En Segovia (Colombia) hay minas de oro y ríos de sangre

Segovia, uno de los municipios más ricos de todo el país, ubicado en el nordeste antioqueño, se ha vuelto a estremecer ante la violencia generada por los grupos paramilitares. Este municipio, y en general todo el bajo nordeste antioqueño, se ha caracterizado por ser una de las zonas que más oro produce en el país, y esta riqueza ha atraído a personas inescrupulosas que quieren apoderarse de ese recurso y manejarlo a su voluntad. Quienes logran obtener un atisbo de tales ganancias se creen con el poder de colocar precio a la vida de aquellos que de uno u otro modo podrían ser un obstáculo para que éstas lleguen a sus manos.

Así las cosas, según sus pobladores, Rastrojos, Urabeños, y con participación minoritaria Los Gaitanistas, Los Paisas y La Oficina de Envigado, se disputan el territorio en Segovia. Pero más que el territorio, lo que estos grupos paramilitares se están disputando son las ganancias producidas por la extracción de oro. De este modo, dichos grupos pasaron de ser narcotraficantes a ser extorsionistas de la mediana y pequeña minería. En ocasiones, por medio de la expropiación, se convierten en propietarios de las minas, lo que es llamado minería emergente.

La vida de los propietarios de la mediana y pequeña minería, hacendados, campesinos, mineros, propietarios de establecimientos, comerciantes, vendedores y hasta las prostitutas, pasaron a tener precio. “El que no paga se muere”, así de sencillo.

Esto ha producido un reordenamiento en las dinámicas sociales, sobre todo por las restricciones y nuevas medidas de funcionamiento de locales comerciales y establecimientos nocturnos. Los establecimientos abiertos después de las 10:00 de la noche deben pagar el doble del valor de la vacuna que les es habitual. Las mismas restricciones van para la movilidad de las personas. Según los panfletos que hacen circular repetidamente (el más reciente hasta la edición de este artículo fue el del 29 de octubre) los transeúntes no deben estar en la calle después de esa hora, los motociclistas, según órdenes de la policía no deben llevar parrilleros, pues corren el riesgo de perder la vida. Ésta es una de las herramientas implementadas para generar terror en la población.

En lo que ha corrido del año, al menos hasta principios de octubre, en el municipio de Segovia se habían realizado 170 asesinatos, con un incremento del 200% con respecto a los ocurridos el año pasado. Sin embargo, a finales de éste mismo mes, este número superó los 290, casi 120 asesinatos en menos de un mes. No obstante, sus habitantes hablan de un número superior sin registrar, debido a que la gente tiene temor de denunciar el asesinato de sus familiares.

Cultura del silencio

El municipio vive en un constante toque de queda, ejercido por los paramilitares, que, además restringen la entrada a personas externas a Segovia. “Aquí no tienen entrada los fisgones, forastero extraño que se le vea en el pueblo, se va matando y al que lo recibe también”. Así dicen muchos de los panfletos que ruedan en la calle y las amenazas que también llegan vía mensaje de texto.

El cementerio de Segovia posiblemente colapse muy pronto, como ya lo hizo el de Remedios debido a los constantes entierros que había en ese municipio. Al parecer, a los segovianos les toca habituarse a esa “cultura de la muerte”, pero, sobre todo, a esa atroz cultura del silencio. Nadie ayuda a nadie, “no se puede levantar al caído si se quiere seguir vivo, el que le ayude también se muere”.

El asesino no tiene edad, puede ser un joven o un viejo. “En algunas ocasiones, los asesinos son niños de 17 años”, comenta aterrado uno de los pobladores. La interrupción de la vida mal llega en pleno día o en medio de la noche, la muerte no tiene espera. Todos ven, todos saben y todos callan. El silencio es la regla impuesta. Así, la miseria humana se hace tan evidente que la sociedad, cada vez más inerte e indiferente al dolor ajeno, se encierra en un individualismo que no le permite reconocer al otro como igual, y es entonces cuando crece el menosprecio por la vida humana y nadie es capaz de racionalizar la magnitud de los hechos, ni las consecuencias de los mismos.

La situación está tan crítica que algunos de los propietarios de las minas deben dormir en ellas, debido a las constantes amenazas que reciben contra su vida. Y lo que es peor aún, este ejercicio de brutalidad criminal ha acabado con la vida de muchísimas personas inocentes, tal es el caso de los administradores de las fincas, a quienes se les asesina por el hecho de que su patrón no pague la vacuna, o del minero que, por la misma razón, es acribillado cuando se dispone a regresar a casa. Esto lo han tenido que vivir en carne propia los hermanos Serafines; la mano asesina de paramilitares acabó con casi toda la familia.

¿En dónde está la fuerza pública?

Algunos segovianos cuestionan la labor del ejército, la policía y la del mismo alcalde, e incluso en algunos comentarios los vinculan con los distintos grupos paramilitares que hacen presencia en el municipio. Según comentan los pobladores, la fuerza pública dejó de ser pública y pasó a estar en función del capital privado. Es común ver al ejército y a la policía prestando vigilancia a transnacionales como La Gran Colombia Gold o La Zandor, mientras se ha desprotegido a la población civil.

Según uno de los pensionados de lo que fue la Frontino Gold Mines, en Segovia es curioso que una de las minas más grandes allí se llame “El Silencio” y que realmente sea ésta la palabra que actualmente mejor describe a la población segoviana. “La atención del gobierno y del Estado centra su mirada aquí sólo para permitir que nos roben nuestra riqueza y en ese devenir refuerzan la guerra poniendo a disposición más hombres de la fuerza pública, pero eso no soluciona las verdaderas raíces del conflicto porque el conflicto no es un tema distanciado de los problemas sociales que tiene Segovia”.

Aparte de lo anterior, como afirma él, muy poco de lo mucho que se saca de este territorio es reinvertido para el desarrollo del mismo “Segovia debería ser el mejor pueblo, pero es el peor. Su infraestructura es terrible, qué pueblo tan feo, por Dios santo. Aparte de todo, somos uno de los municipios más contaminados, todo porque aquí la minería se trabaja hasta en las salas de la casa, y es que aquí sólo se puede vivir de la minería. O nos mata esa contaminación o nos mata la guerra”. Esta información es confirmada por un médico toxicólogo en una conferencia dada en el marco de la comisión de paz en el oriente antioqueño.


Fuente: Periferia (Colombia). Edición 79 – Noviembre 2012.


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Un pensamiento en “En Segovia (Colombia) hay minas de oro y ríos de sangre”

  1. El oro es el sustrato de la agricultura si lo sustraes del todo qué cultivamos , qué comemos, a importar alimentos! la garantia de las minas de oro por emprestitos exteriores, no permite una independencia alimentaria. mirad a Egipto faraonico otrora fertil hoy impota trigo

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