un 36% sobre las cuentas de 2012, tal y como se pretende hacer creer, sino un 100%. Los compromisos legales relativos al pago de proyectos plurianuales de convocatorias de años anteriores, son superiores a la partida destinada a tal fin en los presupuestos de 2013. Posibles componendas y arreglos estéticos que permitan publicar una convocatoria raquítica de FOCAD en 2013, sin añadir un solo euro al presupuesto y a costa de dilatar pagos ya comprometidos, no son sino una cortina de humo que no consigue ocultar la esencia de los hechos.

Esta incomprensible medida, contraria a la tradición solidaria del pueblo vasco, tiene un impacto catastrófico en las comunidades, pueblos y organizaciones del Sur a los que la sociedad civil de este país ha venido acompañando técnica y políticamente en sus procesos de liberación y de construcción de nuevas realidades. El abandono y la dejación de los compromisos adquiridos solo genera confusión, pone en duda la fiabilidad política de las instituciones públicas y la administración autonómica y echa en saco roto los recursos económicos, técnicos y humanos puestos al servicio de estas justas causas durante muchos años.

En la articulación de esta política pública de cooperación, las ONG han jugado un papel determinante, vertebrando su diseño, formulación, implementación y evaluación. Por este motivo, las ONG tenemos la obligación de ofrecer alternativas ética y políticamente irreprochables a esta situación.

El cambio de paradigma descrito nos empuja a una revisión en profundidad de los modelos organizativos de los que las ONG nos habíamos dotado. Los años de bonanza económica han permitido la creación de estructuras que, si bien eran necesarias y funcionales a un determinado modelo, se han demostrado completamente insostenibles cuando la ideología dominante ha visto modificadas sus bases objetivas.

Partiendo de esta premisa, las ONG tenemos que asumir el carácter instrumental y coyuntural de nuestra capacidad para mantener un número determinado de personas liberadas. Como militantes de organizaciones solidarias con los pueblos del Sur, debemos resituar el eje del debate en la importancia del esfuerzo colectivo que, como sociedad, debemos hacer para contribuir a la construcción de un mundo más justo y donde las relaciones internacionales busquen el bienestar social y económico de los pueblos y para los pueblos.

Independientemente de la dimensión de las estructuras que sean necesarias para desarrollar nuestro compromiso político y solidario, las ONG debemos reafirmar nuestra voluntad de continuar llevándolo a cabo. Es urgente fortalecer y profundizar el valor de la militancia, entendida como la subordinación de nuestros intereses particulares a los de los colectivos a los que apoyamos.

Por todo ello, es imprescindible un rearme ideológico que nutra nuestra praxis como organizaciones. De la solidez, coherencia y firmeza de nuestras posiciones políticas y de su transmisión al resto de la sociedad, podremos crear los cimientos éticos sobre los que construir nuevas realidades organizativas con las que continuar nuestra misión solidaria e internacionalista.


Paul Nicholson (EHNE Bizkaia), Iñaki Markiegi (Mundubat) y Gustavo Duch (Revista Soberanía Alimentaria). Firman también este artículo: Fernando Fernández (responsable de Soberanía Alimentaria de Fundación Mundubat), Antonio Montoro (codirector Fundación Mundubat) y Jerónimo Aguado (Plataforma Rural).

Fuente: Naiz, opinión, 08/03/2012.


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