El vínculo entre el vudú y el delito de trata

Uno de los rasgos distintivos (y más exóticos) de las redes africanas de trata de mujeres es su vínculo con rituales vudú. Se suele afirmar que éste juega un papel esencial como medio de coacción para obligar a las mujeres a prostituirse, aunque en realidad poco se sabe sobre la manera en la que la trata y el vudú están conectados. Apuntar al vudú como elemento coercitivo en el delito de trata es, por tanto, una manera sencilla de presentar un complejo sistema de abusos basado en la creencia religiosa de las víctimas, además de ser una formulación errónea, ya que se engloban bajo el término “vudú” prácticas dispares que exigen ser diferenciadas.
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Ilustración: María José Comendeiro.

En primer lugar es necesario distinguir entre la religión vudún y los juramentos rituales.La religión vudún es una religión tradicional africana animista que basa su creencia en la existencia de un mundo invisible conectado con el mundo visible[1]. Esta religión se practica principalmente en África del Oeste, concretamente en Benín, Togo, Ghana y Nigeria, de donde proceden la mayoría de mujeres africanas víctimas de trata en Europa.

El juramento ritual es una práctica derivada de esta creencia. Victoria Nwogu, especialista en programas de género y migración en el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) – Nigeria, explica bien las diferencias entre vudún y juramentos rituales[2]: “el vudún es una creencia que incluye los juramentos rituales en sus prácticas mientras que un juramento ritual es un sello sobre un acuerdo a través de rituales que vinculan las partes del cuerpo a los términos del acuerdo bajo pena de represalias sobrenaturales.”

Mediante estos juramentos rituales se fortalece el vínculo entre los tratantes y las víctimas de trata. El tratante se compromete a organizar el viaje y prefinanciar los gastos derivados del mismo mientras que las mujeres prometen obediencia al tratante, pagar la deuda y no acudir a la policía ni delatar a los tratantes.

Por tanto, no es la religión vudún la que provoca víctimas de la trata, sino que algunos elementos de esa creencia son utilizados para asegurarse el control de las mujeres y la devolución del dinero de la deuda contraída.

La ceremonia que acompaña los juramentos rituales

Los juramentos se realizan durante una ceremonia que tiene como objetivo sellar los términos del pacto entre el tratante y la mujer, así como ofrecer a esta última seguridad en el viaje y éxito haciéndola irresistible para los clientes. En ocasiones también se ofrece protección a las víctimas contra las autoridades migratorias… y contra el VIH/SIDA[3].

Cada ceremonia es particular, si bien todas siguen determinadas pautas. Un elemento esencial es el uso de partes corpóreas de la víctima, generalmente uñas, cabello, pelo de las axilas y pelo púbico, así como sudor, sangre o sangre de la menstruación de la persona que realiza el juramento y de un ser querido, generalmente una hermana o la madre.

Con estas extracciones y alguna prenda íntima de las mujeres se forma un pequeño paquete que queda en custodia de la persona que ha realizado el ritual o los traficantes hasta que la víctima pague la deuda. A menudo estos paquetes van acompañados de otros materiales como polvos, piezas de metal del dios Ogun[4] o jabón[5]. En ocasiones el pacto se reactualiza en Europa para fortalecer el vínculo con la madame. En todo caso, si en el lugar de destino la víctima es vendida a otro tratante, el pacto ha de rehacerse.

¿Romper el juramento? Las consecuencias

Las consecuencias de no cumplir el juramento son perjudiciales tanto para las mujeres como para sus seres queridos, especialmente para aquella persona que se ha sometido junto a ella al pacto. Pesa sobre ellas la amenaza de desgracias, enfermedades, pérdida de la razón, locura o muerte. Como afirma una de las víctimas[6] “aquellas que no cumplan el pacto andarán sin sentido en la vida, como una serpiente que se arrastra”.

Debido a la fuerte creencia en el efecto de estos juramentos, todas las desgracias o problemas que puedan surgir a la víctima tras su ruptura se vinculan a la maldición de éste. Las mujeres se consideran en muchas ocasiones responsables y merecedoras de esos castigos por haber roto el juramento. Todo ello refuerza la creencia en la fuerza del juramento ritual en el resto de víctimas que son testigo de las consecuencias negativas derivadas del incumplimiento del pacto.

En todo caso, el fuerte vínculo de estos juramentos rituales no se basa únicamente en las desgracias que puedan sobrevenir por causa de la ruptura del mismo, sino también en el fuerte significado de los mismos en el ámbito familiar y de la comunidad: el pacto no sólo vincula a la persona en un nivel mágico-religioso sino también a nivel social, por lo que no respetarlo constituye un elemento de deshonor[7].

Neutralizar el juramento ritual

El apoyo a las víctimas de trata que han realizado estos juramentos rituales es extremadamente difícil, lo que supone nuevos desafíos para la policía e instituciones que trabajan en la lucha contra este tipo de redes, así como para las organizaciones y asociaciones que ofrecen protección a las víctimas.

El primer gran problema es la falta de información sobre las redes africanas en general y, más concretamente, sobre la creencia en vudún y la práctica de los juramentos rituales y su papel en la trata. Las informaciones que se ofrecen en distintos informes, documentos y artículos tanto periodísticos como académicos difieren enormemente en algunos casos, siendo contradictorias en ocasiones.

Un segundo problema es que nuestras normas y mentalidad se mueven en un ámbito diferente al que se sitúa la creencia en el vudún[8], lo que provoca graves problemas tanto para aproximarse a las víctimas y ofrecerles protección como para lograr su intervención como testigos o al menos informantes sobre las actuaciones de las redes.

Las víctimas se ven confrontadas a múltiples problemas a la hora de hablar sobre su situación. Han de encontrar, en primer lugar, la manera de explicar con palabras algo que no puede ser exteriorizado con todo su significado. Han de compartir esos sentimientos con personas ajenas a su cultura (y en el ámbito policial), que no comprenden este tipo de pactos ni creencias[9]. Al mismo tiempo, han de vencer sus miedos internos sobre las consecuencias que pueden desencadenarse tras la ruptura del juramento.

Por el momento el antídoto más eficaz contra estos abusos derivados de una creencia religiosa se encuentran en el propio ámbito religioso. La intervención de autoridades religiosas, la fe y la pertenencia a una comunidad son elementos esenciales para tranquilizar a las víctimas.

La intervención de mediadoras y antiguas víctimas de trata es también una herramienta eficaz. En Alemania en alguna ocasión el hecho de que la víctima pensara que la policía ya tenía toda la información sobre el tratante facilitó la interposición de una denuncia, ya que, en su opinión, el pacto no se rompía porque la policía ya tenía toda esa información en su poder.

Los juramentos rituales, ¿un medio de coacción?

El juramento ritual no es tanto un medio de coacción como la base de la relación de reciprocidad que se crea entre víctimas y tratantes, lo que constituye la fuerza de las redes de trata africanas[10]. Además, la protección frente al juramento ritual sólo es posible dentro del círculo entre víctima-tratante, lo que incrementa la identificación de la víctima con el tratante para reducir el miedo[11]. Por otra parte, la efectividad del juramento se refuerza por el hecho de que la deuda pueda llegar a ser pagada y ser así liberadas, así como por la expectativa de movilidad en la organización de trata (la posibilidad de llegar a ser supervisoras), que supone un fuerte incentivo para cumplir el juramento[12].

Generalmente las mujeres participan voluntariamente en las ceremonias donde se realizan los juramentos y son conscientes de las implicaciones que tienen, si bien desconocen las grandes dificultades que van a tener para poder cumplir su parte del pacto. Según un estudio realizado en los Países Bajos, las mujeres no observan estos rituales como intimidantes o coercitivos per se. Estos sentimientos aparecen posteriormente, cuando las cosas comienzan a ir mal en Europa y quieren salir de las redes de prostitución, siendo además a partir de este momento cuando las mujeres comienzan a hablar del vudú como una amenaza[13].

Es decir, las víctimas comienzan a sentirse intimidadas cuando se dan cuenta de que están atrapadas en su propia promesa. Como afirma un psicólogo que ha trabajado durante largo tiempo con víctimas nigerianas de trata[14], “los signos de vudú es sólo una sanción posterior porque las negociaciones se realizan al principio. Nosotros, con nuestra mentalidad occidental, nos hemos detenido en el signo concreto, el vudú, pero el pacto es preexistente.”

Traspasar, por tanto, nuestras fronteras culturales y aproximarnos a la creencia vudún y los rituales y prácticas a ella vinculados es el primer paso para luchar contra este tipo de explotación y mejorar el trabajo con las víctimas. Pero ha de ser un conocimiento real, basado en estudios y la propia experiencia de las víctimas, sin que, como afirma Van Dijk, seamos los no seguidores de esta creencia los que produzcamos las respuestas a las preguntas que nos cuestionamos en torno a la misma[15]. Así ocurrió en Países Bajos, donde la policía empezó a valorar todo signo, objeto o actitud como un elemento del vudú (marcas en la piel, pastillas, etc.), sin que realmente tuvieran ninguna vinculación.

Sólo conociendo el verdadero mecanismo de esta creencia se podrá ofrecer respuestas jurídicas y sociales apropiadas. Todo ello sin reducir la problemática de la trata de mujeres de las redes africanas a un mero abuso de una creencia religiosa. La situación de vulnerabilidad de las víctimas, la violencia que se ejerce contra ellas o la incautación de documentación son otros factores que han de ser tenidos en cuenta a la hora de trabajar con estas mujeres.


Ana Dols García es jurista especializada en derechos humanos.

Este artículo ha sido publicado en el nº 55 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Primer trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. Centre pour l´égalité des chances et la lutte contre le racisme (2007): Rapport traite des êtres humaines 2006 – Les victimes sous les projecteurs, Bruselas; pág. 109.
  2. Nwogu, Victoria (2008): “Human Trafficking from Nigeria and Voodoo. Any connections?”, en La Strada International Newsletter, nº 9; pág. 8.
  3. UNESCO (2006): “Human Trafficking in Nigeria: root causes and recommendations”, Policy Paper, nº 14.2, Paris;pág. 36.
  4. Uno de los dioses de la religión vudún. Es el dios del hierro y el metal y está conectado, entre otras cosas, con la fortuna en los viajes.
  5. Van Dijk, R. (2001): “Voodoo on the Doorstep: Young Nigerian Prostitutes and Magic Policing in the Netherlands”, en Journal of the International African Institute, Vol.71, nº 4, Edimburgo; pág. 564.
  6. VV.AA. (2003): Tráfico y prostitución: experiencias de mujeres africanas, Colección Likinianoren Altxorra, nº 17, Bilbao; pág. 74.
  7. Prina, F. (2003): Trade and exploitation of minors and young nigerian women for prostitution in Italy, United Nations Interregional Crime and Justice Research Institute, Turín; pág. 39.
  8. Van Dijk, R.; Op. cit.; pág. 560.
  9. Ídem; pág. 572.
  10. Carling, J. (2005): “Trafficking in women from Nigeria to Europe”, en Migration Information Source, julio 2005. Disponible en www.migrationinformation.org.
  11. Lademann-Priemer, G. (2009): “Voodoo- Hintergründe und Strategien des Umgangs”, conferencia en la jornada Bestellt, verraten und verkauft – Bedeutung von Mythos, Religion und Kultur im interkulturell; professionellen Umgang mit afrikanischen Opfern von Menschenhandel; Berlín, 8 mayo 2009; pàg. 1.
  12. Carling, J.; Op. cit.
  13. Van Dijk, R.; Op. cit.; pág. 565.
  14. Prina, F.; Op. cit.; pág. 39.
  15. Van Dijk, R.; Op. cit.; pág. 568.

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