Entrevista

Montserrat Boix, periodista de TVE y feminista: “El reto es dejar de pensar desde los márgenes, queremos una alternativa global de cambio”

Tras más de veinte años en informativos de Televisión Española (TVE) y más de tres lustros creando medios y conceptos para el movimiento feminista (Mujeres en Red, ciberfeminismo, hacktivismo feminista), Montserrat Boix, especialista en mundo árabe, sigue hoy con interés los debates en América Latina acerca del derecho a la información, el control de los grandes grupos mediáticos y el buen vivir desde la tecnología. Nos recuerda que a la alternativa, punto con el que tropezamos varias veces en esta entrevista, llegaremos si empezamos a pensar desde el centro, si dejamos de interpretarnos en los márgenes.

Se decía ayer...

La vacía opinión

“De los deseos, unos son físicos y necesarios; otros físicos pero no necesarios, los terceros no son ni físicos ni necesarios, sino que se generan de la vacía opinión” (Epicuro[1], 341 a. C. – 270 a.C.) Desolados rostros serios, somnolientos y crispados, observamos nuestras máscaras en un ritual molesto, temor a ser tocado por lo desconocido[2]. La producción sin fin de nuestra civilización capitalista exige el sacrificio diario de ingentes multitudes, sujetos sin sueños ahormados en códigos de barras a los que un día trocaron deseos de vida por cachivaches tecnológicos, diariamente arrojados al Moloch del progreso.

Educar para el mercado

Que la educación es un instrumento de transformación social lo saben mejor los reaccionarios que los revolucionarios. Son aquellos los que más utilizan el sistema educativo para modelar una sociedad a su medida. Lo podemos ver en los últimos pasos dados en España: tanto los recortes presupuestarios como la contrarreforma llamada “Ley Wert” apuntan a un cambio en dos frentes: la construcción de una sociedad más desigual y la preparación de trabajadores a la medida de las necesidades del mercado.

La necedad neoliberal

En política los extremos suelen conducir al cierre de la razón y, en ocasiones, de la sensibilidad humana. Hace unas horas leí un texto de Mario Vargas Llosa ("La partida de la Dama, El País, 21/04/2013)[1] en el cual el laureado escritor hacía una suerte de elogioso obituario a la recién fallecida Dama de Hiero, Margaret Tatcher. Mientras lo ojeaba, vi como la mudez de Vargas Llosa ante los costos y víctimas de las políticas tatcheristas llegaba a alturas siderales. Recordándome que si un socialista degradado puede derivar al estalinismo, desde un liberalismo a ultranza es fácil pasar a posiciones neoconservaduras, difícilmente compaginables con la democracia y la justicia.

El deterioro de la cooperación y su impacto en el aumento de la desigualdad entre mujeres y hombres

El progresivo desmantelamiento de la cooperación al desarrollo al que venimos asistiendo en el Estado desde el comienzo de la crisis tiene visos de consolidar su avance en 2013 y de alcanzar de lleno a gran parte de la cooperación vasca descentralizada (aquella llevada a cabo desde los gobiernos autonómicos, las diputaciones y los ayuntamientos). Hasta ahora parecía que en Euskadi no iba a suceder lo que ha pasado en otros lugares gobernados por el PP como Madrid o Valencia, que han eliminando las partidas de cooperación internacional, pero sin embargo todo parece indicar, que aquí va a suceder lo mismo.

Por la construcción de una Paz participada para Palestina. De abajo hacia arriba.

En los últimos años de ocupación sionista, la población palestina ha ido adoptando nuevas estrategias de resistencia, basadas en la respuesta pacífica de la sociedad civil contra las sistemáticas violaciones de Derechos Humanos y las políticas de hechos consumados que comete el Estado israelí. Hoy, esta resistencia civil no-violenta, que se está convirtiendo en el mayor exponente del pueblo palestino, usa diferentes instrumentos que ayudan a fortalecer la articulación de una sociedad civil organizada y aún más movilizada. No busca sólo el apoyo internacional de los gobiernos y de los organismos intergubernamentales, sino que también persigue y recurre al sustento que proporcionan las redes transnacionales y los grupos de activistas[1].